La acción salvadora de nuestro señor Jesucristo nos manifiesta que Él sale a nuestro encuentro, sale en nuestra búsqueda acercándonos a su corazón misericordioso, aún a las regiones que no es esperado, nos invita a que también nosotros nos involucremos en acoger, en orar por las necesidades de quién sufre, a abrir nuestros oídos para escuchar sus palabras, a abrir nuestros labios para proclamar su salvación, a entrar en relación de hermanos unos con otros, a asombrarnos de como todo lo hace bien y también moldear nuestras vidas según los parámetros que Él mismo nos ofrece.