Buenas noches, Mara. El tema de hoy es fuerte. Y, claro, yo me he metido en el asunto de cabeza. Sé que la palabra “complejo” da para mil cosas: desde la dificultad de algo hasta el complejo termal donde pasar el fin de semana. Pero hay algo fascinante también referido al complejo y que tampoco tiene que ver con lo complicado o lo enmarañado de las cosas, sino con nuestras perturbaciones, con nuestras represiones, con aquello que escondemos u ocultamos de nosotros porque nos desagrada. Los complejos son eso. Y el de los complejos es un mundo oscurísimo, secreto, que cada cual lleva a su manera, generalmente mal. Si alguien te dice que eres complejo, puede haber ahí (incluso) un punto de elogio, pero como te digan que eres raro pueden estar dando en la diana de un complejo. Un ser humano es también todo aquello que niega de sí mismo. Cuando alguien dice que no tiene complejos, desconfío. Las personas sin complejos suelen ser muy arrojadas en lo que dicen, pero en el fondo muy conservadoras en los hechos, y muy terribles con los otros. El sujeto sin complejos, antes o después, puede terminar siendo un ‘sincericida’. Así que es preferible un cauto a un desacomplejado. La literatura está llena de síndromes y patologías de este tipo. Algunos son incluso divertidos (desde fuera) como el Complejo de Peter Pan (negarse a crecer)