A todos nos gusta perder el control de vez en cuando porque así nos liberamos de nuestras tensiones cotidianas. Y cada uno tenemos nuestras propias maneras de desprendernos del yo durante el día, a lo largo de la semana. Uno puede entregarse a un ritual a la hora del baño, encendiendo unas velas, otros tal vez prefieran la lectura de un libro o se dediquen a la jardinería, o vayan a dar un paseo por el campo. El deporte, desde sus formas más suaves como correr a sus extremos como el barranquismo pueden ser formas de liberarte de las tensiones del cuerpo.
Pero hay otras formas más profundas de perder el control, como la contemplación profunda, la meditación, el consumo de sustancias psicodélicas, durante alguna sesión de sexo extraordinario, con encuentros cercanos a la muerte o a través de experiencias espontáneas de trascendencia. En cualquiera de esos momentos profundos de pérdida del yo, las personas nos sentimos intensamente conectadas con algo mayor que nosotros, la naturaleza, el cosmos, la humanidad, Dios…es lo que se conoce como éxtasis, que literalmente significa “estar fuera de uno mismo”.