La obediencia a Dios garantiza sus bendiciones sobre nosotros. Dios quiere bendecirnos, por eso, nos motiva a obedecer su palabra.
Cuando nos negamos a obedecer la palabra de Dios, estamos evidenciando que seguimos siendo victimas del diablo.
Si queremos ir al cielo, tenemos que aprender a obedecer a Dios en la tierra. En el cielo no cabe ningún desobediente.
Obedecer a Dios no es fácil, y las expectativas de nuestra obediencia son altas. Pero cuando nos rendimos a su palabra, sus promesas se cumplen en nosotros y nuestra vida se convierte en testimonio de cómo Dios bendice a quienes le siguen de verdad