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Para observar directamente el eclipse deben utilizarse exclusivamente gafas específicas y homologadas, que incorporan un filtro capaz de bloquear la luz intensa y la radiación ultravioleta e infrarroja.
Estas gafas tienen que cumplir la norma internacional ISO 12.312-2. La certificación debe aparecer impresa en el producto junto a los datos del fabricante y las instrucciones de utilización.
Aramburu ha recomendado adquirirlas en ópticas, tiendas especializadas en astronomía o distribuidores oficiales de confianza. También ha aconsejado evitar puestos ambulantes, bazares no regulados y productos que no muestran claramente su procedencia y certificación. "Tenemos que tener muchísimo cuidado con las imitaciones", ha subrayado.
Uno de los principales peligros de mirar directamente al sol es que la retina no tiene sensibilidad al dolor. Una persona puede estar sufriendo una lesión sin experimentar molestias durante la exposición.
El daño afecta especialmente a la zona central de la retina responsable de la visión de los detalles. Esta lesión recibe el nombre de retinopatía solar y sus síntomas pueden aparecer horas o incluso días después. "Puede que no sintamos absolutamente nada mientras estamos mirando al eclipse", ha explicado la oftalmóloga.
Entre las señales de alerta se encuentran:
La forma de colocar las gafas también resulta fundamental para evitar una exposición accidental. Antes de ponérselas, la persona debe mirar hacia el suelo o situarse de espaldas al Sol.
Una vez ajustadas correctamente, puede levantar la cabeza y dirigir la mirada hacia el eclipse. Las personas que utilizan gafas graduadas deben colocar las gafas protectoras por encima de sus lentes habituales.
Aramburu ha hecho una mención especial a los menores, cuyos ojos son más vulnerables y que pueden retirarse las gafas por curiosidad o por incomodidad.
Los adultos deben supervisarlos permanentemente, comprobar que las gafas están bien ajustadas y asegurarse de que no se las quitan mientras dirigen la mirada hacia el eclipse.
Utilizar una cámara, un teléfono móvil, unos prismáticos o un telescopio sin un filtro específico también entraña riesgos. Las lentes de estos dispositivos concentran la energía solar como una lupa.
La especialista ha advertido de que no basta con llevar puestas las gafas de eclipse y mirar a través de uno de estos aparatos. La radiación concentrada puede atravesar, perforar o derretir el filtro y causar una quemadura inmediata en la retina. "Es un gravísimo error pensar que, por llevar las gafas, ya podemos mirar a través de una cámara, unos prismáticos o un telescopio", ha indicado.
El filtro solar homologado debe colocarse delante del objetivo exterior de la cámara, el teléfono, los prismáticos o el telescopio. La persona que manipula el dispositivo también debe llevar sus propias gafas protectoras.
Ante cualquier alteración visual después del eclipse, no se debe esperar a comprobar si desaparece por sí sola. La recomendación es solicitar una valoración oftalmológica cuanto antes.
En consulta se puede realizar una tomografía de coherencia óptica, una prueba que permite evaluar la estructura de la mácula y determinar el alcance de la lesión.
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