¿Qué tendría que sentir Jesús de cada uno de nosotros en este momento? ¿Tendría que dar gracias a Dios Padre por revelar estos misterios a los sencillo y humildes de corazón, como en Lc 10, 21ss o tendría que llorar por nosotros como lloró por Jerusalén, al ver que no lo hemos aceptado en nuestra vida, al ver que no nos queremos convertir, al ver que estamos llenos de miedos, desconfianza, desesperanza, al ver que vivimos como paganos, indiferentes ante las necesidades de los hermanos?