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La Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública celebra su 40 aniversario con un ciclo de conferencias y actividades destinadas a reflexionar sobre la transformación del paisaje industrial vasco. Dentro de esta programación, el arquitecto Iñaki Uriarte ofrecerá una conferencia hoy a las 19 horas en el Itsasmuseum de Bilbao
La iniciativa busca concienciar sobre la importancia de preservar el legado industrial, desde fábricas y maquinaria hasta infraestructuras y paisajes que marcaron la identidad del territorio durante más de un siglo.
Uriarte plantea la industrialización vasca no solo como un fenómeno económico, sino como un patrimonio social y cultural de enorme valor. Según explica, desde el final de la Segunda Guerra Carlista en 1876 se inició un periodo de expansión industrial que se prolongó durante casi un siglo.
Ese desarrollo estuvo marcado por sectores clave como la siderurgia, la metalurgia y la industria naval, especialmente visibles en el entorno de la ría de Bilbao. Las fábricas, los paisajes industriales y las repercusiones sociales de aquella época forman parte de una memoria colectiva que, según el arquitecto, merece ser preservada y difundida.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la transformación radical del paisaje urbano de Bilbao. Uriarte sostiene que la ciudad ha pasado de un escenario dominado por la actividad industrial a otro centrado en el turismo y la hostelería.
El arquitecto considera que esta transición ha supuesto la pérdida de elementos patrimoniales vinculados a la industria, lo que dificulta comprender la historia económica y social del territorio. En su opinión, la ría podría entenderse hoy como “un museo sin patrimonio”, al haberse eliminado muchos de los testimonios físicos de aquella etapa. Y además "sólo ha beneficiado a un sector económico en concreto".
Desde hace varios años, Iñaki Uriarte ha organizado recorridos narrados por la Ría para destacar el pasado industrial de Bilbao como "una épica epopeya". Este año será una “gabarra reivindicativa”, un recorrido en barco desde el muelle de Uribitarte hasta El Abra que permitirá explicar la evolución del entorno de la ría. En otras ocasiones, este tipo de recorridos narrados se han llamado "Horrortzaurre" o "Ría Crucis".
El trayecto, organizado en el barco Ibai Eder, tendrá una duración aproximada de dos horas y ofrecerá un relato histórico y crítico sobre el paisaje industrial y urbano de Bilbao. Uriarte explica que denomina a esta actividad “reivindicativa” porque pretende aprovechar el recorrido para analizar decisiones urbanísticas y debatir sobre el futuro del patrimonio industrial.
La actividad contará con un máximo de 60 plazas, y el propio organizador gestionará las inscripciones mediante el correo electrónico [email protected] o pago por Bizum de 18 euros.
El arquitecto Iñaki Uriarte también ha puesto el foco en la desaparición de numerosos edificios industriales, especialmente en zonas como la isla de Zorrotzaurre. Según explica, muchas construcciones que podían haber reforzado la identidad histórica del lugar han sido demolidas pese a las propuestas de conservación realizadas por asociaciones patrimoniales.
Este proceso, señala, ha dejado muy pocos testimonios de la arquitectura industrial original, lo que dificulta comprender la historia productiva de Bilbao y su entorno. Y en su lugar, se han construido bloques de viviendas uniformados "de escaso valor arquitectónico".
A pesar de las críticas sobre la pérdida de patrimonio, Uriarte reconoce que la ría ha experimentado importantes mejoras medioambientales en las últimas décadas. Destaca especialmente el trabajo del Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia, que ha contribuido a recuperar la calidad biológica del agua.
Este avance, subraya, ha sido posible gracias a las inversiones realizadas por la ciudadanía a través de los servicios públicos, lo que ha permitido dejar atrás la fuerte contaminación que caracterizó la etapa industrial.
La creatina se ha convertido en uno de los suplementos más populares del momento, especialmente entre quienes practican entrenamiento de fuerza en el gimnasio. Su presencia se ha multiplicado en redes sociales y en recomendaciones de influencers del fitness, que la presentan como un aliado imprescindible para mejorar el rendimiento físico y aumentar la masa muscular. Sin embargo, todavía existen muchas dudas sobre qué es realmente la creatina, cómo actúa en el organismo y si su consumo es seguro.
Para aclarar estas cuestiones, la nutricionista Isabel Sánchez, de Blua de Sanitas, nos ha explicado qué dice la ciencia sobre este complemento alimenticio y cuáles son sus efectos reales.
A diferencia de otros productos que se promocionan en el ámbito deportivo, la creatina cuenta con respaldo científico.
Según explica Isabel Sánchez, se trata de un complemento alimenticio que ayuda a mejorar el rendimiento físico, especialmente en ejercicios de alta intensidad: "Es uno de los pocos suplementos que realmente tienen evidencia científica y se ha demostrado que mejora el rendimiento", explica la especialista.
Esto ha contribuido a su enorme popularidad, impulsada también por las redes sociales y la creciente tendencia hacia los entrenamientos de fuerza.
La creatina actúa directamente en el músculo al aumentar las reservas de fosfocreatina, una sustancia clave para generar energía rápida durante esfuerzos intensos: "La fosfocreatina es como un combustible rápido que se utiliza para hacer esfuerzos intensos", señala Sánchez.
Este mecanismo permite entrenar con mayor intensidad, mejorar la recuperación muscular y aumentar la calidad del entrenamiento, lo que explica su popularidad entre deportistas y personas que acuden al gimnasio.
Una de las preguntas más frecuentes es cuánta creatina se debe tomar.
Según la nutricionista, la dosis es la misma para cualquier persona adulta sana:
"Lo más importante para que tenga efecto positivo es que se tome a diario", subraya la especialista.
El momento del día tampoco influye demasiado en su eficacia.
Muchas personas creen que dejar de tomar creatina implica perder la masa muscular ganada, pero los expertos desmienten esta idea.
Si se deja de entrenar durante un periodo, como unas vacaciones, no es obligatorio seguir tomándola: "Si queremos hacer descansos, por ejemplo en vacaciones, es un buen momento para parar", explica Sánchez.
Otra de las preocupaciones habituales está relacionada con los posibles efectos sobre la salud renal.
La nutricionista aclara que la creatina no es exactamente una proteína, aunque procede de aminoácidos: "La creatina no es una proteína como tal y no afecta a los riñones como las dietas hiperproteicas", señala.
Eso sí, recomienda precaución en determinados casos. Además, las personas con enfermedad renal o hepática deberían consultar previamente con su médico antes de consumirla.
En general, la creatina se considera segura para adultos sanos, aunque puede provocar algunos efectos leves en determinados casos:
Estos efectos suelen ser temporales y poco frecuentes.
En el mercado existen muchas variantes: en polvo, cápsulas, mezclas con otros productos o incluso en forma de gominola.
Sin embargo, los expertos recomiendan una en concreto: Creatina monohidrato en polvo, que es la más estudiada científicamente.
Algunos productos incluyen además el sello Creapure, que garantiza controles estrictos de pureza durante su fabricación.
La creatina también está presente de forma natural en alimentos de origen animal como:
Sin embargo, para alcanzar los niveles que proporciona la suplementación sería necesario consumir grandes cantidades de estos alimentos, por lo que muchos deportistas optan por el complemento.
Según la nutricionista, quienes valoren tomarla pueden hacerlo sin miedo si están sanos, aunque siempre recomienda consultar con un profesional en caso de dudas: "Si se decide tomar creatina y se quiere notar beneficio, lo importante es la constancia", concluye.
La Historia del Arte en España guarda todavía zonas oscuras que siguen sin resolverse casi 90 años después de la Guerra Civil. El periodista e investigador Peio H. Riaño ha reconstruido en su libro Marquesa uno de los episodios más sorprendentes del patrimonio español: el expolio masivo de obras de arte durante los primeros años del franquismo.
Su investigación revela cómo miles de piezas incautadas durante la guerra para protegerlas terminaron desapareciendo o cambiando de manos en la posguerra.
Según explica el propio investigador, muchos de estos bienes fueron almacenados en depósitos temporales con la intención de devolverlos a sus propietarios. Sin embargo, ese proceso nunca se completó de forma íntegra, lo que abrió la puerta a apropiaciones irregulares.
La historia de María Teresa Álvarez Herrero de Tejada protagoniza esta investigación de Peio H. Riaño: una mujer que llegó a inventarse un título nobiliario para acceder a los depósitos de obras confiscadas.
Según la investigación, esta falsa aristócrata llegó a reunir más de 400 piezas entre cuadros, muebles y objetos de gran valor. Para conseguirlas, simplemente declaraba que eran de su propiedad y los funcionarios responsables aceptaban su palabra bajo juramento.
El propio autor relata que la historia no contiene ficción alguna y que todos los episodios están documentados en archivos judiciales y administrativos.
El saqueo no afectó solo a colecciones privadas. La investigación apunta también a instituciones culturales y museos que recibieron obras procedentes de estos depósitos.
Uno de los ejemplos que aparece en la investigación es el del Museo del Prado, que llegó a custodiar hasta 20.000 pinturas que no pertenecían a su colección mientras se esperaba su devolución a los propietarios originales.
También se citan casos de museos y edificios públicos que pudieron beneficiarse indirectamente de estas transferencias de patrimonio.
Entre los lugares mencionados aparecen establecimientos históricos como el Paradores de Turismo de España, cuyos edificios están decorados con numerosas obras clásicas cuya procedencia no siempre ha sido investigada en profundidad.
Durante los primeros años del régimen franquista, los bienes culturales incautados quedaron bajo el control de un organismo estatal encargado de su custodia.
Sin embargo, el proceso de restitución no llegó a completarse plenamente. Según el autor, gran parte de estas obras debía regresar sobre todo a familias represaliadas o perseguidas tras la guerra.
El resultado fue un enorme volumen de patrimonio cuya pista se perdió o cuya propiedad nunca se restituyó completamente.
Las estimaciones de investigadores sitúan el volumen de obras expoliadas en torno a las 6.000 piezas.
La investigación también ha encontrado procesos judiciales contra funcionarios encargados de custodiar estas obras.
Algunos de ellos aprovecharon su posición para apropiarse de piezas artísticas, mientras otros participaron en redes de distribución de bienes incautados.
Entre los casos documentados figura incluso el intento de apropiación de una colección completa, posteriormente recuperada por su propietario.
Para el autor, uno de los aspectos más sorprendentes es que muchas instituciones culturales españolas aún no han realizado un análisis completo del origen de sus colecciones.
A diferencia de otros países europeos que han revisado los expolios de guerra, en España la investigación institucional sigue siendo limitada.
El propio investigador asegura que su trabajo continuará con nuevos estudios centrados en la procedencia de obras presentes hoy en grandes museos españoles.
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