Cerramos la XV Semana del Tiempo Ordinario. El lema que nos ha guiado —«La Palabra de Dios no vuelve vacía»— ha sido como la lluvia de la que hablaba Isaías: ha empapado la tierra de nuestros corazones. Hemos visto cómo la Palabra confronta nuestra religiosidad vacía (lunes), sostiene nuestra fe en la prueba (martes), humilla nuestra soberbia (miércoles), sana nuestro cansancio (jueves) y nos revela que la misericordia está por encima del juicio (viernes).
Hoy, el profeta Miqueas nos recuerda que la Palabra de Dios también denuncia la injusticia de los poderosos que «traman la maldad» y «planifican el crimen» para despojar al pobre de su herencia (Miq 2,1-2). La Palabra de Dios no es solo consuelo; es también denuncia profética contra la opresión y el abuso del poder.