Probablemente el mayor error que Hitler cometió en Rusia. Cuando las cosas empezaron a pintar mal para los alemanes durante el primer invierno, Hitler ordenó a sus tropas que nunca se retirasen bajo ninguna circunstancia. Es una medida un tanto descabellada si se analiza fuera del fanatismo, dado que no tiene mucho sentido dejar que masacren a las tropas ante un enemigo que las supera en número y/o en potencia de fuego.
Stalin también era defensor de esta cuestionable doctrina, prefiriendo también anteponer el orgullo a la vida de sus sufridos hombres. En el caso de Hitler, esta medida fue un error garrafal también por otro motivo: la ventaja táctica de los alemanes residía en la movilidad de sus efectivos.
Habría sido infinitamente más eficaz retirarse a tiempo y contraatacar con eficacia. El único general que tuvo valor en contradecir a Hitler sobre este asunto fue Erich von Manstein, aunque pagó un precio bastante elevado (fue relevado del mando en marzo de 1944 tras salvar a las tropas atrapadas en el mítico Cero de Korsun-Cherkassy).