Roma no solo fue el corazón de un imperio, sino un hervidero de costumbres asombrosas. ¿Sabías que los romanos usaban orina para blanquearse los dientes? Gracias a su amoníaco, era un ingrediente clave en sus dentífricos. Además, en los banquetes más opulentos, los comensales se recostaban en divanes para comer, llegando a provocar el vómito para seguir disfrutando de los manjares.
En el Coliseo, no todo eran luchas; se inundaba la arena para recrear batallas navales reales, las llamadas naumaquias. Sorprendentemente, el rojo de los gladiadores era tan codiciado que las mujeres compraban su sudor como cosmético. Fascinante y extravagante