En esta temporada de renovar nuestro pacto con Jesús, necesitamos sensibilizarnos y ser más conscientes de su muerte, necesitamos encontrarnos con ese amor que muchas veces nos cuesta trabajo entender.
Jesús fue un hombre que conoció el dolor; Él no era preso de vacíos ni traumas y aún teniendo su vida resuelta, eligió el sufrimiento. La mayoría de nosotros no queremos sufrir, evitamos el dolor, si algo nos incomoda lo dejamos o lo abandonamos inmediatamente.
Cuando pasamos por crisis y dificultades, pensamos que Dios no ha escuchado nuestras oraciones. El dolor nos puede llevar a creer que Dios nos ha abandonado o que no nos ayuda, y eso comienza a mermar nuestra fe.
Empezamos a preguntarnos si nos está castigando o simplemente ignorando. Pero hay momentos en nuestra relación con Dios que no podemos huir del sufrimiento. El dolor en nosotros fue planeado por Él para encaminarnos a nuestro propósito.
No hay otro camino para que realmente podamos ser transformados, eso dolor nos lleva a confrontar cosas que no hemos trabajado y nos apega al plan de Dios.
Aun en medio de la dificultad y el dolor, siempre podemos encontrarnos con ese amor que transforma nuestras vidas, porque Él ya pagó el precio en la cruz.