Enseña san Pablo que en la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo para rescatarnos del domino de la ley, para que recibiéramos la condición de hijos que se manifiesta por el don del Espíritu Santo que nos hace reconocer a Dios como nuestro Abbá y confiar en que desde ahora nos cuida y nos dará, en el cielo, la herencia que nos ha prometido.