Fernando Castro Flórez
Publicado el 16 oct. 2018
Tercer comentario a "Teoría General de la Basura" de Agustín Fernández Mallo. 3ª y última parte.
Realismo Complejo: El Realismo en el Siglo XXI
La realidad hoy poco tiene que ver con la realidad de apenas hace medio siglo, la intersección de planos de creación y conocimiento de muy variadas disciplinas ha generado una conexión social en redes tanto analógicas como digitales, por las que se ha conformado una realidad mucho más compleja (que no complicada).Escala 1:1
La tercera posibilidad, la que faltaba por abordar, es la que aquí nos interesa. Se trata de lo que podemos llamar escala 1:1, y es una muy especial clase de simulación, en apariencia estéril, que podría describirse así: cuando los actores beben whisky realmente están bebiendo whisky, cuando beben té realmente están bebiendo té, cuando beben agua realmente están bebiendo agua, y así con todo. Eso, en apariencia, es simple y llanamente lo factual, el acontecer a secas, la frase o texto que, por ello, carece de autor y de adjetivaciones. No faltará quien afirme que este caso es simple y llanamente la Realidad o la verdad. Pero no; es lo real, es lo que de real hay en la realidad, es decir, el conflicto implícito a toda imagen, a toda enunciación, a todo texto, y ese conflicto hoy solo puede generarse a través de esta especial clase de simulación, la escala 1:1. La capacidad para generar realidad no redundante procede en este caso de la legítima duda y estupor que le sobreviene al espectador: «Si cuando beben agua en realidad beben agua y cuando beben ginebra en realidad beben ginebra, ¿por qué se me presenta todo ello en modo de película, de teatro, de representación?» Aparece pues, gracias a esta duda radical, un agujero, una distorsión en la realidad, una anomalía que dinamita el orden de las cosas y abre la posibilidad de discursos no normativos; a ese conflicto es lo que llamo «Lo Real». Dicho de otro modo, entre las dos simulaciones de la realidad que habíamos utilizado –la modernista y la posmodernista– aparece otra simulación instalada en la frontera, en el equilibrio inestable que media entre ambas, en lo que hasta ahora había sido desechado por ser un mero escombro, por resultar aparentemente inane, pero que, sin embargo, exhaustas ya las representaciones conocidas, resulta ser la puerta a explorar.
Así, abordamos una nueva lectura del texto de Benjamin, para decir que el Ángel de la Historia va de cabeza a los escombros del pasado, a aquello que las otras simulaciones ocultaban: la escala 1:1, la cual, en su utópica pretensión de alcanzar Lo Real, genera no obstante la mejor aproximación a la narración de nuestro presente, pues lo problematiza. Dicho de otro modo, no hacía falta apelar a una representación de la realidad –ni modernista ni posmodernista– para que esta representación existiese: se da, no puede no darse; incluso en las más realistas pretensiones, la representación aparece.
El texto de Benjamin nos decía: «El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer todo lo destruido», para a continuación decirnos que no podía. Bien, postulamos que ya puede, va directo hacia tales muertos. En contra de lo que pensábamos, el Ángel de la Historia no busca hoy edificar un futuro, ni llorar un pasado, sino, antes que nada, trabajar la escala 1:1 de las ruinas dejadas por las antiguas representaciones. Esos, y no otros, son los cimientos sobre los que, en mi opinión, han de edificarse las narrativas hoy: lo que en algún otro lugar he llamado realismo complejo, que es realista pues se cimienta en lo real, en la escala 1:1, y es complejo pues ese tejido contemporáneo ya no puede estar estructurado en modo jerárquico o arbóreo, ni tan siquiera rizomático, sino en modo red. Y no me estoy refiriendo a la red Internet sino a los millares de redes analógicas, digitales, o mezcla de ambas, en las cuales estamos embebidos.