Dentro del Evangelio vemos el caso de la sanación de algunos leprosos que han sido sanados por la fe que tuvieron en su Maestro. Mientras que, dentro de la primera lectura, hemos escuchado la historia de Naamán, un leproso a quien el Señor le hizo una petición y bastó solamente la obediencia de aquel hombre para quedar sano.
Dispongámonos pues a obedecer su Palabra, hermanos, créanme. Veremos maravillas mucho más grandes que ver un paralítico caminar o un leproso sanar, porque Dios puede hacer todo, basta que obedezcamos.