ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA

By ACOSCER HORIZONTE UNIVERSALReligion & Spirituality
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ECOS DEL CONOCIMIENTO: AUDIOLIBROS ACOSCERCULTURA episodes

  • Anecdotas y vivencias de diogenes de sinope
    Diógenes nació en la colonia griega de Sinope, situada en la costa sur del Mar Negro, en el 412 a. C. Nada se sabe acerca de su infancia excepto que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos fueron desterrados por haber fabricado moneda falsa. Diógenes se gloriaba de haber sido cómplice de su padre, y este suceso prefiguró, en cierto modo, su vida filosófica. Al parecer, estos hechos han sido corroborados por arqueólogos. Han sido descubiertas en Sinope un gran número de monedas falsificadas (acuñadas con un gran formón) que se han datado en la mitad del siglo IV a. C. y otras monedas de la época que llevan el nombre de Hicesias como el oficial que las acuñó. No están claros los motivos por los que se falsificó la moneda, aunque Sinope estaba siendo disputada entre facciones propersas y progriegos en el siglo IV a. C., y quizá hubiera más intereses políticos que financieros.
    En Atenas
    Diógenes sentado en su tinaja. Jean-Léon Gérôme (1860).
    En su nueva residencia, Atenas, la misión de Diógenes fue la de metafóricamente falsificar/desfigurar la “moneda” de las costumbres. La costumbre, decía, era la falsa moneda de la moralidad. En vez de cuestionarse qué estaba mal realmente, la gente se preocupaba únicamente por lo que convencionalmente estaba mal. Esta distinción entre la naturaleza (physis) y lo convencional (nomos) es un tema principal de la filosofía griega y uno de los temas que trata Platón en La República, en concreto en la leyenda del Anillo de Gyges.
    Se afirma que Diógenes se fue a Atenas con un esclavo llamado Manes, que lo abandonó poco más tarde. Con un humor característico, Diógenes afrontó su mala suerte diciendo: “Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder sin Manes?”. Diógenes será coherente riéndose de la relación de extrema dependencia entre las personas. Encontró un maestro, que no hacía nada para sí mismo, pero rechazó su ayuda. Le llamó la atención el maestro ascético Antístenes, un discípulo de Sócrates, que, según Platón, había presenciado su muerte. Diógenes pronto superó a su maestro tanto en reputación como austeridad en el modo de vivir. Al contrario que los otros ciudadanos de Atenas, vivió evitando los placeres terrenales. Con esta actitud pretendía poner en evidencia lo que él percibía como locura, fingimiento, vanidad, ascenso social, autoengaño y artificiosidad de la conducta humana.
    Diogenes buscando hombres honestos. Cuadro atribuido a J. H. W. Tischbein (ca. 1780).
    Las anécdotas que se cuentan sobre Diógenes ilustran la consistencia lógica de su carácter. Este “Sócrates delirante”, como lo llamaba Platón, caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su manto y tenía por vivienda una tinaja. Cierta vez pensó que le sobraban cosas entre todas sus pertenencias: tenía su bastón, que necesitaba para caminar; tenía su manto, que le cubría y su zurrón, que contenía una escudilla y un cuenco para comer y beber, respectivamente. Un día, en uno de sus paseos por la ciudad, vio cómo un niño comía lentejas en un trozo de pan y cuando al terminar sus lentejas bebió agua con las manos en una fuente y Diógenes pensó: “Este muchacho, dijo, me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas. Si come sus lentejas con un trozo de pan y cuando termina con ellas bebe agua con sus manos, no necesito ni mi escudilla ni mi cuenco" y acto seguido arrojó contra el suelo ambos y siguió caminando. Un día se estaba masturbando en el Ágora, quienes le reprendieron por ello obtuvieron por única respuesta del filósofo una queja tan amarga como escueta: "¡Ojalá frotándome el vientre el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!" Profesaba un desprecio tan grande por la humanidad que en una ocasión dejaron en su tinaja un pequeño candil; él pensó que no lo necesitaba, pues aunque en las noches y cuando hace frío se pasaba bastante mal, él no necesitaba estar despierto iluminándose con el mismo. Diógenes pasó mucho tiempo pensando qué haría con él, por lo que durmió esa noche y al amanecer despertó reflexionando qué hacer con el candil. Apareció en pleno día por las calles de Atenas, con el candil de aceite en la mano, diciendo: “Busco un hombre, busco un hombre honrado que ni con el candil encendido puedo encontrarlo”. La gente lo seguía y él continuaba vociferando lo mismo, sin encontrarlo aun a plena luz del día y con el candil encendido. Diógenes iba apartando a los hombres que se cruzaban en su camino diciendo que solo tropezaba con escombros, pretendía encontrar al menos un hombre honesto sobre la faz de la tierra. En una ocasión, cierto hombre adinerado le convidó a un banquete en su lujosa mansión, haciendo hincapié en que allí estaba prohibido escupir. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse. Cuando Platón le dio la definición de Sócrates del hombre como “bípedo implume”, por lo cual había sido bastante elogiado, Diógenes desplumó un gallo y ante el asombro de los discípulos y del mismo Platón lo soltó en la Academia diciendo: “¡Te he traído un hombre!” y partió entre risas y doblándose sobre sí mismo. Entre la sorpresa y risas de sus discípulos salió Platón al frente respondiendo: "no te preocupes, le agregaremos algo a la definición" y gritó a Diógenes: "El hombre es el bípedo implume con uñas anchas". Acto seguido Diógenes dejó de reír, dándose cuenta de que Platón también sabía responder. Escuchando a una persona (probablemente un discípulo de Zenón de Elea) negar el movimiento, Diógenes se levantó y se puso a caminar. En otra ocasión, un ateniense discurría sobre los meteoros y Diógenes le dijo: ¿hace cuánto tiempo que llegaste tú del cielo?".3? Cuando Diógenes asistía a los baños se encontraba siempre con un citarista al que todo el mundo despreciaba y criticaba, mas Diógenes lo saludaba con respeto, incluso con cierta admiración, a lo que algún curioso lo interrogó sobre el motivo por el que saludaba al citarista con lo mal que tocaba, respondiendo a esto Diógenes: "Porque tal y como es toca y canta, pero no roba a nadie". Así fue pasando día tras día y al citarista despreciado por todos Diógenes siempre saludaba, creando, incluso, la frase "Dios te guarde, gallo" para saludarlo. El citarista siempre le devolvía el saludo. Cierta vez el citarista preguntó a Diógenes el motivo por qué lo llamaba así, a lo que Diógenes le contestó: "Porque eres como los gallos, cuando cantas haces levantar a todo el mundo de tu lado". Sí, es verdad que los atenienses se burlaban de él, pero también es verdad que lo temían y respetaban.
    En Corinto
    Alejandro Magno visita a Diógenes en Corinto, por W. Matthews (1914).
    Según la leyenda, que parece ser creada con Menipo de Gadara, Diógenes, en un viaje a Egina, fue capturado por los piratas y vendido como esclavo.4? Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, y respondió: “Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo”. Fue comprado por un tal Jeníades de Corinto, quien le devolvió la libertad y lo convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en Corinto, donde se dedicó enteramente a predicar las doctrinas de la virtud del autocontrol.
    D
    1 hr 1 min
  • Discurso Gary Yourofsky - Audio Español - COMPLETO - EN DEFENSA DE LOS ANIMALES
    Gary Yourofsky
    Gary Yourofs
    Nacionalidad Estadounidens
    Religión Pueblo judío Ver y modificar los datos en Wikidata
    Información profesional
    Ocupación Conferencista, Activista
    Conocido por Discursos que promueven los derechos de los animales
    Años activo 1996–2017
    Es un activista por los derechos de los animales y conferencista estadounidense.
    Yourofsky fue patrocinado por Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA por sus siglas en inglés) entre los años 2002-2005, y ha dado muchas conferencias públicas promoviendo el veganismo. En 2010, Yourofsky se popularizó rápidamente en todo el mundo (especialmente en Israel2?) tras el lanzamiento de un vídeo en YouTube3? que lo mostraba dando un discurso en el Instituto de Tecnología de Georgia, ya que el vídeo ganó millones de visitas y se ha traducido en decenas de idiomas diferentes. Yourofsky ha sido admirado4? por muchos y criticado por otros por sus supuestos puntos de vista extremos. Ha sido arrestado trece veces entre los años 1997-2001, y pasó setenta y siete días en una prisión de máxima seguridad canadiense en 1999, después de asaltar una granja de pieles en Canadá, salvando y liberando 1 542 visones en 1997.5?6?
    El 30 de marzo de 2017, Yourofsky escribió en su página de Facebook: «Mi tanque está completamente vacío, por lo que ya no estaré en línea ni activo en ninguna otra función además de ayudar a estudiantes con proyectos sobre derechos de los animales y responder correos electrónicos de personas que comienzan sus viajes veganos.»,7? anunciando el final de su vida como activista.
    Índice
    1 Defensa de los derechos de los animales
    1.1 1996–2001: Primeros años como activista
    1.2 2002–2005: Patrocinio de PETA
    1.3 2005–presente: Abandona PETA y continúa con el activismo
    2 Vida personal
    3 Controversias
    4 Referencias
    Defensa de los derechos de los animales
    1996–2001: Primeros años como activista
    En 1996, Yourofsky fundó Animales Merecen la Protección Absoluta Hoy y Mañana (ADAPTT por sus siglas en inglés), una organización vegana opuesta a cualquier uso de animales. En 2001, la organización tenía alrededor de 2 200 miembros.8?
    El 30 de marzo de 1997, Yourofsky, junto con cuatro miembros de Frente de Liberación Animal (ALF), asaltaron una granja de pieles en Blenheim, Ontario, Canadá, y liberaron a 1 542 visones, que iban a ser asesinados por su pelaje.9? Según los informes, el asalto causó daños estimados en C$ 500 000.10? Fue arrestado, juzgado y sentenciado a seis meses en una prisión canadiense de máxima seguridad en 1999.11? Fuera de los seis meses, Yourofsky pasó 77 días en prisión.9? La experiencia le afectó a Yourofsky, quien dijo que «[él] no era más que un animal en el zoológico. No fue agradable», y que ha reforzado «[su] empatía y comprensión de lo que estos animales atraviesan.»10?
    En el otoño de 2000, Yourofsky recibió 10 000 dólares de PETA para financiar la emisión de un comercial contra «la empresa de esclavitud animal conocida como el circo». El comercial fue transmitido 69 veces en un canal de televisión local.8?
    En 2001, Yourofsky comenzó a enfrentar problemas financieros, como una deuda de tarjeta de crédito de 30 000 dólares, que redujo su activismo durante tres meses.8?
    2002–2005: Patrocinio de PETA
    A principios de 2002, Yourofsky renunció como presidente de ADAPTT, debido a problemas financieros. Un día después de enviar su carta de renuncia, recibió una llamada telefónica de Ingrid Newkirk, presidenta de PETA, quien le ofreció un trabajo. Las negociaciones de empleo entre los dos concluyeron el 20 de mayo de 2002, con Yourofsky siendo el conferenciante oficial y nacional de la organización.12?
    En 2002, Yourofsky le dijo a un periodista que apoyaría «inequívocamente» la muerte de investigadores médicos en incendios provocados con relación a la ALF.13?14?
    En 2003, una conferencia de Yourofsky en la Universidad Estatal de East Tennessee fue cancelada como resultado de un altercado. Un miembro de la facultad había colocado una pila de panfletos en apoyo de pruebas con animales en un carrito fuera de la sala de conferencias. Después de que Yourofsky viera los panfletos, se intercambiaron palabras acaloradas. Yourofsky agarró el carro y lo empujó, causando que los panfletos se dispersaran por el piso. La conferencia fue cancelada y Yourofsky salió del edificio.15?
    2005–presente: Abandona PETA y continúa con el activismo
    Yourofsky fue invitado a dar una charla sobre «Veganismo ético» a una clase en la Universidad del Sur de Indiana el 2 de abril de 2007. El manual de la universidad contenía una disposición de que los conferencistas no deberían de abogar por la violación de ninguna ley federal o estatal, y un profesor de la universidad presentó material del sitio web de Yourofsky que descubrió que estaba infringiendo esa política al rector de la universidad, lo que resultó la cancelación de la conferencia de Yourofsky.16?17? Después de las objeciones de los defensores de la libertad de expresión en la escuela, la política fue revisada y Yourofsky dio su charla.18?
    Parte del conocido discurso de Yourofsky sobre el veganismo fue presentado en la película contra el especismo de 2012, The Superior Human?19?20?21?
    Yourofsky visitó Israel en septiembre de 2012 y fue entrevistado por la televisión israelí Canal 2.22? Las conferencias programadas para Yourofsky en las escuelas públicas fueron canceladas por el Ministerio de Educación israelí.
    El sitio web de Yourofsky afirma que ha hecho 2 388 conferencias a más de 60 000 personas en 178 escuelas.9?
    Vida personal
    Yourofsky nació en una familia judía23?8? en Detroit, Míchigan, Estados Unidos. Creció en Oak Park.8? Yourofsky tiene «un tatuaje gigante de sí mismo, con una máscara y sosteniendo un conejo, cubriendo la mayor parte de su antebrazo derecho.»24?
    En una entrevista de 2013, Yourofsky se describió que era un «alborotador» en la escuela secundaria.25? Su sitio web declara que posee una B.A. en periodismo de la Universidad de Oakland.26?
    Controversias
    En una entrevista de 2005, Yourofsky criticó a la Sociedad Humana de los Estados Unidos, las estrategias utilizadas por PETA, y su presidenta, Ingrid Newkirk. Yourofsky ha deseado que los usuarios de los animales y sus productos, como la leche, la carne, la piel o las pruebas, tengan el mismo destino que los animales.23?27? En justificación de sus creencias, Yourofsky explica que desea que aquellos que realizan actos malvados sufran las consecuencias.27? Yourofsky ha sido criticado por usar términos como «campos de concentración» y «Holocausto» en comparación con la industria cárnica y animal. A Yourofsky se le prohibió ingresar a Canadá y Gran Bretaña como resultado de su activismo, que incluyó la liberación de visones cautivos para ser sacrificados en una granja de pieles en Canadá.23? El 5 de diciembre de 2013, Yourofsky empujó la silla de un periodista y columnista israelí, Erel Segal del sitio web de noticias de Ma'ariv, después de una entrevista entre los dos cuando Yourofsky se dio cuenta de que Segal llevaba una chaqueta de cuero,28? lo que provocó que Segal cayera el piso.29? Yourofsky fue acusado de asalto, pero el juicio fue cancelado ya que Yoursofsky se había ido de Israel, renunciando a su fianza.30? Yourofsky dijo públicamente que había empujado a Segal en defensa propia.
    1 hr 40 min
  • EL SENDERO DEL TAO - OSHO - Audiolibro
    Introducción..... Una parábola taoísta:
    Existe una estatua de Lao Tzu, el fundador del Tao. Un joven lleva años pensando en ir a las montañas y conocer la estatua de Lao Tzu. El joven ama las palabras, la forma en que Lao Tzu ha hablado, el estilo de vida que ha llevado, pero nunca ha visto una estatua suya. No existen templos taoístas, así que hay muy pocas estatuas y todas están en las montañas, al aire libre, talladas en la misma montaña, sin techo, sin templo, sin sacerdote, sin culto.
    Pasan los años, y siempre muchas cosas se interponen. Pero una noche decide finalmente que debe ir, además el lugar no está lejos, sólo queda a cien millas de distancia, pero como él es pobre tendrá que caminar. A media noche –elige la noche porque al estar dormidos la esposa, los hijos y la familia no se le presentará ningún problema- coge una lámpara en sus manos, pues la noche es oscura, y se aleja del pueblo.
    Al salir del pueblo y dirigirse al primer mojón, surge en él un pensamiento: “¡Por Dios, cien millas, y sólo tengo dos pies! Esto me va a matar. Estoy pidiendo lo imposible. Nunca he caminado cien millas, y no hay carretera…”. El camino es estrecho, de montaña, sólo para caminantes y también peligroso, así que piensa: “Vale la pena esperar a que amanezca. Al menos habrá luz y veré mejor; de otro modo me despeñaré en algún punto de este estrecho sendero y desapareceré sin ver la estatua de Lao Tzu; sería el final, simplemente. ¿De qué sirve suicidarse?”.
    Estaba en esas, sentado a las afueras del pueblo, cuando se le acercó un anciano a la salida del sol. Vio al joven sentado y le preguntó:
    -¿Qué estás haciendo aquí?
    El joven se lo explicó.
    El anciano rió. Dijo:
    -¿No has escuchado el viejo refrán? Nadie es capaz de dar dos pasos al mismo tiempo. Sólo puedes dar un paso a la vez: los poderosos, los débiles, los jóvenes, los viejos; no importa. Y el refrán continúa: “solamente paso a paso puede un hombre recorrer diez mil millas”, ¡y este camino sólo tiene cien! No seas estúpido. Además, ¿quién te está diciendo que sigas sin parar? Puedes tomarte tu tiempo. Éste es uno de los valles más hermosos y ésta es una de las más hermosas montañas, y los árboles están llenos de frutos, frutos que a lo mejor ni siquiera has probado. De todas maneras, yo me dirijo allí. Puedes venir conmigo. He hecho este camino miles de veces; además tengo por lo menos cuatro veces tu edad. ¡Levántate!
    El anciano era muy autoritario. Cuando dijo: “¡Levántate!”, el joven simplemente se puso en pie, además;
    -Dame tus cosas. Eres joven, inexperto; cargaré con tus cosas. Tú sólo sígueme y ya descansaremos tanto como quieras.
    Y lo que había dicho el anciano era verdad. En cuanto se adentraron más profundamente en el bosque y las montañas, todo se fue volviendo más y más hermoso. Y las frutas eran silvestres, jugosas. Además, iban descansando: cada vez que el joven deseaba detenerse, el anciano accedía. Le sorprendía que el anciano nunca dijera que era hora de descansar. Pero, cada vez que el joven decía que era hora de descansar, el anciano esta dispuesto a hacerlo: descansaban un día o dos y luego retomaban la ruta.
    De esta forma recorrieron sin problemas las cien millas y llegaron al final del sendero; entonces tuvieron acceso a una de las estatuas más hermosas de uno de los hombres más grandes que ha caminado sobre la tierra. Incluso su estatua tenía algo; no era sólo una pieza de arte. Había sido creada por artistas taoístas para representar el espíritu del Tao.
    El Tao cree en la filosofía del dejarse llevar. Cree que tú no tienes que nadar sino flotar en el río, simplemente debes permitir que el río te lleve a donde va, porque cada río llega finalmente al océano. Así que no te preocupes; llegarás al océano. No hay necesidad de estar tenso.
    En aquel lugar solitario se alzaba la estatua y, precisamente junto a ella había una cascada, pues al Tao se le llama el camino de la corriente de agua. Tal como el agua, sigue y sigue fluyendo sin manuales, sin mapas, sin reglas, sin disciplina… pero de una forma un tanto extraña, muy humildemente, porque siempre está buscando la posición más baja en todas partes. Nunca va cuesta arriba. Siempre va cuesta abajo, pero llega al océano, a su propio origen.
    Toda la atmósfera del lugar era representativa de la idea taoísta del dejarse llevar. El anciano dijo:
    -Ahora empieza el recorrido.
    El joven dijo:
    -¿Qué? Pero si yo creía que después de caminar estas cien millas la ruta había terminado.
    -Así es precisamente como los maestros han estado hablando a la gente –contestó el anciano-. Pero la realidad es ahora: desde este punto, desde esta atmósfera, comienza una ruta de mil y una millas. Y no te voy a engañar, porque después de mil y una millas te encontrarás con otro anciano, posiblemente yo, que te dirá: “Ésta es sólo una parada, continúa”. El mensaje indica continuar.
    El recorrido mismo es la meta.
    Es infinito. Es eterno.
    1. ¿QUIÉN ES VERDADERAMENTE FELIZ?
    Cuando Lieh Tzu estaba comiendo a la vera del camino,
    en la ruta de Wei, vio una calavera centenaria. Cogió una vara y señaló hacia la calavera y, dirigiéndose a su discípulo Pai Feng, dijo: “Sólo ella y yo sabemos que tú
    nunca has nacido y nunca morirás. ¿Crees que es
    ella la desgraciada? ¿Crees que somos nosotros
    los verdaderamente felices?
    Disfruto mucho con Lieh Tzu. Él es una de las expresiones más perfectas de lo inexpresable. La verdad no se puede expresar; esa imposibilidad de expresión es intrínseca a la verdad. Miles y miles de personas han intentado expresarla, sólo unos pocos han conseguido dar apenas un reflejo de la verdad. Lieh Tzu es uno de esos poquísimos; es un ser poco común.
    Antes de entrar en su mundo, se tienen que entender algunas cosas sobre él y su enfoque. Su enfoque es el de un artista –poeta, narrador-, es un maestro narrador. Siempre que alguien ha experimentado la vida, su experiencia ha florecido en parábolas; ésta parece ser la manera más fácil de dar una indicación de aquello que no puede ser dicho. Una parábola es un recurso, un gran recurso. Éste no es simplemente un relato ordinario. Su propósito no es entretenerte. Su propósito es decir algo que no puede ser dicho de otra manera. La vida no puede incluirse en una teoría; es demasiado vasta, es demasiado infinita.
    Una teoría es cerrada por su propia naturaleza. Una teoría tiene que ser cerrada si es una teoría. No puede tener un final abierto, de otra manera carecería de significado. Una parábola tiene un final abierto: dice y aun así deja mucho por decir; solamente señala. Y aquello que no puede ser dicho puede ser indicado. Es un dedo que señala la luna. No te quedes con el dedo –es algo irrelevante- mira la luna. Estas parábolas son bellas de por sí, pero ese no es su propósito… van más allá, son trascendentales. Si diseccionas la propia parábola no llegarás a comprender demasiado.
    Es algo similar al ombligo en el ser humano. Si vas a un cirujano y le preguntas cuál es el propósito del ombligo en el cuerpo, y él disecciona el cuerpo, no encontrará ninguna explicación. El ombligo parece casi inútil. ¿Cuál es el propósito del ombligo? Tuvo uno cuando el niño estaba en el vientre de su madre: su propósito fue relacionar al niño con la madre, conectar al niño con la madre. Pero ahora el niño ya no está en el vientre: puede que la madre haya muerto, que el niño haya envejecido. Entonces, ¿cuál es el propósito del ombligo? Tiene uno trascendental: no tiene un propósito por sí mismo. Tendrás que observar alrededor, por todas partes, para encontrar la indicación, hacia dónde señala. Señala que ese ser humano fue niño una vez, que el niño estuvo una vez en el vientre de la madre, que el niño estuvo conectado con la madre. Se trata de una marca que ha dejado el pasado.
    Así como el ombligo muestra algo del pasado, una parábola muestra algo del futuro. Muestra que hay una posibilidad de crecimiento, de estar conectado con la existencia. Ahora mismo es sólo una posibilidad, no es definitiva. Si sólo diseccionas la parábola, se convierte en una narración ordinaria. Si no la diseccionas y en cambio absorbes simplemente su significado, su poesía, su música, si olvidas la narración y sólo te quedas con el significado, pronto verás que señala hacia un futuro, hacia algo que puede ser pero todavía no es. Es trascendental.
    En Occidente, a excepción de las parábolas de Jesús no existe nada similar a las de Lieh Tzu, Chuang Tzu, el Buda… no existe nada como las parábolas de estas personas; sólo las de Jesús. E incluso las parábolas de Jesús son de una cualidad tal que sin duda debió haberlas traído de Oriente. Están las parábolas de Esopo, pero son también reflexiones del libro de parábolas más importantes de Oriente, el Panchatantra. La parábola es una invención oriental y de tremenda importancia.
    Así que lo primero que debe entenderse de Lieh Tzu es que él no es un teórico, no te dará ninguna teoría. Él simplemente te dará parábolas.
    Una teoría se puede diseccionar; en ello está su significado. No tiene trascendencia, el significado es inmanente. Una parábola no puede ser diseccionada. Disecciónala y morirá. El significado es trascendental; no está en ella. Está en otra parte. Tiene que estar. Tienes que vivir la parábola; entonces captarás su significado. Tiene que convertirse en tu corazón, en tu respiración. Tiene que convertirse en tu ritmo interior.
    De ahí que estas parábolas sean tremendamente artísticas, pero no mero arte. Contienen una gran religiosidad.
    Lieh Tzu tampoco es un teólogo. No habla de Dios. Él expresa a Dios pero no habla de Dios. Todo lo que dice viene de Dios pero no habla de Dios. Todo lo que dice viene de la fuente, pero él no habla de la fuente. Deja que esto te quede muy claro. Hay dos clases de personas; unas hablan de Dios; son los teólogos. Otras transmiten a Dios; son los místicos. Lieh Tzu es un místico. El hombre que habla de Dios no ha conocido a Dios. De ser así, ¿por qué “hablar de”? El “de” muestra su ignorancia. Cuando una persona transmite a Dios, ha experimentado. Entonces Dios no es una teoría a probar o desaprobar, no; entonces Dios es su propia vida, algo que tiene que vivirse.
    Para comprender a un hombre como Lieh Tzu, tendrás que vivir una vida auténtica. Sólo entonces, a través de tu propia experiencia, serás capaz de sentir lo que él quiere expresar con sus parábolas. No se trata de que puedas aprender las teorías y llegues a informarte; la información no ayudará. A menos que sepas, nada va a ayudar. Por tanto, si estas parábolas crean en ti una sed de saber, un gran deseo de saber, un hambre enorme de saber, si estas parábolas te llevan por una ruta desconocida, en un peregrinaje, sólo entonces, sólo al recorrer el camino, te llegarás a familiarizar con él.
    Lieh Tzu, Chuang Tzu y Lao Tzu, los tres maestros taoístas hablan únicamente del camino. Tao significa “el camino”; ellos no hablan en absoluto de la meta. Dicen: la meta ya se cuidará por sí misma; no necesitas preocuparte por la meta. Si conoces el camino conoces la meta, porque la menota no está al final mismo del camino. La meta está a todo lo largo del camino; a cada momento, a cada paso está allí. No se trata de que al finalizar el camino llegas a la meta; a cada momento, donde quiera que estés, estás en la meta si estás en el camino. Estar en el camino es estar en la meta. Por consiguiente, ellos no hablan de la meta, no hablan de Dios, no hablan de moksha, nirvana, iluminación; no, absolutamente no. Muy simple es su mensaje: tienes que encontrar el camino.
    Las cosas se vuelven un poco más complicadas porque ellos dicen que el camino no tiene mapa, el camino no está trazado, el camino no implica que puedas seguir a alguien y encontrarlo. El camino no es como una gran autopista; el camino es como un pájaro que vuela en el firmamento; no deja rastros tras de sí. El pájaro ha volado, pero no quedan rastros; nadie puede seguirlos. Por tanto, el camino es un camino sin sendero. Es un camino, pero es un camino sin sendero. No está hecho de antemano, no está disponible. No puedes simplemente decidir recorrerlo; tendrás que encontrarlo. Y tendrás que encontrarlo a tu manera. El camino de otros no va a servir.
    El Buda lo ha recorrido, Lao Tzu lo ha recorrido, Jesús lo ha recorrido, pero estos caminos no te van a servir de ayuda porque tú no eres Jesús, no eres Lao Tzu, no eres Lieh Tzu. Tú eres tú, un individuo único. Sólo al caminar, sólo al vivir tu vida encontrarás el camino. Esto es algo de gran valor.
    Por eso el taoísmo no es una religión organizada, no puede serlo. Es una religión orgánica, pero no una religión organizada. Tú puedes ser taoísta, si vives una vida de forma auténtica, espontánea, si tienes el coraje de ir hacia lo desconocido a tu manera, individualmente, sin apoyarte en otro, sin seguir a nadie, simplemente yendo hacia la noche oscura sin saber si llegarás a algo o si te perderás. Si tienes el valor, el riesgo está allí; es arriesgado, es osado.
    El cristianismo, el hinduismo, el mahometismo son grandes autopistas. No necesitas arriesgar nada, tú simplemente sigues a la multitud, vas con la masa. Con el Tao tienes que ir solo, tienes que estar solo. El Tao respeta al individuo, no a la sociedad. El Tao respeta al que es único y no a la multitud. El Tao respeta la libertad y no la conformidad. El Tao no tiene tradición. El Tao es una rebelión, y la mayor rebelión posible.
    Por eso llamo al Tao, “el camino sin sendero”. Es un camino pero no como los otros caminos. Tiene en sí una cualidad diferente: la cualidad de la libertad, la cualidad de la anarquía, la cualidad del caos. El Tao dice que si te impones a ti mismo una disciplina serás un esclavo. La disciplina tiene que surgir de tu atención consciente, entonces serás un maestro. Si impones un orden en tu vida, esto será sólo una pretensión. El desorden permanecerá profundamente, en propio fondo de tu ser. El orden estará en la superficie, en el centro habrá desorden. Esto no va a ayudar.
    El orden real surge, no de afuera sino de lo más profundo de tu ser. Permite el desorden, no lo reprimas. Enfréntalo, asume el reto del desorden. Al asumir el reto del desorden y vivirlo –vivirlo peligrosamente- surge un orden en tu ser. Este orden sale del caos, no sale de ningún modelo. Esta gestalt es totalmente diferente: nace dentro de ti y es fresca; no es tradicional, es virgen; no es de segunda mano. El Tao no cree en una religión de segunda mano ni en un dios de segunda mano. Si tomas al Dios de Jesús, te vuelves un cristiano; si tomas al Dios de Krishna, te vuelves un hinduista; si tomas al Dios de Mahoma, te vuelves un mahometano. El Tao dice: sin embargo, mientras no encuentres a tu Dios, no estás en el camino.
    Por tanto, todos estos caminos simplemente te distraen del camino real. Al seguir a otros te extravías. Al seguir cualquier modelo de vida te vuelves un esclavo. Al seguir cualquier modelo te aprisionas a ti mismo. Y Dios, o el Tao, o el dharma, o la verdad, es posible sólo para alguien que sea absolutamente libre, incondicionalmente libre.
    Por supuesto, la libertad es peligrosa porque no da seguridad, no da certeza. Hay gran seguridad cuando estás siguiendo a una multitud: la multitud te protege. Hay mucha seguridad cuando estás siguiendo una multitud porque, en la misma presencia de tanta gente, sientes que no estás sólo y que no puedes perderte. Debido a esta seguridad estás perdido, debido a esta seguridad nunca buscas, nunca exploras y nunca investigas. Y la verdad no se puede encontrar a menos que hayas investigado, a menos que hayas investigado por tu cuenta. Si tomas verdades prestadas te vuelves erudito; pero ser erudito no implica saber.
    El Tao está muy en contra de la erudición. El Tao dice que si eres ignorante, y la ignorancia es tuya, está bien; al menos es tuya y lleva consigo una inocencia. Pero si estás cargado de conocimiento acumulado, escrituras, tradiciones, entonces vives una vida falsa, una pseudovida. Entonces no estás viviendo realmente, sólo tienes la pretensión de que estás viviendo. Haces gestos impotentes, gestos vacíos. Tu vida no tiene la intensidad, la pasión; no puede tener la pasión. La pasión sólo surge cuando vas por tu cuenta, solitario, hacia el vasto firmamento de la existencia.
    ¿Por qué no puedes moverte tú sólo? Porque no confías en la vida. Tú sigues a los mahometanos, sigues a los hinduistas, sigues a los judíos porque no confías en la vida, confías en las multitudes. Para moverse en solitario uno necesita confiar enormemente en la vida… en los árboles, en los ríos, en el firmamento, en lo eterno de todo esto: uno confía en ello. Tú confías en las concepciones creadas por el ser humano; tú confías en los sistemas creados por el ser humano; tú confías en las ideologías creadas por el ser humano. ¿Cómo pueden ser verdaderas las ideologías creadas por el ser humano?
    El ser humano ha creado estas ideologías sólo para ocultar el hecho de que no sabe, para ocultar el hecho de que es ignorante. El ser humano es astuto, ingenioso, y puede crear racionalizaciones, pero estas racionalizaciones son falsas; no puedes avanzar con ellas hacia la verdad. Tendrás que dejarlas. El Tao dice que la ignorancia no es el obstáculo frente a la verdad. La erudición es el obstáculo.
    Déjame contarte unas cuantas anécdotas.
    En la gran obra de Samuel Beckett, Esperando a Godoy, se produce este pequeño incidente; reflexiona sobre él.
    Dos vagabundos, Vladimir y Estragón están en el escenario. Están allí para esperar, tal como todo el mundo está esperando, nadie sabe exactamente qué. Todo el mundo está esperando con la ilusión de que algo va a suceder. Hoy no ha sucedido, mañana va a suceder. Así es la mente humana: el día de hoy se desperdicia, pero la mente humana tiene la esperanza de que mañana algo va a suceder. Y estos dos vagabundos están sentados debajo de un árbol, esperando… esperando a Godoy.
    Nadie sabe exactamente quién es este Godoy. La palabra se asemeja a Dios,* pero es sólo una semejanza y, en realidad, los dioses que estás esperando son todos Godots. Tú los has creado porque uno tiene que esperar a alguien, de otra manera ¿cómo podrías tolerar la existencia? ¿Para qué? ¿Cómo vas a posponer el vivir? ¿Cómo vas a tener esperanza? La vida se hará intolerable, imposible, si no hay nada que esperar. Alguien espera dinero, alguien espera poder, alguien espera la iluminación
    *God en inglés. (N. de T.).
    y alguien espera alguna otra cosa, pero todo el mundo está esperando, y la gente que espera es la gente que no acierta.
    Estos dos vagabundos están allí sólo para esperar. Esperan la llegada de un hombre, Godot, quien se supone les proveerá de abrigo y sustento. Mientras tanto intentan pasar el tiempo con pequeñas conversaciones, chistes, juegos y discusiones sin importancia…
    Así es tu vida: uno se entretiene mientras tanto con las pequeñas cosas. Lo grandioso va a pasar mañana. Godoy llegará mañana. Hoy uno discute: la esposa con el marido, el marido con la esposa; asuntos menores: “pequeñas conversaciones, chistes, juegos… tedio y vacío”. Eso es lo que todo el mundo siente: tedio, vacío… “nada que hacer” es el refrán que resuena una y otra vez… Ellos dicen una y otra vez: “no hay nada que hacer”; y luego se consuelan: “Pero mañana él va a venir”. En realidad, él nunca les ha prometido nada, ellos nunca lo han conocido: es una invención. Uno tiene que inventar. Ante la desdicha uno tiene que inventar el mañana y aferrarse a algo. Tus dioses, tus cielos, tus paraísos, tus mokshas: todo es invención. El Tao no habla de ello.
    Esta representación de Samuel Beckett, Esperando a Godoy, es esencialmente taoísta.
    En medio del primer acto, dos desconocidos, Pozzo y Lucky, irrumpen en el escenario. Pozzo parece ser un hombre de recursos; Lucky, el sirviente, está siendo conducido a un mercado de las cercanías para ser vendido. Pozzo describe a los vagabundos las virtudes de Lucky, la más destacada de todas, que puede pensar. Para enseñárselo a ellos, hace sonar su látigo y ordena: “¡Piensa!”, y sigue a continuación un largo e “histérico monólogo incoherente en el que se mezclan confusamente fragmentos de teología, ciencia, deportes y conocimientos varios, hasta que los otros tres saltan sobre él y lo hacen callar”.
    ¿En qué consiste tu pensamiento? Qué quieres decir cuando declaras, “¿Estoy pensando?”. ¿Es un “histérico monólogo incoherente en que se mezclan confusamente fragmentos de teología, ciencia, deportes y conocimientos varios…” hasta que llega la muerte y te silencia? ¿En qué consiste todo tu pensamiento? ¿En qué puedes pensar? ¿Qué hay que pensar? ¿Cómo puede uno llegar a la verdad a través del pensamiento? El pensamiento no puede proporcionar la verdad. La verdad es una experiencia y la experiencia, acontece sólo cuando cesa el pensamiento.
    Por tanto, el Tao dice que la teología no va a ayudar, que la filosofía no va a ayudar, que la lógica no va a ayudar, que la razón no va a ayudar. Puedes continuar pensando y pensando y ello no será más que invención, una pura invención de la mente humana para ocultar su propia estupidez. Y así puedes seguir y seguir, un sueño puede dar lugar a otro, y ese otro sueño puede llevarte a otro… sueños dentro de sueños dentro de sueños; así es toda filosofía, toda teología.
    Sueños dentro de sueños, dentro de sueños… Así prosigue la mente. Una vez empiezas a soñar, aquello no tiene final, y lo que llamas pensar es mejor llamarlo soñar. Eso no es pensar.
    Recuerda, la verdad no requiere del pensamiento; requiere experiencia. Cuando ves el sol y la luz no piensas en ellos, lo ves. Cuando te encuentras una rosa no piensas en ella, la ves. Cuando la fragancia llega a tu nariz, la hueles; no piensas en ello. Cuando estás cerca de la realidad no es necesario pensar. Entonces la realidad es suficiente, entonces la experiencia es suficiente. Cuando estás lejos de la realidad, piensas: reemplazas la realidad por el pensar. Una persona que ha comido bien no va a soñar por la noche que ha sido invitada a un festín. Una persona que ha pasado hambre durante el día seguramente soñará esa noche, que ha sido invitada a un festín. Una persona que está sexualmente insatisfecha soñará con objetos sexuales. Así es toda la psicología freudiana: sueñas con cosas que te hacen falta en la vida; sueñas para compensar. Todo el enfoque taoísta también es así. Lo que dice Freud respecto al sueño, respecto al pensamiento, lo menciona el enfoque taoísta sobre el pensamiento como tal. Y el sueño es sólo una parte del pensamiento; nada más.
    El pensamiento es un sueño con palabras; el sueño es un pensamiento con imágenes. Esa es la única diferencia. El sueño es una forma primitiva del pensamiento, y el pensamiento es una forma más evolucionada del sueño, más civilizada, más culta, más intelectual, pero es lo mismo, sólo que las imágenes han sido reemplazadas por palabras y, en cierta forma, debido a que las imágenes han sido reemplazadas por palabras, se ha alejado aún más de la realidad, porque la realidad está más cerca de las imágenes que de las palabras.
    Lieh Tzu no es un pensador. Permite que esto se grabe en ti profundamente; eso te ayudará a entender sus parábolas. Lieh Tzu es un poeta, no un pensador, y cuando digo “poeta” me refiero a alguien que cree en experimentar, no en especulaciones.
    El poeta está en la búsqueda. Su búsqueda se dirige a la belleza, pero la belleza no es más que la verdad vislumbrada. La verdad, cuando la vislumbras sólo por un momento, aparece como belleza. Cuando la verdad se realiza completamente, entonces llegas a saber que la belleza era sólo una función de la verdad. Dondequiera que existe la verdad existe la belleza: esa es una sombra de la verdad. Cuando la verdad es vista a través de velos, es belleza; cuando la belleza está desnuda, es verdad.
    Por tanto, la diferencia entre el poeta y el místico no es muy grande. El poeta se está acercando; el místico ha llegado. Para el poeta sólo hay vislumbres de la verdad; para el místico la verdad se ha convertido en su propia vida. El poeta sólo es transportado algunas veces al mundo de la verdad y luego vuelve a caer. Para el místico la verdad se ha convertido en su morada: él vive en la verdad.
    Los poetas están muy cerca de lo religioso. Los pensadores, los filósofos, los razonadores, los teólogos, los científicos están muy lejos: la totalidad de su enfoque es verbal. El enfoque poético es existencia y el enfoque del místico es existencial por excelencia: es absolutamente existencial.
    Tao quiere decir “existir en el camino”, y existir de tal forma que el camino y tú no sean dos cosas. Esta existencia es una; no estamos separados de ella. La separación, la idea de separación es muy ilusoria. Estamos unidos entre todos; somos una totalidad. No somos islas, somos un continente. Tú estás en mí, yo estoy en ti. Los árboles están en ti, tú estás en los árboles. Es un todo interconectado.
    Basho ha dicho que es como si se tratase de una vasta telaraña. ¿Lo has probado? Toca la telaraña en cualquier punto y toda la telaraña empezará a sacudirse, a temblar: el todo vibra. Toca la hoja de un árbol y habrás hecho vibrar con ella a todas las estrellas. Es posible que no lo puedas ver ahora mismo, pero las cosas están tan profundamente relacionadas que es imposible no tocar las estrellas al tocar una hoja, la pequeña hoja de un árbol.
    La totalidad es una; la separación no es posible. La idea misma de separación es el obstáculo. La idea de separación es lo que llamamos ego. Si estás en el ego no estás en el camino, no estás en el Tao. Cuando se abandona el ego estás en el Tao. Tao significa “existencia sin ego”, vivir como parte de este todo infinito y no vivir como una entidad separada.
    Ahora bien, se nos ha enseñado a vivir como entidades separadas, se nos ha enseñado a tener nuestra propia voluntad. Las personas vienen a mí y me preguntan: ¿Qué debemos hacer para desarrollar nuestra fuerza de voluntad?”. El Tao está contra la voluntad, está contra la fuerza de voluntad, porque el Tao está por el todo y no por la parte. Cuando la parte existe dentro del todo, cada cosa es armónica. Cuando la parte empieza a existir por su cuenta, todo se vuelve inarmónico, hay desacuerdo, conflicto, confusión. Si no estás en fusión con el todo, hay confusión. Si la fusión con el todo no se está produciendo, con seguridad habrá confusión. Cada vez que dejas de estar con el todo eres infeliz.
    Permitamos que ésta sea la definición de felicidad: estar con el todo es estar feliz; estar con el todo es estar saludable, estar con el todo es estar en santidad. Estar separado es estar insano, estar separado es estar neurótico, estar separado es perder el estado de gracia.
    La caída del hombre no se produce por haber desobedecido a Dios. La caída se produce por lo que él piensa que es. La caída se produce porque el hombre piensa que él es una entidad separada. Ésta es una tontería: tú no podrías haber existido si tus padres no hubieran estado presentes y los padres de tus padres y los padres de sus padres… hasta llegar a Adán y Eva. Si Adán y Eva no hubieran existido, tú no estarías aquí. Por tanto, tú estás conectado a la totalidad del pasado.
    Además, Adán y Eva son sólo un mito. El pasado no tiene comienzo, no puede tener ningún comienzo; la idea misma de un comienzo es absurda. ¿Cómo pueden empezar las cosas de repente? Ésta es una procesión sin principio de eventos. Tú estás conectado con todo el futuro, porque sin ti el futuro no será el mismo. Puede que no seas nadie, pero dejarás tu marca. Todo el futuro, todo el futuro eterno tendrá una cierta cualidad porque tú has existido. Puede que hayas existido durante setenta años y puede que durante esos setenta años existieras conscientemente sólo durante siete segundos; aun así habrás dejado una marca: el todo no será el mismo. Si no hubieras estado ahí, las cosas habrían sido completamente diferentes. Las cosas serán ahora muy diferentes porque tú has existido. Tú continuarás. Puede que tú no hagas nada en especial, nada enorme y grande, nada más que una vida ordinaria pero, aun así, afectarás a todo el destino de la existencia.
    Pasado, futuro –tú estás conectado-, ésta es la dimensión del tiempo. Y luego, en el espacio tú estás conectado con todo. Esos árboles, el sol, la luna, las estrellas… estás conectado con todo. Si el sol deja de existir o se enfría, como un día tiene que suceder, porque la energía se está disipando cada día… cuando se enfríe el sol, todos nos enfriaremos inmediatamente. Perderemos vida, porque la vida necesita calor; por tanto, el sol te está dando vida continuamente. Y recuerda, en la vida no hay un proceso en una sola dirección; no puede ser. Existe el dar y el recibir: todas las vías van en dos direcciones. Si el sol te está dando vida, tú debes estar dándole vida al sol de una u otra forma.
    George Gurdjieff le daba este sentido cuando solía decir a sus discípulos que la luna se alimenta del ser humano. Existe la posibilidad. Tú te alimentas de los animales, tú te alimentas de los árboles, cada cosa es alimento de algo. ¿Por qué tendría que ser el hombre una excepción? Gurdjieff tiene algo de razón en ello. Cada cosa es alimento de otra, entonces ¿por qué tendría que ser el hombre la única excepción, al no ser alimento de nadie? ¿Es él quien se come toda la existencia y no sirve de alimento para nadie? Eso no es posible; las cosas están enlazadas. Por eso Gurdjieff inventó la hermosa teoría de que el ser humano sirve de alimento para la luna; la luna se alimenta del hombre, de la consciencia del hombre.
    Algo de verdad hay en ello, porque la luna llena enloquece a las personas. Por eso a los locos se les llama lunáticos, chiflados. Un lunático está chiflado. El océano se agita. Existe la posibilidad de que el ser humano también se agite en la noche de luna llena, porque el noventa por ciento del ser humano es océano y nada más. Un noventa por ciento de ti es simplemente océano; tú estás hecho de océano. El noventa por ciento es agua, y esta agua tiene las mismas sales que el océano, exactamente en la misma proporción. Por tanto, cuando se alborota el océano, algo debe estar sucediendo también en tu cuerpo.
    Dentro de ti, un noventa por ciento es océano; algo debe estar alborotándose. Los poetas dicen que escriben hermosas poesías en la noche de luna llena; los animales dicen que algo se vuelve tremendamente romántico en esas noches. Además, es un hecho bien establecido en la actualidad, que más gente se vuelve loca en las noches de luna llena que en cualquier otra noche. Son pocos los que enloquecen en las noches sin luna, mientras que hay un gran número de personas que se vuelven locas cuando hay luna llena.
    Tal vez Gurdjieff tiene algo de razón cuando dice que la luna se alimenta de tu consciencia. Puede que sea ficción, pero incluso ciertas ficciones contienen alguna parte de verdad, y cuando un hombre como Gurdjieff crea una ficción, tiene que haber algo de verdad en ella.
    El todo está conectado. Estamos comiendo, estamos siendo comidos: por un lado tomamos, por el otro lado damos. Tú te comes una manzana; un día el manzano se alimentará de tu cuerpo, tu cuerpo se volverá un fertilizante. Cuando re estás comiendo la manzana nunca se te ocurre pensar que, a lo mejor, tu padre o tu abuelo pueden estar en la manzana, y que posiblemente te estás comiendo a tu abuela o a tu abuelo y que, algún día, tus hijos te comerán a ti.
    Todas las cosas están conectadas. Esta conexión se expresa en la palabra Tao: la conexión, la interconexión, la interdependencia de todo. Nadie está separado, de ahí que el ego sea absurdo. Sólo el todo puede decir “Yo”; las partes no deberían decir “yo”. Si ellas lo tienen que decir, lo deberían decir como un formalismo lingüístico, pero no tendrían que apropiarse el “yo”.
    Cuando existes separado de la existencia, existes en la desdicha, porque llegas a desconectarte y nadie más es responsable de ello; lo eres tú. Cuando estés feliz, observa lo que pasa. Cuando estás feliz no tienes ego. En esos momentos de felicidad, de gozo, de gracia, el ego desaparece súbitamente; tú te estás fundiendo más en el todo; los límites son menos claros, los límites están más difusos. Cuando los límites quedan completamente difusos, como si el río hubiera desaparecido en el océano, cuando todos los límites quedan difusos y eres uno vibrando con el todo, hay felicidad.
    Se dice que en algún lugar, en algún tiempo, vivió un rey. El rey tenía todo lo que se puede desear: riqueza, poder, incluso salud. Tenía una esposa e hijos a los que amaba, pero no tenía felicidad. Triste y sombrío se sentaba en su trono…
    Es algo natural. Cuanto más tengas lo de este mundo, tendrás menos felicidad, porque cuanto más tienes lo de este mundo, más fuerte se vuelve tu ego, más se refuerza tu ego, más se cristaliza; de ahí la infelicidad. Por eso nunca se ha oído de reyes que hayan sido felices, o muy raramente. No es sólo una coincidencia que el Buda y Mahavira hayan dejado sus reinos para convertirse en mendigos, y al convertirse en mendigos declarasen: “Ahora nos hemos convertido en emperadores”, debido a que llegaron a ser felices.
    Un sannyasin es una persona que ha aprendido el camino del Tao y dice: “He dejado de ser “yo”. Sólo la totalidad es”. Éste es el sentido de lo que Jesús dice una y otra vez: “Benditos sean los pobres de espíritu; para ellos es el reino de Dios”. “Pobre de espíritu” es una referencia a la persona que no tiene ego, que es tan pobre que ni siquiera tiene la idea de “yo”, pero que es, por otro lado, la persona más rica. Por eso dice Jesús: “Aquellos que son los últimos aquí serán los primeros en el reino de Dios”. Los más pobres se convertirán en los más ricos. Recuerda que “pobre” no expresa un concepto financiero; “pobre” quiere decir que una persona no es nadie. Al llegar a ser nadie te conviertes en parte del todo.
    El rey debe haber sido muy infeliz. “Debo conseguir la felicidad”, se dijo el rey. El médico real fue convocado.
    -Quiero felicidad. Hazme feliz y te haré rico. Si no me haces feliz, te cortaré la cabeza -dijo el rey.
    El médico se sintió perdido. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo hacer feliz a alguien? Nadie sabe cómo. Nadie ha sido nunca capaz de hacer feliz a otro. Pero el rey estaba loco y podía matar. El médico dijo:
    -Tendré que meditar, señor, y consultar las escrituras. Vendré mañana por la mañana.
    Meditó toda la noche y por la mañana llegó a una conclusión: “Es muy simple”.
    Había consultado sus libros, pero la felicidad no se mencionaba en los libros de medicina. El problema era difícil, pero él inventó algo, prescribió un remedio. Dijo:
    -Su majestad, tiene que encontrar la camisa de un hombre feliz y apropiársela. Entonces obtendrá la felicidad y sabrá en qué consiste.
    Era un remedio simple: encontrar la camisa de un hombre feliz y usarla.
    El rey se alegró mucho al escuchar esto. Dijo:
    -¿Así de simple?
    Entonces le dijo a su primer ministro:
    -Ve y encuentra un hombre feliz y tráeme su camisa tan pronto como sea posible.
    El ministro se fue. Fue a ver al hombre más rico y le pidió su camina, pero él le dijo: “Puede usted llevarse todas las camisas que quiera, pero yo mismo soy infeliz, así que enviaré también a mis sirvientes a buscar un hombre feliz y su camisa. Gracias por su remedio”.
    Fue luego a visitar a muchas personas, pero ninguna de ellas era feliz. No obstante, se mostraron dispuestos a ayudar a su rey: “Podemos dar nuestras vidas para que el llegue a ser feliz. ¿Qué decir de las caminas? Podemos dar nuestras vidas pero no somos felices; nuestras caminas no servirán”.
    El ministro se sintió entonces muy desgraciado. ¿Qué hacer? Ahora sería él el culpable; el médico había salido airoso, pero le había dejado con el problema y estaba muy preocupado. Entonces alguien dijo:
    -No se preocupe tanto. Conozco a un hombre feliz. Usted debe haberlo escuchado alguna vez, en alguna parte; él toca su flauta por la noche, a la orilla del río. Seguramente le ha escuchado alguna vez.
    Él dijo:
    -Sí, algunas veces en medio de la noche me he quedado encantado. ¡Qué bellas notas! ¿Quién es ese hombre? ¿Dónde está?
    -Esta noche iremos a buscarlo. Él viene sin falta cada noche.
    Efectivamente, esa noche fueron a la orilla del río y encontraron al hombre tocando con su flauta algo tremendamente hermoso. Las notas tenían tanta gracia que alegraron al ministro, que exclamó:
    -¡Ya he encontrado al hombre!
    Cuando llegaron allí, el hombre dejó de tocar.
    -¿Qué quieren ustedes?
    -¿Es usted feliz? –inquirió el ministro.
    -Soy feliz, soy felicidad. ¿Qué quiere usted?
    El ministro danzaba de contento.
    -Sólo quiero que me de su camisa.
    El hombre permaneció en silencio.
    -¿Por qué se queda callado? –preguntó el ministro- ¡Entrégueme su camisa! El rey la necesita.
    -Esto es imposible –dijo el hombre-, porque no tengo camisa alguna. Usted no puede verlo porque está oscuro, pero estoy sentado aquí, desnudo. Podría haber dado mi camisa, puedo dar mi vida, pero no tengo camisa alguna.
    -Entonces, ¿por qué está tan feliz? –preguntó el ministro-. ¿Cómo puede estar tan feliz?
    -El día que lo perdí todo, la camisa también, alcancé la felicidad… El día que lo perdí todo. En realidad no tengo nada, ni siquiera me tengo a mí mismo. Yo no estoy tocando esta flauta; el todo está tocando a través de mí. Soy una nada, una ausencia, un don nadie…
    Éste es el significado de “pobre de espíritu”: uno que no posee nada, que no tiene nada, que no sabe nada, que es un don nadie. El Tao dice: cuando seas una nada llegarás a serlo todo. Afirma que eres y serás desgraciado.
    Este Tao, este disolverse con el todo, este desaparecer en el cosmos, no se puede enseñar. Puedes aprenderlo, pero no se puede enseñar. Por eso Lieh Tzu y otros maestros taoístas no predican nada, no tienen nada que predicar. Ellos hablan con parábolas. Tú puedes escuchar el relato, y si lo escuchas realmente, algo se abrirá en ti como si fuera una explosión. Por tanto, todo depende de tu forma de escuchar.
    El propio Lieh Tzu estuvo en silencio, sin hacer nada, aprendiendo a estar en silencio, aprendiendo a ser pasivo, a ser receptivo, aprendiendo a ser femenino; así es como se convierte uno en un discípulo. Déjame decírtelo: no hay maestros sólo hay discípulos, porque esto es algo que no se puede enseñar. Entonces, ¿por qué se dice que hay maestros? El Buda no te puede enseñar. Lieh Tzu no te puede enseñar; entonces, ¿por qué se les llama maestros? Por el contrario, si hay un discípulo, él aprende.
    Por tanto, un maestro no es alguien que te enseña; un maestro es alguien en cuya presencia tú puedes aprender. Permite que se conozca la diferencia: un maestro no es alguien que te enseña, porque no hay nada que enseñar. Un maestro es alguien en cuya presencia es posible aprender.
    Un buscador acudió a Jalaluddin Rumi, el místico sufí y le dijo:
    -¿Me enseñarás? ¿Me enseñarás, maestro?
    Jalaluddin le observó y contestó:
    -¿Me dejarás enseñar?
    -¿Por qué no habría de dejarte enseñar? –respondió el hombre-. He venido a aprender.
    -Porque esto es lo más importante; ¿me dejarás enseñar? –dijo Jalaluddin-. De otra manera no puedo enseñar, porque, en realidad, no es posible enseñar, sólo es posible aprender. Si lo permites, entonces el aprendizaje florecerá.
    Lieh Tzu estuvo con su maestro durante muchos años, sentado en silencio, sin hacer nada, volviéndose más y más pasivo. Llegó el día en que se volvió absolutamente silencioso; no había un vestigio de pensamiento en su ser, ni una ola. Su energía estaba completamente presente, era un embalse, un lago plácido sin olas, sin un soplo del viento; entonces lo entendió.
    Es algo que se produce en sólo un momento. La verdad no es un proceso, es un acontecimiento. No es gradual, no necesita tiempo para producirse. El tiempo, cuando es necesario, es un tiempo necesario para ti, porque ahora mismo no puedes estar en silencio. Si puedes estar en silencio, cabe la posibilidad de que se produzca ahora mismo. Siempre se produce en silencio.
    ¿Qué se produce en silencio? Cuando estás en silencio no eres, los límites se disuelven, eres uno con la totalidad.
    Permíteme contarte un cuento taoísta.
    -Maestro, lo he conseguido –dijo un discípulo de Lao Tzu.
    -Si dices que lo has conseguido –contestó Lao Tzu- entonces, es seguro que no lo has conseguido.
    El discípulo esperó durante meses. Entonces, u día dijo:
    -Estabas en lo cierto, maestro. Ahora, eso se ha conseguido.
    Primero había dicho “lo he conseguido” y el maestro lo denegó. Luego, después de unos cuantos meses, un día se abrió algo en él como una explosión, así que manifestó: “eso se ha conseguido”.
    Lao Tzu le miró con gran compasión y amor, y le acarició la cabeza. Le dijo entonces:
    -Ahora está bien. Cuéntame pues, qué ha sucedido. Me gustaría escucharlo ahora. ¿Qué ha sucedido?
    -Hasta el día en que dijiste “Si dices que lo has conseguido, entonces es seguro que no lo has conseguido”, estaba esforzándome. Estaba haciendo todo lo que podía. Estaba intentándolo duramente. El día en que dijiste: “si dices que lo has conseguido, entonces no lo has conseguido”, lo entendí. ¿Cómo puedo “yo” conseguirlo, si el “yo” es la barrera? Así que tuve que dejar que sucediera.
    Eso puede ser conseguido y los taoístas incluso lo llaman “eso”. Ellos no dicen “él”; ellos no dicen “ella”; ellos no dicen “Dios padre”. Ellos no le dan un nombre personal; simplemente dicen “eso”. “Eso” es impersonal, es el nombre del todo: “Tao” quiere decir “eso”.
    -El Tao se ha conseguido –dijo-, y llegó sólo cuando yo no estaba allí.
    Lao Tzu dijo:
    -Cuéntale a los otros discípulos en qué situación se produjo aquello.
    -Lo único que puedo decir es que yo no era bueno, no era malo, no era un pecador, no era un santo, no era esto, no era aquello, no era nadie en particular cuando sucedió eso –respondió el discípulo-. Yo estaba simplemente en una actitud pasiva, en una tremenda actitud pasiva; era nada más que una puerta, una apertura. Ni siquiera lo había invitado, porque incluso la invitación habría ido con mi firma. Ni siquiera lo había invitado… En realidad me había olvidado de eso por completo. Estaba sentado, nada más. Ni siquiera estaba buscando, preguntando, averiguando. Yo no estaba allí, y de repente eso me desbordó.
    Así es como sucede. A ti te puede suceder si te vuelves más y más pasivo. El Tao es el camino de lo femenino. Las demás religiones son agresivas, las demás religiones están más orientadas hacia lo masculino. El Tao es más femenino. Y recuerda: la verdad sólo viene cuando te encuentra en un estado femenino de consciencia; nunca de otra forma. Tú no puedes conquistar la verdad. Esto es una tontería; ni siquiera vale la pena pensar en ello, en que puedas conquistar la verdad. ¡La parte conquistando al todo! La parte sólo puede permitir, la parte sólo puede dejarse llevar.
    Este dejase llevar se dará si puedes hacer una cosa: deja de aferrarte al conocimiento, deja de aferrarte a las filosofías, deja de aferrarte a las doctrinas, a los dogmas. Deja de aferrarte a las iglesias y a las religiones organizadas, o de otra forma tendrás falsas concepciones, y estas falsas concepciones no dejarán que la verdad entre en ti.
    Una hermosa parábola:
    Las golondrinas se posaban en fila a lo largo de los aguilones de la granja, parloteando unas con otras con inquietud, hablando de muchas cosas, pero con el pensamiento puesto sólo en el verano y en el sur, pues se acercaba el otoño y el viento del norte estaba a punto de llegar.
    Y de repente, un día desparecieron todas. Todo el mundo habló entonces de las golondrinas y del sur.
    -Creo que me iré al sur el próximo año –dijo una gallina.
    El año se terminó y regresaron las golondrinas. El año se terminó y se posaron otra vez en los aguilones, y en todo el corral se hacían comentarios sobre el viaje de la gallina.
    Y una mañana muy temprano, con el viento del norte, súbitamente las golondrinas se echaron a volar mientras sentían el viento en sus alas y una fuerza les llegaba junto con el misterioso, antiguo conocimiento y una fe más que humana. Se remontaron entonces hacia lo algo y abandonaron el humo de nuestras ciudades.
    -Creo que el viento es el adecuado –dijo la gallina, así que extendió sus alas y salió corriendo del corral. Continuó luego aleteando en dirección a la carretera y siguió un trecho más abajo hasta que llegó a un jardín.
    Al atardecer regresó jadeante. En el corral contó a los pollos y gallinas cómo había ido hacia el sur hasta llegar a la autovía y cómo había visto pasar el tráfico del mundo y llegado luego a campos donde crecen las patatas. Había visto además los rastrojos que dan de vivir a los humanos y, entonces, al final del camino, había encontrado un jardín sembrado de rosas, de bellas rosas, y al jardinero mismo allí presente.
    -¡Qué cosa más interesante –dijeron las aves del corral-, y qué descripción tan hermosa, ¡de verdad!
    Pasó el invierno y los meses amargos se alejaron dando paso a la primavera, y con ella a las golondrinas que llegaron otra vez.
    Las aves de corral no aceptaron entonces que hubiese un mar en el sur.
    -Tendrían que escuchar a nuestra gallina –alegaban.
    La gallina se ha convertido ahora en la que sabe. Sabe qué hay en el sur, pero ni siquiera ha salido del pueblo, sólo ha recorrido una corta distancia camino abajo. El intelecto es una gallina. No puede ir muy lejos. Pero una vez la gallina sabe algo, te pone sobre aviso; se convierte en un obstáculo.
    Abandona tu intelecto, y no perderás nada. Carga con tu intelecto, y lo perderás todo. Abandona tu intelecto, y sólo perderás tu prisión, tu falsedad. Abandona tu intelecto, y tu consciencia se remontará súbitamente hacia lo alto, desplegará sus alas… y podrás ir al mismo sur, a los mares abiertos a los que perteneces. El intelecto es un agobio para el hombre.
    Una última cosa antes de adentrarnos en la parábola: el Tao empieza con la muerte. ¿Por qué? Para empezar, hay algo muy significativo. El Tao dice que si entiendes la muerte lo entenderás todo, porque con la muerte tus límites se desvanecerán. Con la muerte, tú desaparecerás. Con la muerte, el ego será abandonado. Con la muerte, la mente ya no estará presente. Con la muerte todo lo que no es esencial será abandonado, y sólo permanecerá lo esencial.
    Si puedes entender la muerte, serás capaz de entender en qué consiste el Tao, en qué consiste el camino sin sendero, porque la religión también es una forma de morir, el amor es también una forma de morir, la oración es también una forma de morir. La meditación es una muerte voluntaria. La muerte es el fenómeno supremo. Es la culminación de la vida, el crescendo, la cumbre más alta. Tú conoces sólo una cumbre y esa cumbre es la del sexo, la cumbre más baja de los Himalayas. Sí, es una cumbre, pero la más baja; la muerte es la más alta de las cumbres.
    El sexo es nacimiento: es el comienzo de los Himalayas, la cumbre más baja. Lo más elevado no es posible precisamente al comienzo. Poco a poco, las cumbres se hacen más elevadas, y finalmente llegan al máximo. La muerte es lo máximo, el sexo es el comienzo. Entre el sexo y la muerte está toda la historia de la vida.
    La psicología occidental empieza con la comprensión del sexo. La psicología oriental, la psicología de los budas, empieza con la comprensión de la psicología de la muerte. La comprensión del sexo es muy primaria; la comprensión de la muerte es lo supremo.
    Además, al entender la muerte puedes morir conscientemente. Si mueres conscientemente no volverás a nacer; no será necesario. Ya habrás aprendido la lección; no serás devuelto otra vez a la rueda de la vida y de la muerte. Habrás conocido; habrás aprendido. No será necesario que se te envíe otra vez a la escuela: habrás trascendido. Si no captas el significado de la muerte, tendrás que ser devuelto. La vida es un estado de aprendizaje sobre la muerte.
    La parábola:
    “Cuando Lieh Tzu estaba comiendo a la vera del camino, en la ruta a Wei, vio una
    calavera centenaria.
    Cogió una vara y señaló hacia la calavera y, dirigiéndose a su discípulo Pai Feng, dijo:
    “Sólo ella y yo sabemos que tú nunca has nacido
    y nunca morirás.
    ¿Crees que es ella la desgraciada?
    ¿Crees que somos nosotros los verdaderamente felices?”.
    Es una declaración muy enigmática, un código que se debe descodificar: “Sólo ella y yo sabemos –dice Lieh Tzu, señalando hacia la calavera centenaria-, que tú nunca has nacido y nunca morirás.” ¿Por qué dice “sólo ella y yo”? La calavera ha muerto de manera involuntaria, ambos están muertos. Lieh Tzu ha muerto a través de la meditación. Lieh Tzu ha muerto porque ya no tiene ego, porque ya no está separado del todo, porque él ya no está. Ésta es una muerte real, más profunda en verdad que la muerte de la calavera. No hay certeza de que el hombre que ha muerto lo haya sabido. No hay certeza: puede que lo haya sabido, puede que no. Pero hay certeza de que Lieh Tzu lo sabe: su muerte es consciente.
    No obstante, él aprovechó la situación. La parábola aprovecha una situación. Su discípulo Pai Feng estaba sentado a su lado, la calavera yacía allí y él señaló hacia la calavera: “Sólo ella y yo sabemos que tú nunca has nacido y nunca morirás”.
    ¿Quién muere? Y ¿quién es el que nace? El ego es el que nace, y el ego muere. En lo profundo, donde no hay ego, tú nunca has nacido y nunca morirás. Tú eres eterno, eres eternidad, eres el sustrato mismo, el material del que está hecha la existencia; ¿cómo puedes morir? No obstante, el ego nace y el ego muere.
    Tú nunca has nacido y nunca morirás, pero ¿cómo saberlo? Te gustaría esperar a que llegara la muerte? Eso es muy arriesgado, porque si ves toda tu vida inconscientemente, no hay muchas posibilidades de que te puedas volver consciente cuando mueras. No es posible, si toda tu existencia ha sido una continuidad de vivencias inconscientes; morirás en la inconsciencia, no serás capaz de saber. Morirás en estado de coma, no serás capaz de observar y ver qué está pasando. Ni siquiera fuiste capaz de ver la vida, ¿cómo vas a ver la muerte? La muerte es más sutil.
    Si realmente quieres saber, empieza entonces a volverte más alerta, más atento. Vive conscientemente, aprende sobre la consciencia, acumula consciencia. Conviértete en una gran llama de consciencia; entonces, cuando venga la muerte, serás capaz de observarla, serás capaz de verla y sabrás que “El cuerpo está muriendo, el ego está muriendo, pero yo no estoy muriendo porque soy el observador”. Este observador es la esencia misma de la existencia. A este observador se le llama “Dios” en otras religiones y “Tao”, según Lieh Tzu y Chuang Tzu, el conocedor, el elemento que conoce, consciencia, atención, estado de alerta.
    Empieza a vivir una vida consciente. Haz lo que estás haciendo, pero hazlo como si fueras un testigo de ello: obsérvalo, continúa observándolo en silencio. No te pierdas en medio de las cosas; permanece alerta, permanece distante. Empieza con las pequeñas cosas: caminar por la calle, comer, tomar un baño, coger la mano de un amigo, hablar, escuchar; pequeñas cosas, pero permanece, recupéralo otra vez, encuéntralo otra vez. Esto es lo que el Buda llama plena atención, lo que Gurdjieff llama recuerdo de sí. Continúa recordando que eres un testigo. Al comienzo es arduo, duro, porque nuestro sueño es prolongado. Hemos dormido por muchas vidas; nos hemos acostumbrado a dormir, estamos roncando, metafísicamente. Es una cosa difícil, pero si lo intentas, poco a poco un rayo de atención empezará a entrar en tu ser. Es una posibilidad; difícil, pero posible, no es imposible. Y es lo más valioso que hay en la vida.
    “Sólo ella y yo sabemos que tú nunca has nacido y nunca morirás.” Se que tú nunca morirás porque nunca has nacido, pero no lo sabes. Mi conocimiento no te va a ayudar, tienes que saberlo tú. Tienes que convertirte en tu propia comprensión, en una luz para ti mismo.
    “Crees que es ella la desgraciada? ¿Crees que somos nosotros los verdaderamente felices?”. Entonces él le hace una pregunta a su discípulo: “¿Quién es feliz? ¿Los que están vivos o los que están muertos? ¿Quién es realmente feliz?”. Deja la pregunta. Es un koan: el discípulo tiene que meditar sobre la cuestión.
    La parábola no dice nada, termina repentinamente. Ahora el discípulo tiene que ponderarla. Ahora tiene que meditar, tiene que estar consciente de la muerte, de la vida, del amor, de esto y de aquello. También tiene que meditar en la pregunta: ¿Quién es realmente feliz? ¿Eres feliz sólo porque estás vivo? No lo eres; el mundo en su totalidad es muy desgraciado. En consecuencia se puede deducir una cosa, y se puede deducir incondicionalmente: el simple hecho de estar vivo no es suficiente para ser feliz; hace falta algo más para ser feliz, algo “más”. Vida más atención consciente, con la luz de la atención consciente la oscuridad del ego desaparece.
    En consecuencia, cuando la vida tiene un punto adicional de atención consciente, se producen grandes cosas. Primero, el ego desaparece, y junto con el ego desaparece la muerte, porque sólo el ego puede morir, dado que el ego ha nacido. Con la desaparición del ego desaparece el nacimiento y la muerte. Con la desaparición del ego tu separación de la existencia desaparece.
    Éste es el significado de la crucifixión: el ego es crucificado. Cuando Jesús es crucificado nace Cristo; éste es el significado de la resurrección. Por una parte crucifixión, por la otra resurrección.
    Muere si quieres estar realmente vivo. Es muy paradójico, pero tremendamente cierto, absolutamente cierto. Tal como estás, no estás ni vivo ni muerto. Tú estás suspendido en el medio por eso hay infelicidad, tensión, angustia. Estás dividido: no estás ni vivo ni muerto. Permanece, o bien completamente vivo, y sabrás lo que es la vida, o bien completamente muerto, y también sabrás lo que es la vida porque la totalidad abre la puerta del Tao.
    Se total. El hombre que está dormido no puede ser total para nada. Si estás comiendo no eres total; piensas en mil y una cosas, sueñas mil y un sueños, simplemente te llenas mecánicamente. Puedes estar haciendo el amor con tu compañera o compañero y no estar totalmente presente. Puedes, tal vez, estar pensando en otras mujeres, hacerle el amor a tu esposa y estar pensando en alguna otra mujer. O puedes, tal vez, estar pensando en el mercado, en los precios de las cosas que tú quieres comprar, un coche, una casa o mil y una cosas, y hacer el amor mecánicamente.
    Se total en tus actos, y al ser total tendrás que estar alerta; nadie puede ser total sin estar alerta. Ser total implica no pensar en otra cosa. Si estás comiendo, estás comiendo simplemente; estás totalmente aquí y ahora. El comer lo es todo: no te estás llenando únicamente; lo estás disfrutando. El cuerpo, la mente, el alma, están todos en sintonía mientras comes: hay una armonía, un ritmo profundo entre los tres niveles de tu ser. Entonces el comer se vuelve una meditación, el caminar se vuelve una meditación, el cortar leña se vuelve una meditación, el sacar agua del pozo se vuelve una meditación, el cocinar se vuelve una meditación. Las pequeñas cosas se transforman, se convierten en actos luminosos, y cada acto se vuelve tan completo que adquiere la cualidad del Tao.
    Cuando eres total no eres el hacedor. Entonces Dios es el hacedor, o la totalidad es el hacedor; tú sólo eres un vehículo, un pasadizo, y volverse un pasadizo es dicha, es bendición.
    2. UN HOMBRE QUE SABE CÓMO CONSOLARSE
    Mientras Confucio vagaba por el monte T’ai, vio a Jung
    Ch’i Ch’i caminando por el páramo de Ch’ang, con un tosco abrigo de piel y una soga en torno a la cintura, cantando mientras tocaba el laúd.
    -Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría? –preguntó Confucio.
    -Tengo muchas alegrías. Entre las innumerables cosas que engendró el cielo, la humanidad es lo más noble, y tengo la suerte de ser humano. Ésta es mi primera alegría. Hay personas que nacen y no viven un día o un mes, que nunca han abandonado los pañales, pero yo he pasado ya de los
    noventa. Ésta es mi alegría. La pobreza es común a la humanidad, y la muerte es el final. Así pues, siendo parte del común de la humanidad, y a la espera de mi final, ¿qué sentido tiene preocuparse?
    -¡Qué bien! –dijo Confucio-. He aquí un hombre
    que sabe cómo consolarse.
    Esta parábola es hermosa, y no sólo hermosa sino muy sutil. Si la miras sólo superficialmente, no te darás cuenta del significado. Las parábolas taoístas no son superficiales. Son muy profundas; hay que penetrar en ellas, mirarlas y meditar sobre ellas, sólo entonces conocerás su verdadero significado. Superficialmente, parece como si esta parábola estuviera a favor de Confucio; superficialmente, parece como si la parábola estuviera diciendo que Confucio es sabio. En realidad es precisamente lo contrario.
    Hay una oposición enorme, diametral, entre la actitud taoísta y la actitud del confucionismo. Confucio está lo más lejos posible de la visión taoísta. Confucio cree en la ley, Confucio cree en la tradición, cree en la disciplina, Confucio cree en el carácter, en la moralidad, en la sociedad, en la educación. El Tao cree en la espontaneidad, en la individualidad, en la libertad. El Tao es rebelde; Confucio es muy conformista.
    El taoísmo es el inconformismo más profundo que se ha desarrollado en el mundo, en cualquier época de la historia; esencialmente es una rebelión. A tal punto ha sido una rebelión, que los místicos taoístas Lao Tzu, Chuang Tzu y Lieh Tzu no hacen más que ridiculizar la actitud del confucionismo. Ésta es una parábola sobre la ridiculez. Lo entenderás cuando te lo explique. Su ridiculez también es muy sutil, no evidente. Primero comprendamos el sentido superficial.
    “Mientras Confucio vagaba por el monte T’ai, vio a Jung Ch’i Ch’i caminando por el páramo de Chiang, con un tosco abrigo de piel y una soga en torno a la cintura, cantando mientras tocaba el laúd.”
    El canto, la música, la danza, es el lenguaje de la alegría, de la felicidad. Es la expresión de una persona que no es desgraciada. Pero puede que sea sólo en apariencia, puede que sólo sea una proyección, puede que sólo sea cultivada. En lo profundo, la situación puede ser precisamente la contraria. A veces pasa que tú sonríes porque las lágrimas acuden a tus ojos, y si no sonríes empezarán a rodar por las mejillas. A veces tú mantienes una actitud, una pose cultivada, una máscara de felicidad, porque ¿qué sentido tiene mostrarle tu infelicidad al mundo? A eso se debe que la gente parezca tan feliz. Todo el mundo piensa que él es la persona más feliz del más infeliz del mundo, porque conoce su realidad, y sólo las poses de los otros, las poses cultivadas. Por eso el mundo piensa en lo más profundo: “Soy la persona más desgraciada; además ¿por qué lo soy cuando todo el mundo se siente tan feliz?”.
    El canto y la danza son con certeza el lenguaje de la alegría, pero tú puedes aprender el lenguaje sin saber qué es la alegría. La humanidad ha hecho esto: las personas han aprendido a hacer gestos, gestos vacíos.
    Pero Confucio se engaña. Dice: “Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría?”. La máscara ha engañado a Confucio; puede que el hombre esté contento, puede que no lo esté. Se tiene que mirar al hombre directamente; su naturaleza, no su expresión. La expresión puede ser falsa: las personas tienen expresiones aprendidas. Algunas veces… ¿lo has observado? Alguien sonríe; en los labios hay una hermosa sonrisa, pero mira a los ojos, y los ojos dirán justamente lo contrario. Alguien te dice una cosa: “Te amo”. Pero mírale a la cara, a los ojos, a la vibración misma de la persona, y ¡parecerá que te odia! Pero sólo por cortesía te dirá: “Te amo”.
    Confucio miraba sólo la apariencia: esto es lo primero que debe recordarse. Además, se engañó; se engañó hasta tal punto, que llamó al hombre “maestro”. Le dice: “Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría?
    Ahora bien, una vez más, la alegría no tiene motivo, no puede tener un motivo. Si la alegría tuviera un motivo entonces no sería alegría en absoluto: sólo se puede gozar sin motivo, sin causa. Una enfermedad tiene un motivo, pero ¿la salud? La salud es natural. Si le preguntas al doctor: “¿Por qué estoy saludable?”, él no podrá responderte. Si vas al doctor y le dices: “¿Por qué estoy enfermo?”, él te puede responder, porque la enfermedad tiene una causa. Él puede diagnosticar tu caso y encontrar la razón de tu enfermedad; pero nadie ha sido aún capaz de hallar el motivo por el cual una persona es saludable. La salud es natural, la salud es lo adecuado. La enfermedad es lo no adecuado, la enfermedad indica que algo ha estado mal. Cuando todo está bien, uno se siente saludable. Cuando uno está en armonía con el todo, uno se siente saludable. No existe un motivo para ello. No obstante, Confucio preguntó: “Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría?”.
    Lieh Tzu bromea otra vez sobre Confucio; se trata de gente muy sutil. Está diciendo que toda la actitud equivocada del confucionismo se ubica allí, en la misma pregunta. Confucio piensa que la alegría tiene motivos. La alegría no puede tener motivo alguno. La alegría existe, simplemente, sin explicación, es inexplicable. Cuando está, está; cuando no está, no está. Cuando no está, puedes encontrar los motivos por los que no está, pero cuando está no puedes encontrar los motivos por los que está, y si puedes encontrar los motivos por los que está, tu alegría es entonces cultivada, no es real, no es auténtica, no es verdadera. No está fluyendo de lo más profundo de tu ser; tú sólo la estás manejando, la estás manipulando, la estás fingiendo. Cuando la alegría es un gozo fingido, puedes encontrar el motivo. No obstante, cuando la alegría es verdadera, es tan misteriosa, tan primaria, que no puedes encontrar un motivo.
    Si le preguntas a un buda: “¿Por qué estás feliz?”, él se encogerá de hombros. Si le preguntas a Lao Tzu: “¿Por qué estás dichoso?”, te dirá: “No preguntes. En vez de preguntar por qué estoy dichoso, averigua por qué tú no lo estás”.
    Es algo que se parece a un pequeño manantial en la montaña: cuando no hay obstáculos, el manantial fluye; cuando hay rocas en medio, no puede fluir. Al remover las rocas no estás creando un manantial, sólo remueves lo negativo, sólo remueves el obstáculo; el manantial ya existía, pero no podía fluir a causa de las rocas. Cuando quitas las rocas no estás creando el manantial, el manantial ya estaba allí. Al quitar las rocas has quitado lo negativo, el obstáculo; entonces el manantial fluye. En consecuencia, si alguien pregunta: “¿Por qué fluye el manantial?”. Pues porque está allí; por eso es que fluye. Si no está fluyendo entonces hay una causa. Deja que esto penetre en ti profundamente, porque éste también es tu problema.
    Nunca te preguntes por qué eres feliz, nunca preguntes por qué uno es dichoso, de otra manera habrás hecho una pregunta equivocada.
    Confucio está preguntando algo, y al preguntarlo muestra sus presuposiciones; Confucio cree que todo tiene una causa. Si todo tiene una causa, entonces sólo puede existir la ciencia. Entonces no queda posibilidad para lo religioso, porque la ciencia es una investigación sobre la relación causa-efecto, una investigación sobre la causalidad. Así es toda actitud científica: dice que al existir algo, debe tener una causa; puede que la conozcas puede que no, pero la causa tiene que existir. Si no la conocemos hoy, la conoceremos mañana o pasado mañana, pero la causa tendrá que ser conocida, porque debe haber una causa. Ésta es la actitud científica: todo puede ser reducido a una causa.
    ¿Cuál es entonces la actitud religiosa? La actitud religiosa dice que nada puede ser reducido realmente a su causa. Lo que puede ser reducido no es esencial. Lo esencial es, simplemente; existe sin causa alguna: es un misterio. Éste es el significado de misterio: lo que no tiene causa.
    Confucio está haciendo una pregunta de acuerdo a sus presuposiciones, de acuerdo con su filosofía: “Maestro, ¿cuál es el motivo de su alegría?”.
    ¿Por qué lo pregunta? Porque si se conoce el motivo, otros también pueden cultivarlo. Si alguien dice: “Al ponerme de cabeza me vuelvo muy pacífico”, tú también te pones de cabeza y te vuelves pacífico. Alguien dice: “Soy feliz porque he renunciado al mu
    6 hr 58 min
  • La Iluminación, el ideal del desarrollo humano (audiolibro)
    Introducción:
    El ideal mas sublime que puede concebir el ser humano es el de la Iluminación. El medio, por excelencia, para la realización de este ideal es la meditación; entendida esta como todos los métodos que, actuando directamente sobre la mente, desarrollan la conciencia y transforman la vida humana.
    La meditación, como todos los métodos para el desarrollo espiritual, se practica mas satisfactoriamente dentro del ámbito de la comunidad espiritual; es decir, dentro de una asociación de individuos unidos por el compromiso común a un ideal, y relacionándose unos con otros sobre la base de este compromiso.
    El Ideal de la Iluminación, la Meditación y la Comunidad Espiritual son, entonces, tres temas interrelacionados, que se trataran en este libro.
    Capitulo 1 - El Ideal de la Iluminación Humana
    Capitulo 2 - ¿Qué es la Meditación?
    Capitulo 3 - El Significado de la Comunidad Espiritual
    BUDISMO
    buda
    cursos-budismo-principiantes Cursos para princnpiantes
    tres-joyas Clase de las Tres Joyas
    noche-de-mujeres-triratna Clases para
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  • MARIE CURIE - Pasajes de su vida
    Marie Curie
    (1867/11/07 - 1934/07/04)
    Marie Curie
    Física y química francesa
    Conocida por: Investigaciones sobre la radiactividad
    Descubrimientos: Radio, Polonio
    Distinciones: Premio Nobel de Física (1903), Premio Nobel de Química (1911)
    Nombre: Maria Salomea Sklodowska - Marie Sklodowska-Curie
    Nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia (Polonia).
    Fue la última de los cinco hijos de los maestros Bronislawa Boguska, y Wladyslaw Sklodowski, que impartía clases de matemáticas y física.
    Cuando tenía diez años de edad comenzó a asistir a la escuela internado de J. Sikorska; después asistió a una escuela para las niñas, en la que se graduó el 12 de junio 1883 con medalla de oro.
    Sufrió un colapso, posiblemente debido a una depresión, y pasó un año en el campo con parientes de su padre, y el año siguiente con su padre en Varsovia, donde dio clases particulares porque no fue posible inscribirla en una institución de educación superior por ser mujer. Junto a su hermana Bronislawa ingresó en la clandestina Uniwersytet Latajacy, una institución de educación superior que si admitía estudiantes femeninos.
    En 1891 partió hacia París, donde cambió su nombre por Marie. En 1891 se matriculó en el curso de ciencias de la Universidad parisiense de la Sorbona. Pasados dos años, finalizó sus estudios de física con el número uno de su promoción. Compartió su tiempo de estudio con el aprendizaje y la actuación en un teatro de aficionados.
    En 1894 conoció a Pierre Curie. En ese momento, los dos trabajaban en el campo del magnetismo. Con 35 años, Pierre Curie era una brillante esperanza en la física francesa. Se enamoró enseguida de aquella fina y casi austera polaca de 27 años que compartía su fe altruista en la ciencia. Después de que Pierre le propusiera matrimonio y la convenciera para vivir en París, celebran el 26 de julio de 1895 su boda con una sencillez extrema: ni fiesta, ni alianzas, ni vestido blanco. La novia luce ese día un traje azul común y corriente y luego, con su novio, monta en una bicicleta para iniciar la luna de miel por las carreteras de Francia. El matrimonio tuvo dos hijas, una de ellas también ganó un Nobel: Irène Joliot-Curie y su marido, Frédéric, recibieron el Premio Nobel de Química en 1935 por la obtención de nuevos elementos radiactivos.
    Marie Curie estaba interesada en los recientes descubrimientos de los nuevos tipos de radiación. Wilhelm Roentgen había descubierto los rayos X en 1895, y en 1896 Antoine Henri Becquerel descubrió que el uranio emitía radiaciones invisibles similares. Por todo esto comenzó a estudiar las radiaciones del uranio y, utilizando las técnicas piezoeléctricas inventadas por Pierre, midió cuidadosamente las radiaciones en la pechblenda, un mineral que contiene uranio. Cuando vio que las radiaciones del mineral eran más intensas que las del propio uranio, se dio cuenta de que tenía que haber elementos desconocidos, incluso más radiactivos que el uranio. Marie Curie fue la primera en utilizar el término 'radiactivo' para describir los elementos que emiten radiaciones cuando se descomponen sus núcleos.
    Su marido acabó su trabajo sobre el magnetismo para unirse a la investigación de su esposa, y en 1898 el matrimonio anunció el descubrimiento de dos nuevos elementos: el polonio (Marie le dio ese nombre en honor de su país de nacimiento) y el radio. Durante los siguientes cuatro años el matrimonio, trabajando en condiciones muy precarias, trató una tonelada de pechblenda, de la que aislaron una fracción de radio de un gramo.
    En 1903 les concedieron el Premio Nobel de Física por el descubrimiento de los elementos radiactivos, que compartieron con Becquerel. Sin embargo, para ellos, esta gloria es un "desastre"; muy reservados los dos, devorados por la misma pasión por la investigación, sufren al verse apartados de ella y al ver su laboratorio asaltado por gente inoportuna, su modesto pabellón parisino invadido por los periodistas y los fotógrafos. A las frivolidades que les pesan, se añade un correo cada vez más voluminoso, del que se ocupan los domingos. Marie Curie se convirtió en la primera mujer que recibía este premio.
    En 1904 Pierre Curie fue nombrado profesor de física en la Universidad de París, y en 1905 miembro de la Academia Francesa. Estos cargos no eran normalmente ocupados por mujeres, y Marie no tuvo el mismo reconocimiento. Pierre falleció mientras cruzaba la calle Dauphine, atropellado por un carro de caballos el 19 de abril de 1906. A partir de este momento, Marie se ocupó de sus clases y continuó sus propias investigaciones.
    En 1911, Marie protagoniza un escándalo cuando establece una relación con el sabio Paul Langevin, que está casado. Parte de la prensa se lanza contra la "ladrona de maridos", "la extranjera". Este mismo año la otorgaron un segundo Nobel, el de Química, por sus investigaciones sobre el radio y sus compuestos. Fue nombrada directora del Instituto de Radio de París en 1914 y se fundó el Instituto Curie.
    En mayo de 1921, gracias a la periodista estadounidense Mary Meloney, ella y sus hijas se trasladaron a los Estados Unidos, donde, gracias a fondos recaudados entre la comunidad polaca y a algún millonario estadounidense pudieron comprar un gramo de radio para el Instituto del Radio. Además consiguió el dinero extra para equipo de laboratorio.
    Marie Curie sufrió una anemia perniciosa causada por las largas exposiciones a la radiación. Tras quedar ciega, falleció el 4 de julio de 1934 en la Clínica Sancellemoz, cerca de Passy, Alta Saboya, Francia. Fue enterrada junto a su marido en el cementerio de Sceaux, pocos kilómetros al sur de París.
    Premios más destacados
    Premio Nobel de Física — 1903
    Medalla Davy — 1903
    Medalla Matteucci — 1904
    Premio Nobel de Química — 1911
    *buscabiografias.com
    32 min
  • VIDA DE ABRAHAM LINCOLN
    Abraham Lincoln
    (Hodgenville, Estados Unidos, 1809 - Washington, 1865) Abogado y político estadounidense que fue el decimosexto presidente de los Estados Unidos (1861-1865). Siempre evocado como el presidente que abolió la esclavitud, Abraham Lincoln es una de las figuras más admiradas de la historia estadounidense; la honestidad, la fortaleza de espíritu y la profundidad de su pensamiento y de sus convicciones, patente en sus escritos y discursos, sobresalen entre las virtudes de un estadista cuya actuación no estuvo exenta de vacilaciones.
    Abraham Lincoln
    Desgraciadamente, cuando Lincoln asumió la presidencia estaba llegando a su culminación una crisis nacional larvada desde principios de siglo: el enfrentamiento entre las dinámicas y modernas sociedades industriales de los estados del norte, que rechazaban la esclavitud, y la aristocracia de los terratenientes del sur, dueña de inmensas plantaciones que empleaban a millones de esclavos, y que veían en la supresión de la esclavitud el fin de su modo de vida.
    Pese a que Lincoln figuraba entre los más moderados de los abolicionistas, su elección desencadenó la separación de los estados sureños, y ni siquiera su talante conciliador ni el vigor de su elocuencia pudo evitar la cruenta guerra de Secesión (1861-1865), que enfrentó a la recién creada Confederación sudista con la Unión de los estados del norte. Tras dos años militarmente adversos, Lincoln llevó a la Unión a la victoria; abolió la esclavitud, restableció la unidad de la nación y orientó decisivamente el país hacia el capitalismo industrial, sentando las bases que lo convertirían en una gran potencia política y económica.
    Biografía
    Abraham Lincoln nació en el seno de una familia de colonos cuáqueros. Durante su infancia y su juventud, marcadas por la pobreza de su familia, recorrió el Missisippi y vivió de cerca las condiciones infrahumanas que padecían los esclavos negros. Tenía veintitrés años cuando dejó la granja donde trabajaba para combatir como soldado raso en la guerra contra los indios. Mientras tanto, emprendió su formación autodidacta y hacia 1836 logró licenciarse en derecho.
    Dos años antes, su actitud contraria a la esclavitud lo había conducido a intervenir en política, lo que le valió su elección como diputado de Illinois para el período 1834-1842. Merced a su defensa de mejores condiciones de vida para los negros y a sus dotes oratorias, logró una gran popularidad en todo el estado. En 1846 Lincoln alcanzó la jefatura del Partido Whig, y como diputado del Congreso federal apoyó a los abolicionistas de Washington.
    Ese mismo año estalló la guerra contra México (1846-1848); la arrolladora victoria norteamericana supuso la anexión definitiva de Texas y la incorporación a los Estados Unidos de la Alta California, Nuevo México, el norte de Sonora, Coahuila y Tamaulipas, mientras los mexicanos perdían la mitad de su territorio nacional. Lincoln se había opuesto decididamente a la guerra desde el principio; el desenlace favorable de la misma le hizo perder muchos votos, y fracasó en las elecciones senatoriales de 1849.
    Con su hijo Tad
    Decepcionado, se retiró de la política y durante seis años trabajó como procurador. Hacia el final de este retiro, Lincoln seguía siendo un abogado y político provinciano, ciertamente prestigioso en su estado, pero casi desconocido fuera de Illinois. Nada hacia presagiar que, otros siete años después, sería elegido presidente de los Estados Unidos, y mucho menos que su elección fuera el detonante de la secesión de los estados esclavistas del sur y del inicio de una guerra fraticida, pues su ideario abolicionista era realista y moderado. Abraham Lincoln consideraba la esclavitud como un mal social y estaba firmemente convencido de que era necesario impedir su difusión por los estados norteamericanos. Sin embargo, no pretendía imponer la abolición inmediata a los territorios meridionales; era partidario de una acción progresiva y pacífica en favor de la desaparición de la esclavitud.
    Las raíces de una guerra
    Durante la primera mitad del siglo XIX se habían ido configurando en los vastos territorios de los Estados Unidos dos tipos de economías divergentes. La Revolución Industrial había penetrado ya en los estados del norte, comenzando por las industrias textiles y manufactureras, que llegaron a alcanzar un prestigio considerable. Los intereses de los estados del norte pasaban por el mantenimiento de una política aduanera proteccionista para defenderse de la industria europea, más antigua y mejor equipada, que generaba unos productos de calidad superior.
    En los estados sureños gobernaba una clase aristocrática de terratenientes que utilizaba como mano de obra a los esclavos negros en sus inmensas plantaciones. Los intereses del sur eran exactamente los contrarios: defendían el librecambismo. Su economía se basaba casi exclusivamente en el cultivo y comercio del algodón, que la esclavitud permitía producir a bajo coste. Como todo sistema de monocultivo, dependía estrechamente de las condiciones del mercado; la salida de la mayor parte de su producción estaba en el exterior, básicamente en la industria algodonera británica.
    Los fundadores de la nueva nación habían confiado en que la esclavitud, herencia del período colonial, desaparecería con el paso del tiempo y el progreso de los espíritus. Sin embargo, a causa del desarrollo de las inmensas plantaciones de algodón y de la necesidad de mano de obra, siguió creciendo y extendiéndose. Era además imprescindible para la economía de la sociedad sureña tradicional y para el estilo de vida de aquel mundo elegante, culto y refinado, hoy universalmente conocido por aquel bucólico retrato trazado en los primeros compases de la película Lo que el viento se llevó (1939).
    En 1820, por el compromiso de Misuri, se había dividido el país (por la línea del paralelo 36) en estados esclavistas y estados abolicionistas. Pero la adquisición de nuevos territorios, junto a la huida de esclavos hacia el norte, fue debilitando el equilibrio. Treinta años después, en 1850, la incorporación de California como estado no esclavista fue considerada como la anulación del compromiso de Misuri (por hallarse situada, en gran parte, al sur del paralelo 36), suponiendo además el fin de la paridad entre estados esclavistas y abolicionistas en el Senado federal. El posterior ingreso en la federación de Minnesota y Oregón empeoró la situación de los sureños.
    A mediados de siglo, coincidiendo con el retiro temporal de Lincoln, la opinión pública de los estados del norte comenzó a mostrar una creciente inquietud por la pervivencia de una situación que violaba claramente los principios de la Constitución. La publicación de La cabaña del tío Tom (1852), la célebre novela de Harriet Beecher Stowe, elevó el debate a cuestión nacional. La repugnancia moral que las gentes del norte sentían por la esclavitud se había extremado, mientras que los sureños temían que los estados del norte, cada vez más poderosos en Washington, acabasen imponiendo la abolición. Para los aristócratas sureños, el fin de la esclavitud significaría el fin de su monopolio mundial sobre el algodón y de su modo de vida. Claramente incómodos, los estados del sur meditaban la conveniencia de separarse de la federación, convencidos de la posibilidad de subsistir independientemente gracias a sus prósperas plantaciones.
    Hacia la presidencia
    Abraham Lincoln regresó a la vida pública en 1854, cuando la cuestión de la esclavitud pasó de nuevo del plano social al político a raíz de la aprobación de la Ley Kansas-Nebraska, la cual permitía implantar la esclavitud en los estados del noroeste. Como ya se indicado, Lincoln no apoyaba la abolición de la esclavitud en los estados en los que ya existía, sobre todo en los del sur; cada territorio debía legislar al respecto conforme a la conciencia de sus ciudadanos. Sin embargo, se opuso fervientemente a que se instaurase la esclavitud en aquellos otros en los que no estaba autorizada. Particularmente célebre por la vehemencia de su verbo y la solidez de sus argumentaciones fue el discurso antiesclavista que pronunció en la ciudad de Peoria (Illinois) en 1854.
    En 1856 se constituyó en los estados norteños un nuevo partido claramente abolicionista, el Partido Republicano, que se consideraba heredero de la tradición política del presidente Thomas Jefferson. Comprometido con la causa contra la esclavitud, Lincoln se afilió al Partido Republicano el mismo año de su fundación. Derrotado de nuevo en las elecciones al Senado de 1858, la intensidad de la campaña antiesclavista y los duelos dialécticos que mantuvo con el candidato demócrata Stephen A. Douglas, elegido en la ocasión, le devolvieron la popularidad perdida; los debates revelaron sus extraordinarias dotes de orador, la profundidad de su pensamiento y de su preparación, la madurez de su juicio y una gran fe en su misión.
    Abraham Lincoln (detalle de un retrato de George Peter Alexander Healy)
    El 27 de febrero de 1860 un nutrido auditorio de Nueva York se rindió ante uno de sus más memorables discursos (reproducido al día siguiente en todos los periódicos), al que siguieron otros once no menos aclamados en distintas ciudades. La moderación de sus posiciones fue decisiva para que el 17 de mayo de 1860 la convención republicana de Chicago lo eligiera candidato a la presidencia en detrimento de William H. Seward, representante de los abolicionistas más radicales.
    La creación del Partido Republicano sirvió no sólo para causar alarma e irritación en el sur, sino también para dividir al Partido Demócrata precisamente sobre la cuestión de la esclavitud. Así, a las elecciones de 1860 concurrieron cuatro partidos: los dos demócratas del norte y del sur, el Partido Whig y el Partido Republicano, cuyo candidato era Abraham Lincoln. El 6 de noviembre de 1860, favorecido por las divisiones internas de los demócratas, Lincoln ganó las elecciones a la presidencia. Los republicanos obtuvieron la victoria en todos los estados del norte, mientras que los otros tres partidos se repartieron los del sur.
    La guerra de Secesión
    El Partido Republicano era inequívocamente abolicionista y Lincoln, a pesar de su talante moderado, se había manifestado como uno de los más firmes antiesclavistas; su elección no podía sino desencadenar la reacción de los estados sureños. Antes de que Lincoln asumiera oficialmente la presidencia, el estado de Carolina del Sur tomó la iniciativa de salir de la Unión. Siguiendo los pasos de Carolina, muy pronto por otros diez estados se declararon independientes. Consumada sin dificultad la secesión, los estados escindidos se organizaron en una nueva unidad política: la Confederación o Estados Confederados de América, con capital en Richmond (Virginia) y Jefferson Davis como presidente. Los sudistas esperaban que Washington no reaccionase, y, además, confiaban en la presunta superioridad militar de sus elites aristocráticas y caballerescas para disuadir al gobierno de cualquier plan de agresión.
    La secesión no significó la guerra inmediata. Lincoln denegó a los secesionistas el derecho a abandonar la Unión y se resistió a reconocer la realidad de la separación, pero se guardó mucho de hacer uso de la fuerza; intentó evitar un conflicto armado y restaurar la unidad formando un gobierno de coalición con los sudistas. Fueron los estados del sur los que iniciaron las hostilidades al atacar el 12 de abril de 1861 Fort Sumter, un enclave federal que defendía la entrada del puerto de Charleston.
    La guerra de Secesión duró cuatro años (1861-1865) y en ella acabaría poniéndose de manifiesto la superioridad de los veintitrés estados del norte en cuanto a población y recursos bélicos, aunque los estados del sur organizaron prontamente su defensa y la riqueza de sus clases dirigentes les permitió adquirir armamento en Europa. Al comienzo de la guerra, el ejército sudista compensó la inferioridad de fuerzas con su capacidad de iniciativa, su habilidad maniobrera y la preparación de sus soldados. Lincoln promulgó en 1862 la Homestead Act, para la colonización del Oeste, y propuso una abolición progresiva de la esclavitud, con el íntimo propósito de promover un acercamiento a la Confederación sudista que acelerara el fin de la contienda. Tras comprobar una vez más la intransigencia del otro bando, el 1 de enero de 1863 decretó la emancipación de los esclavos en todo el territorio de la Unión.
    Lincoln presenta a su gabinete el decreto de abolición de la esclavitud
    (óleo de Francis Bicknell Carpenter)
    El ejército del norte fue imponiendo progresivamente su superioridad, y a partir de sus victorias en Vicksburg y Gettysburg en julio de 1863, el curso de la guerra se inclinó a su favor. A ello contribuyó también considerablemente la habilidad táctica de los generales Ulysses S. Grant y William T. Sherman, y los efectos del bloqueo naval, que causó graves perjuicios económicos a la Confederación y la privó de suministros de todo tipo. Con su ejército dividido y debilitado por las deserciones, el general sudista Robert E. Lee se rindió a Ulysses Grant en Appomattox, el 9 de abril de 1865.
    Considerado el primer gran conflicto bélico moderno, caracterizado por la extrema crueldad con la población civil, el uso masivo de medios de combate modernos y la destrucción sistemática por parte de los yanquis de las plantaciones sudistas, la guerra de Secesión arrojó un macabro balance de entre seiscientas mil y un millón de víctimas entre civiles y militares. La abolición de la esclavitud desfondó la economía agrícola de los arrasados estados sureños, en los que, a pesar de que se sancionó legalmente la libertad de los negros y su derecho de voto, no podría ya borrarse la discriminación y la segregación racial. Por otra parte, la victoria del norte industrializado y antiesclavista supuso el triunfo del capitalismo industrial y el principio de un impresionante despegue económico: la fisonomía del país se transformó rápidamente, configurando los Estados Unidos que hoy conocemos.
    El magnicidio
    Durante la guerra, Abraham Lincoln hubo de improvisarse como estratega y general en jefe, remediar los desastres militares, las sediciones y la corrupción interna, y oponer su tranquila integridad a cualesquier críticas y acusaciones. Actuó con rapidez y energía contra los insurrectos y las intrusiones extranjeras, aprobó drásticas leyes marciales y estableció una rigurosa censura de prensa, de suerte que, a pesar de su clemencia y de su moderación, fue tachado de dictador por sus opositores. Desde 1863, la marcha favorable de las operaciones militares, sus medidas de protección al desarrollo de la industria y su política conciliadora con respecto a los estados díscolos le permitieron mantener la confianza de sus conciudadanos.
    Con el general McClellan (Antietam, Maryland, 1862)
    Finalizada la contienda, el problema inmediatamente planteado fue el de la reconstrucción de la Unión en el terreno político, es decir, la reincorporación de los estados rebeldes al congreso federal. Lincoln era partidario del restablecimiento de la federación en igualdad de derechos para todos los estados, de inscribir en la Constitución el fin de la esclavitud y de iniciar inmediatamente la reconstrucción del país; preconizó una inmediata readmisión de los antiguos confederados, con unas garantías mínimas y la condición de que aprobasen la decimotercera enmienda a la Constitución, que suponía la abolición de la esclavitud. El congreso, sin embargo, quiso añadir requisitos más duros a esta fórmula.
    No menos importante era la reparación material de los estragos causados por la guerra. En noviembre de 1864, cuando las fuerzas del norte ya dominaban casi por completo la situación y el fin del enfrentamiento bélico se veía próximo, Lincoln fue reelegido para un segundo mandato con un programa de reconstrucción nacional que, sin embargo, no llegaría a ver realizado: cinco meses después, mientras asistía a una función teatral en Washington, Abraham Lincoln fue asesinado por un actor sudista llamado John Wilkes Booth.
    El 14 de abril de 1865, cinco días después de la rendición sudista, John Wilkes Booth supo que un mensajero de la Casa Blanca había llegado a la Ford's Opera House, un prestigioso teatro de Washington, anunciando que a la representación de aquella noche asistirían el presidente Lincoln y su esposa Mary. John Booth era un joven actor bastante estimado por el público que años antes había abrazado la causa sudista. Durante la guerra no había dejado de interpretar sus papeles favoritos, que eran los de Romeo y Bruto, este último asesino de Julio César. Al mismo tiempo, sus simpatías por los confederados se habían transformado en odio contra Lincoln, en el que veía a un tirano y al que acusaba de querer convertirse en "rey de Estados Unidos".
    El asesinato de Lincoln
    Al enterarse de que su enemigo iría al teatro esa noche, supo que había llegado su oportunidad. Abraham y Mary Lincoln ocuparon puntualmente su palco. La obra dio comienzo después de que los presentes ovacionaran a su presidente y a la primera dama. En el pasillo, el policía encargado de su protección creyó que no eran precisas tantas precauciones y salió a tomar una cerveza en un bar situado junto al teatro. John Booth llegó poco después, saludó al empleado de la entrada y se dirigió hacia el palco presidencial sin que nadie le cortase el paso. Iba elegantemente vestido, era un actor reconocido y conocía perfectamente los vericuetos de un teatro en el que había trabajado decenas de veces.
    Cuando entró en el palco, el presidente se hallaba inclinado hacia adelante. Sostenía la mano de su mujer en la suya y presentaba su perfil izquierdo al ejecutor. Éste se adelantó sigilosamente empuñando una Derringer, pistola de pequeño tamaño y de un solo disparo. La acercó a la cabeza de Lincoln y disparó. Una humareda azul llenó el palco. El presidente apenas se movió: sólo su cabeza se recostó lentamente contra su pecho.
    Booth blandió un puñal para que nadie le detuviese y exclamó: "¡Sic semper tyrannis!" (Así llega siempre la muerte a los tiranos), palabras puestas en boca de Bruto en el momento de apuñalar a César, que también son la divisa del estado de Virginia. Luego se precipitó hacia la barandilla, gritó de nuevo: "¡El Sur ha sido vengado!", y cayó pesadamente en el palco de butacas, rompiéndose una pierna. Sin embargo, logró levantarse y huyó cojeando. Mary lanzó un chillido y sobrevino una extraordinaria agitación. Lincoln murió al día siguiente poco después de las siete de la mañana, la hora a la que habitualmente empezaba a trabajar.
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