Dios, que se nos ha revelado, nos permite creer en Él, sin embargo, necesitamos acrecentar nuestra fe y ponerla en actividad, que moldee nuestra vida de modo que nos comprometamos con el amor hasta el sacrificio; poniendo nuestra vida al servicio de Dios y de los hermanos, movidos, impulsados, por la esperanza firme de que Dios está con nosotros y nos ha dado promesas de vida eterna