En nuestra vida diaria, esto nos invita a reflexionar sobre las motivaciones detrás de nuestras acciones religiosas. ¿Lo que hago, lo hago para impresionar a otros, o lo hago para agradar a Dios? ¿Busco la aprobación humana o la divina? Este pasaje nos desafía a vivir nuestra fe de manera sencilla y humilde, centrada en Dios, sin buscar recompensas terrenales. Y lo más importante: cuando actuamos de esta manera, el Padre celestial, que ve en lo secreto, nos recompensará de manera perfecta.