Andrés, de treinta y cinco años, descubre tras la muerte de su respetado padre un cuaderno oculto en su despacho. Este documento revela que su fortuna familiar se amasó sobre un crimen atroz, el progenitor ordenó incendiar la nave de un competidor en mil novecientos noventa y siete, asesinando despiadadamente al vigilante nocturno. Además, sobornó a las autoridades para encubrirlo y humilló a la viuda. Al confrontar a su madre, ella admite ser cómplice por ambición. Horrorizado por esta tremenda vileza, Andrés repudia a su familia, denuncia los hechos al juzgado y entrega su herencia íntegra a los tres hijos.