Hoy en día, las familias se están debilitando cada vez más. Son más las personas que deciden no tener hijos por la situación de la sociedad y la incertidumbre.
Actualmente se ve a la familia como una ideología, pero la familia no es una idea o una cultura, ni un intento social, la familia es un diseño divino que se originó en el corazón de Dios.
Cuando decidimos formar familias, lo hacemos basado en nuestras concepciones y en lo que hemos experimentado, a prueba y error, porque nadie nos enseñó a construir familias, nadie nos eseñó a ser padres.
Si Cristo no es el fundamento de nuestra familia, tenderá a derrumbarse. La palabra de Dios no solo es para personas individuales, sino también para familias enteras. Por eso, como padres debemos esforzarnos por escuchar la palabra de Dios y obedecerla, porque una vida de obediencia tiene el potencial de cambiar el destino de todo un linaje familiar.
Mediante nuestra comunión y conexión con Dios no solo dejamos una herencia, sino también un legado que trascienderá generaciones.