Muchos de nosotros necesitamos que Dios nos encuentre otra vez, porque aunque estemos en casa, nuestro corazón puede estar lejos de Él. Tal vez esta sea la oportunidad de muchas de encontrarnos de nuevo.
Hay personas que se alejaron de Él para irse a los placeres del mundo. Pero hay otras personas que se han perdido sin necesidad de irse de casa. Hay hijos que se van de casa pero nunca vuelven porque nunca se sintieron parte de la casa, nunca se sintieron pertenecientes.
Podemos estar lejos de Dios cuando decidimos irnos de casa, pero aún podemos estar perdidos estando dentro de casa. Queremos de Dios la bendición, pero no queremos a Dios que nos da esa bendición. Lo que recibimos de Dios nunca va a sustituir quien es Dios.
Hay personas que caen en el engaño de tener algo que querían y pensar que eso es Dios. Lo que Dios nos puede dar no se iguala con su presencia en nuestras vidas. El hijo se fue pero el padre nunca dejó de ser padre. Jesús vino para que nos diera un corazón de hijo con Dios.
Podemos alejarnos, equivocarnos, tocar fondo, desperdiciar años de nuestra vida, pero si un día volvemos a Dios, el nunca dejará de amarnos, Él estará esperándonos para restaurar nuestro corazón.