Nuestra relación matrimonial debe ser alimentada diariamente. El problema estriba en que, generalmente, descuidamos la relación con el cónyuge y, más aún, con los hijos. Tremendo equívoco que, con el tiempo, nos pasará cuenta de cobro. Es importante revisar cómo anda nuestra vida matrimonial y aplicar correctivos, con ayuda de Dios. Las cosas mejorarán, sin duda.