Como hablamos hace un tiempo, en el capítulo de la regla de las 10.000 horas, hay gente que nace con cierto don y que ante los mismos estímulos es capaz de sacar mayor partido a las cosas que tiene delante. No es el caso, en ningún momento yo he sentido que tuviera esa capacidad con las palabras, de hecho siempre he sido incapaz de desmontar a nadie únicamente utilizando el lenguaje. Pero esto cambia, de manera radical, si tienes un negocio.
Y es que cuando tienes un negocio, no te sirve de nada ser el mejor diseñador del mundo, el mejor fotógrafo del mundo… ni tan siquiera te sirve si tienes la mejor idea del mundo si no eres capaz de hacérsela llevar a tus clientes o al mundo.