El teísmo clásico sostiene que Dios es simple, inmutable e impasible. Esto implica que Dios no está de ninguna manera en potencia a nada, y por tanto, no recibe de nosotros ninguna perfección. O cómo se dice en el lenguaje más técnico, Dios no tiene una "relación real" con la creación. Esto a algunos, particularmente en épocas recientes, les ha molestado. ¿Cómo puedo reconciliar está noción de un Dios que no tiene una relación real con su creación con lo que me dicen las Escrituras sobre Dios que quiere entrar en una relación de amor con sus criaturas racionales? Esta es una tensión que ha estado presente desde hace mucho tiempo y no es de ninguna manera nueva. San Agustín, Santo Tomás y los demás grandes teólogos de la tradición estaban bastante conscientes de esto, y buscaron dar distintas soluciones. Aquí buscamos proponer una solución basada en el trabajo que Norris Clarke ha hecho dentro de su proyecto de metafísica tomista.