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La Navidad se acerca y con ella los turrones vuelven a llenar los supermercados desde octubre. Sin embargo, este año uno de los productos estrella de las fiestas ha generado polémica. Un reciente estudio de la consultora FitStore ha revelado que el turrón de chocolate Suchard ha aumentado su precio un 85% en los últimos cinco años, pasando de 3 a 5 euros la tableta, y además ha reducido su peso un 11%.
Lo que en redes ya se conoce como el “Turróngate” combina dos fenómenos: la inflación y la llamada reduflación, es decir, cobrar más ofreciendo menos producto.
Hemos salido a los supermercados bilbaínos para comprobar si la ciudadanía ha notado el cambio. Hemos constatado que hay gente que ni lo sabía, y otros que lo compran solo por los niños. Y hemos recordado que el Suchard “fue una innovación” en su momento, cuando el turrón se asociaba solo a los clásicos de Alicante o Jijona. Hoy, sin embargo, convive con “turrones de Oreo, Pantera Rosa o incluso sabores que parecen de ciencia ficción”.
Entre las voces recogidas, la indignación es general. “Me parece una burrada todo”, decía una clienta al conocer la subida. Otra aseguraba que su hijo “ya no quiere el de Suchard” porque “sabe diferente, más a marca blanca”.
Los datos lo confirman: el turrón de chocolate Suchard ha perdido un 12% de peso solo en el último año, según los estudios de FitStore. “Está más delgadito, eso fijo”, comentaba otra compradora habitual, que añadía que “la calidad también ha bajado”.
Algunos clientes justifican la subida recordando que el precio del cacao se ha disparado en los mercados internacionales por las sequías en países productores de África. Aun así, la mayoría coincide en que “subir el precio y reducir la cantidad es engañar al consumidor”.
“Si suben el precio, vale, pero que lo digan claro. Lo que no puede ser es que pagues más y te den menos”, denuncia otro entrevistado.
El auditorio del Itsasmuseum Bilbao ha recibido a 150 alumnos de bachillerato de los institutos de Mungia y Ballonti en una jornada dedicada a acercar las matemáticas de una manera diferente.
El encuentro ha estado liderado por Nicolás Atánes y jóvenes matemáticos, estudiantes de la EHU. Atánes ha explicado que su objetivo es romper los estereotipos que rodean a esta disciplina. “Las matemáticas no son solo números; también son razonamiento, redacción y creatividad”, ha señalado, reivindicando la dimensión más humana del pensamiento lógico.
Entre los protagonistas de la jornada han estado Andoni y Maialen, estudiantes de Matemáticas y Física en la EHU/UPV, integrantes del equipo Euler, un grupo universitario que compite en la Liga de Matemáticas, una iniciativa que Atánez impulsó en 2023.
“Es como una liga de fútbol, pero con problemas matemáticos”, ha explicado entre risas. “Y el equipo EHUler. sería el Athletic Club de las matemáticas”, ha añadido con orgullo.
El movimiento Virus Matemático busca fomentar el gusto por la ciencia desde edades tempranas. “Queremos que la gente entienda que disfrutar con las matemáticas no te hace un bicho raro, sino alguien curioso”, ha destacado Andoni.
El grupo organiza retos, charlas y competiciones para despertar interés en estudiantes de bachillerato.
Maialen ha recordado la frase que la llevó a estudiar ciencias: “Las ciencias son la poesía del universo”. A partir de ahí, su curiosidad la empujó a querer comprender “el lenguaje con el que está escrito el mundo”.
Durante la charla, los jóvenes han reflexionado también sobre el impacto de la inteligencia artificial.
“Puede resolver problemas, pero no crear relaciones nuevas”, ha afirmado Andoni. “El matemático, como un pintor, inventa ecuaciones que no existen. Esa parte creativa nunca nos la quitará una máquina”.
Para Nicolás Atanes, el futuro pasa por seguir investigando: “Aún quedan muchos teoremas y postulados por descubrir. No todo está inventado”.
La jornada ha terminado con una invitación a seguir a los divulgadores en redes sociales y a animar al equipo EHUler., que representa a la Universidad del País Vasco en competiciones nacionales.
Entre risas, Atanes ha bromeado con que ojalá de aquel auditorio “salga un futuro Premio Abel”, el galardón que reconoce la excelencia matemática a nivel mundial.
Este fin de semana, Bizkaia será escenario de la gran recogida anual organizada por el Banco de Alimentos, un evento que este año celebra su 30º aniversario. Con el lema "Lo damos todo", la campaña tiene como objetivo garantizar el suministro de alimentos en los almacenes del Banco. Es un esfuerzo vital para cubrir las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad en Bizkaia.
La Gran Recogida contará con la colaboración de miles de voluntarios, quienes estarán presentes en los supermercados de Bizkaia durante los días 7, 8 y 9 de noviembre. Como siempre, se podrá hacer una donación de alimentos no perecederos o realizar una donación económica mediante el sistema de bonos de alimentos.
El Banco de Alimentos de Bizkaia ha sido un pilar fundamental en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, y a lo largo de estos años ha logrado movilizar a miles de personas para ofrecer su apoyo a quienes más lo necesitan. Desde su almacén principal en Basauri, se distribuyen miles de toneladas de alimentos a más de 50 asociaciones del territorio. Y así llegan a familias, personas con discapacidad, o colectivos en situación de riesgo.
Este esfuerzo sería imposible sin el trabajo de los voluntarios, como Mila y Cayetana, quienes nos cuentan cómo llegaron a colaborar con la organización. "Aquí no cobra nadie, todos trabajamos de forma altruista. Lo que nos mueve es la necesidad de ayudar", comentan, mientras trabajan en el almacén clasificando alimentos. Su entusiasmo refleja el espíritu del Banco de Alimentos, donde cada pequeño gesto suma para alcanzar grandes resultados.
Además de la tradicional donación física de alimentos, el Banco de Alimentos ha modernizado sus métodos de recaudación, permitiendo las donaciones electrónicas mediante bizum o compra de bonos de alimentos. Esta opción facilita la contribución y reduce la huella de carbono al mejorar la logística.
En su 30º aniversario, el Banco de Alimentos aspira a superar las cifras del año pasado, que incluyeron 238.000 kilos de alimentos recolectados y más de 562.000 euros en donaciones. "El éxito no se mide solo por los números, sino por la solidaridad de las personas que responden a la llamada cada año", afirma José Manuel, coordinador de la colecta.
En un mundo que celebra los avances y el desarrollo humano, la mediocridad parece haberse convertido en una constante en nuestras organizaciones y sociedades. Esta reflexión surge del libro Mediocres y Cía de Manuel Balsera, profesor, autor y exdirectivo, que aborda cómo la mediocridad se ha instalado en puestos clave, a menudo ocupados por quienes no aportan valor, pero sí saben cómo manejarse para ascender en la jerarquía. La obra pone el foco en la facilidad con la que los mediocres se colocan en lugares de poder, a pesar de que, como explica Balsera, no destacan por sus capacidades o innovaciones. El propio autor nos ha contado los detalles de su manual en entrevista para el programa EgunOn Magazine de Radio Popular - Herri Irratia
Según Balsera, la mediocridad no se manifiesta en falta de inteligencia, sino en la incapacidad de generar valor o de tomar riesgos. Los mediocres suelen sobresalir por su habilidad para camuflarse dentro de las estructuras organizativas, evitando ser un desafío, lo que les permite ascender sin generar problemas. A pesar de que no siempre son malas personas, el mediocre trabaja en su propio beneficio, priorizando la estabilidad y el control del entorno más que el progreso o la innovación.
La respuesta a esta pregunta es compleja. Aunque las organizaciones suelen premiar el talento y la innovación, el mediocre sabe cómo adaptarse y mantenerse dentro de la estructura. Esto se debe, según Balsera, a la falta de liderazgo auténtico y a un sistema que permite que la mediocridad prospere al no desafiar el status quo. En ocasiones, los mediocres llegan a cargos de responsabilidad no por sus logros, sino por la proximidad con quienes toman las decisiones.
Una de las principales dificultades que surgen de esta mediocridad estructural es el impacto negativo sobre aquellos que realmente aportan valor en la organización. Muchas veces, las personas talentosas son desplazadas o limitadas por el control que los mediocres ejercen sobre el entorno. A pesar de que los mediocres puedan liderar, las personas con talento siguen siendo fundamentales para que la organización avance, aunque su trabajo no siempre sea reconocido.
Para aquellos que se ven rodeados por la mediocridad, Balsera ofrece varios consejos clave. Uno de los más importantes es hacer visible tanto la aportación de valor como la falta de ella. Si bien confrontar directamente con un mediocre no siempre es la solución, es fundamental que se reconozcan las pequeñas victorias que surgen de la lucha por la mejora, aunque no se logren cambios estructurales inmediatos.
El mensaje es claro: aunque la mediocridad sea un mal colectivo difícil de erradicar, existen formas de sobreponerse a ella. Sin duda, Mediocres y Cía ofrece una lectura imprescindible para comprender cómo enfrentarse a este fenómeno dentro de nuestras organizaciones.
Mediocres y Cía es un manual que se adentra en las dinámicas de la mediocridad y sus efectos en las organizaciones, escrito por Manuel Balsera, quien aporta su visión de exdirectivo y consultor. Una obra que, a través de su análisis, invita a reflexionar sobre cómo, a pesar de la innovación y el talento, la mediocridad sigue ocupando un lugar destacado en las estructuras de poder.
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