Los niños asesinos es la nueva sensación noticiosa del momento en Venezuela. El amarillismo vende, y en eso los venezolanos somos expertos.
Nos hemos vuelto expertos consumidores y replicadores de noticias de este estilo. Nos encanta ver la foto sangrienta, las tripas de una víctima de la inseguridad o la cabeza de ojos inertes del malandro tiroteado en plena calle; pero nuestras neuronas no dan para más.
Disfrutamos el morbo del asesinato o del escándalo mediático, pero no aportamos, no hacemos nada para que este tipo de situaciones no se sigan repitiendo, mientras seguimos viendo un país cada vez más descompuesto.
En mi nuevo podcast hablo de los niños asesinos de Sabana Grande, un caso más de niños abandonados a su suerte, a la suerte de crecer en las calles de un país violento que se jacta de tener el perfil del Ávila más bonito o la cascada más alta del mundo, pero que no hace nada por sacar del poder a unos políticos de mierda que nos han hecho ser el hazmerreír del planeta.