"El tiempo nos pareció sumamente largo mientras aguardábamos el regreso de Arthur y Quincey. El profesor trataba de distraernos, manteniéndonos ocupados. Yo adivine su intención por las miradas de soslayo que, de cuando en cuando, dirigía a Jonathan. Este se hallaba sumido en una tremenda desesperación. Ayer era un hombre seguro de si mismo, con su rostro juvenil desbordante de energía y vitalidad, y su cabello castaño oscuro. Hoy es un viejo macilento cuyos cabellos casi blancos armoniza con sus ojos hundidos y ardientes y las arrugas de su rostro, grabadas por el dolor".
Episodio 23 de la inmortal obra de Bram Stoker, locutado por actores humanos.