En Lucas, Jesús nos muestra su actitud de servicio al decir que "el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir". Este versículo resalta la humildad y el sacrificio de Cristo, quien, a pesar de ser el Salvador del mundo, eligió vivir para el bien de los demás. Su ejemplo nos llama a imitarlo, no buscando nuestra propia gloria, sino entregándonos al servicio de los demás con amor y dedicación.
Pablo, al animar a los creyentes a seguir su ejemplo, nos recuerda que aunque él no era perfecto, su vida estaba orientada hacia el servicio a Cristo y a los demás. La perfección no es el objetivo, sino la disposición de vivir con el corazón centrado en servir, tal como Cristo lo hizo. Este llamado nos invita a reflexionar sobre nuestras prioridades y cómo podemos, en nuestra vida cotidiana, reflejar ese mismo espíritu de servicio que Jesús mostró.