En el siglo XIX, un solo barco podía sembrar el terror en toda una ciudad. El cólera, una enfermedad originaria de la India, viajó como pasajero oculto en la era de los barcos de vapor y el comercio global. Vibrio cholerae, una bacteria diminuta, viajaba en el agua contaminada, invisible a los ojos, pero capaz de matar en cuestión de horas por deshidratación brutal.