¿Somos conscientes de la importancia que tienen nuestros pensamientos a la hora de crear nuestra realidad? Y, concretamente, ¿somos conscientes de la fuerza que tienen nuestras creencias, es decir, lo que creemos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre la vida a la hora de condicionarnos en nuestra día a día? Porque, en realidad, somos, en buena parte, lo que creemos que somos. Desde nuestra subjetividad nos construimos como sujetos y nos relacionamos con los demás y con el mundo. Y al relacionarnos, vamos construyendo una interpretación de éste, que acaba siendo lo que llamamos nuestro mundo, y de la vida, que acaba siendo nuestra vida. Nuestro sistema de creencias inconscientes, nos guste o no, modela nuestra realidad subjetiva (actitudes, pensamientos, emociones, autoestima y proyecciones) y, en consecuencia, nuestra respuesta al entorno. Del mismo modo que nuestras creencias pueden actuar como freno para nuestra realización, también es cierto que, además, en la dimensión contraria, pueden hacer las veces de trampolines o de alas. Porque somos nosotros quienes a partir de nuestras actitudes y creencias construimos nuestras realidades. Es decir, lo que creemos es lo que creamos.