La música, ese arte creado por el hombre para engrandecer su espíritu. La música amansa a las fieras y embellece el mundo. Desde los primeros Tam tamps, golpeando un tronco con unos palos, hasta la guitarra eléctrica, el hombre ha creado un sinfín de instrumentos musicales para hacernos deleitar con sus melodías. Y la música ha hecho mover el cuerpo desde sus inicios, danzas, bailes, movimientos circulares y saltos han establecido toda una conexión entre el sonido y la expresión corporal. Todos los pueblos del mundo tienen sus músicas representativas, todos sus danzas características, el sonido de algún instrumento ha sido desde siempre una manera de unificar cuerpo y alma. Y la danza quizá sea la primera expresión del hombre, su primer lenguaje, su primer arte. La danza es un don de los humanos con el que es posible expresar la presencia del espíritu en su cuerpo. A través de la danza se conecta el hombre con sus divinidades, con su centro espiritual. Un ejemplo de ello son las danzas sufíes, donde los derviches bailan girando y girando sobre si mismos hasta alcanzar el éxtasis místico. La música y la danza, el baile y el sonido, dos elementos que tenemos para conectar con lo divino. Esta noche en nuestro divino desván hablamos de músicas sagradas, de danzas místicas del mundo, de una vieja fórmula de conexión con el más allá.