Los planes estratégicos, no sirven si se quedan a 20 mil pies de altura. Tampoco se trata de fragmentarlos en objetivos para todas las áreas y puestos, esperando que cada uno haga lo que tenga que hacer para alcanzarlos. Las prioridades estratégicas deben convertirse en iniciativas, proyectos, directrices y acciones concretas para los colaboradores, pero sin perder la conexión entre sí.