Solo descendiendo a la profundidad del ser humano, a sus verdaderas y eternas preguntas e inquietudes, puede encontrar cada uno, el deseo y la nostalgia de encontrar su auténtica autoestima, la raíz de su dignidad inalienable, la razón de su libertad y la respuesta a esa ansia necesaria de lo más necesario: el sentirse amado incondicionalmente y para siempre y poder amar así. Es decir: ser, sentirse y actuar como hijo e hija de Dios.
Comentario al Evangelio por fray Francisco José
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/25-12-2024/