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No se puede ser exigente si no estás dispuesto a dar lo mismo que pides.
Esa frase me la dije a mí mismo esta semana. Y no me gustó lo que encontré. Porque exigir es fácil. Exigir apunta hacia afuera. Dar sale de ti, y eso cuesta.
En este episodio revisamos cuatro áreas: cuerpo, conciencia, conexión y capital. Y en las cuatro pasa lo mismo.
Le exiges energía a tu cuerpo todo el día, y le das cuatro horas de sueño.
Le exiges claridad a tu cabeza, y no le das ni diez minutos de silencio.
Le exiges a tu pareja tiempo y atención, y llegas a casa con el teléfono en la mano.
Le exiges a tu equipo compromiso, y no le das claridad sobre hacia dónde va la empresa.
Lo curioso es que en las cuatro sientes que tienes razón. Porque lo que pides es justo. El problema no es lo que pides. Es que no lo estás dando.
Te dejo una sola tarea para esta semana, y una idea que casi nadie espera: por qué, cuando empiezas a dar, dejas de tener que exigir.
Si últimamente sientes que pides y pides y nada cambia, este episodio es para ti.
Escuché una idea que me dejó pensando: que dejar tu peor hábito cambia tu vida más que empezar uno bueno.
Y la explicaban con una imagen muy simple. De nada sirve echarle agua a un vaso que tiene un agujero.
Piénsalo un segundo, porque describe exactamente lo que hacemos. Cada enero echamos agua. Nos anotamos en el gimnasio. Compramos la agenda. Nos levantamos más temprano. Agregamos, agregamos, agregamos.
Y casi nunca hacemos la otra pregunta: ¿por dónde se me está yendo? Tu tiempo. Tu energía. Tu dinero. Todos los días se te va algo por un agujero que no estás mirando.
Tú ya sabes cuál es el agujero en tu vaso. No tengo que decírtelo.
En este episodio hablo de:
Por qué el agujero no se ve, y el agua que echas sí, y qué tiene que ver eso con que nadie hable de este tema.
Por qué tu peor hábito nunca aparece en tus metas de enero.
Por qué no funciona taparlo primero y llenarlo después, y qué hacer en su lugar.
Si llevas años agregando cosas buenas a tu vida y aun así sientes que no avanzas, este episodio es para ti.
Hay días en que parece que el mundo no cambia. Abres el teléfono y son malas noticias. Guerras, conflictos, gente peleando dentro y fuera del país. Y sin darte cuenta, te dejas ganar por eso.
En este episodio te propongo un ejercicio rápido. Si estás manejando, escúchalo y hazlo después. Vas a mirar a tu alrededor y contar cuántos objetos ves de un color. Y después te voy a hacer una pregunta que casi nadie contesta bien.
Lo que descubres en ese ejercicio es lo mismo que pasa con las noticias: lo que no buscas, no lo ves.
No te voy a pedir que ignores lo malo. Está ahí, y es real. Te voy a pedir que te acuerdes de que no es lo único. Hay muchísima gente haciendo lo correcto, y no sale en las noticias. No porque no exista, sino porque nadie la está buscando.
También te cuento por qué me obsesiona tanto construir una comunidad como Retadores, donde empresarios latinos empezamos la conversación por lo que ya logramos y no por lo que nos falta.
Si últimamente sientes que todo va para peor, este episodio es para ti.
Todos los enlaces y el alta al mensaje diario: https://christianabad.com/enlaces
Hoy quiero hacer algo distinto. No te voy a enseñar nada. Voy a decir unas palabras en voz alta, y al final te voy a pedir que hagas lo mismo.
Me perdono por haberme juzgado más de la cuenta.
Me perdono por las palabras que me dije a mí mismo y que jamás le diría a nadie más.
Me perdono por mis frustraciones. Por mis corajes. Por el rencor que guardé contra mí.
Me perdono por haber mirado tanto lo que no tenía, y tan poco lo que sí logré.
Hay algo que tardé años en entender. La intención estaba ahí. El esfuerzo estaba ahí. El trabajo estaba ahí. Lo que faltaba no era que yo fuera mejor. Era tiempo. Y el tiempo no se acelera por castigarse.
Yo creo que hay metas que tienen su momento, y ese momento no lo decido yo. Mi trabajo es seguir haciendo lo que me toca mientras llega.
Este es un episodio distinto a los demás. Es un ejercicio. Te recomiendo escucharlo en un momento tranquilo, sin prisa, porque al final te voy a pedir que completes una frase tú mismo.
Si llevas tiempo siendo más duro contigo que con cualquier otra persona, este episodio es para ti.
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Seguro la has visto en redes: a veces no sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda.
Es una frase cierta. Y también es una trampa.
Yo descubrí mi fuerza así, durmiendo tres meses en una oficina en pleno invierno, cuando no había otra salida. Y es verdad, ahí supe que podía más de lo que creía. Pero fíjate en lo que esa frase te enseña sin decirlo: que la fuerza aparece cuando ya no hay opción. Que hay que llegar al límite para conocerla.
En este episodio hablo de:
Por qué esa idea hace que esperes a la crisis para moverte.
El empresario que solo rinde cuando todo se está cayendo, y por qué vive apagando incendios sin darse cuenta.
La diferencia entre aguantar y ser fuerte, y por qué tantos le llaman virtud a lo que en realidad es desgaste.
Las dos clases de fuerza: la que te saca del hoyo, y la que eliges cuando todavía tienes opciones.
Si llevas tiempo esperando a que no te quede otra opción para hacer lo que sabes que tienes que hacer, este episodio es para ti.
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Ironías de la vida. Decimos creer en Dios, y siempre encontramos la forma de irnos en contra de su voluntad.
Creo que la voluntad de Dios conmigo es clara: que use cada una de las habilidades que me dio para transformar algo en este mundo. Y lo curioso es que casi nunca me desvío por hacer algo malo. Me desvío por cuidarme.
Hay una parábola que lo explica mejor que yo. Un hombre se va de viaje y le deja dinero a tres de sus siervos. Los dos primeros ponen a trabajar lo que recibieron, y lo duplican. El tercero hace algo que parece sensato: tiene miedo de perderlo, así que lo entierra. Cuando el señor vuelve, le devuelve exactamente lo que le dio. Ni un peso menos.
Y es a ese al que el señor reprende.
No al que perdió. Nadie perdió nada. Al que por miedo no hizo nada.
En este episodio hablo de:
La ironía que casi nadie nota en la parábola de los talentos.
Por qué ese siervo seguramente pensó que estaba siendo fiel, cuidadoso y responsable.
La diferencia entre hacer algo malo y enterrar lo que te dieron.
Por qué lo que te aleja de tu propósito casi nunca se siente como desobedecer, sino como ser prudente.
Si hay algo que sabes que funcionaría y todavía no lo lanzas, este episodio es para ti.
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Hay algo que me frustra más que casi nada: ver la capacidad que tiene una persona, y ver al mismo tiempo lo poco que la valora.
Me pasa casi siempre en las sesiones de coaching. Hablamos media hora, a veces más, y llega un punto en que creo más en ellos de lo que ellos creen en sí mismos. Tengo una frase que les digo seguido: si no desarrollas la capacidad de ver lo que tienes, no me va a quedar otra que prestarte mis ojos, para que veas lo que yo veo.
Y lo que yo veo casi siempre es un hombre que valora cada minuto de su día, que se levanta a ejercitarse aunque no tenga ganas, que saca tiempo para sus hijos en medio de todo, y que sostiene un negocio que a otros ya los habría quebrado. Y ese mismo hombre, sentado frente a mí, me dice que siente que no está haciendo suficiente.
En este episodio hablo de:
Por qué desde adentro del problema no se ve el tamaño de nada, ni de lo que falta ni de lo que ya lograste.
Lo que me ha pasado cuando me ha tocado estar del otro lado de la silla.
Las dos preguntas que te dejo al final, y por qué la segunda es la que casi nadie se hace.
Si últimamente sientes que no estás haciendo suficiente, este episodio es para ti.
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Hace unos días fui al hospital a visitar a un familiar que está muy delicado de salud. Iba caminando por el pasillo y de pronto sentí algo raro en el cuerpo. Me acerqué a la pared para no caerme. Y en cuestión de segundos empecé a temblar. Un temblor que no podía controlar. Terminé casi en el piso.
No es la primera vez que me pasa algo así. Soy muy sensible a la energía, y esa es mi forma de entender lo que viví.
Esa experiencia me hizo recordar algo que aprendí hace años con uno de mis mentores: que cuando algo nos golpea y no lo procesamos, se queda atrapado en algún lugar. Y muchas veces ese lugar es el cuerpo.
No necesitas creer en la energía para saber que algo de eso es cierto. Lo que no sueltas por dentro, termina apareciendo por fuera.
La mandíbula apretada toda la noche.
El dolor de cabeza que llega siempre a la misma hora.
El nudo en el estómago antes de una conversación difícil.
El cuello y la espalda cargando lo que no te atreves a soltar.
En este episodio te comparto lo que viví en ese pasillo, y una pregunta que vale la pena hacerte. Prestarle atención a tus emociones no reemplaza al médico. Si algo te duele, ve primero al médico. Pero después, la pregunta de fondo también hay que hacerla.
Si tu cuerpo lleva tiempo diciéndote algo y todavía no lo escuchas, este episodio es para ti.
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Puedes con todo. Pero no al mismo tiempo.
Piensa en un malabarista. Tiene cinco pelotas en el aire y parece que las sostiene todas. No es así. En cualquier momento tiene una sola en la mano, o dos como mucho. Las demás están volando. El malabarista no es bueno porque sostiene todo. Es bueno porque sabe cuál soltar, y cuándo.
Y tú estás intentando lo contrario. El cliente que necesita respuesta hoy. El evento del colegio de tu hijo. El pago que vence el viernes. El gimnasio que llevas tres semanas saltándote. Todo en la mano, al mismo tiempo, y apretando.
En este episodio hablo de:
Por qué la pregunta de siempre, qué es lo urgente, casi nunca te lleva a la respuesta correcta.
La diferencia entre las pelotas de goma, que rebotan cuando se te caen, y las de vidrio, que no vuelven.
Lo que de verdad se rompe cuando lo dejas para después.
Por qué pedir ayuda no es admitir que no puedes, sino meter otro par de manos al malabarismo.
Si esta semana sientes que lo estás sosteniendo todo al mismo tiempo, este episodio es para ti.
¿Cómo amaneciste hoy?
Hay una frase que se volvió muy común aquí en Estados Unidos. Blue Monday. Lunes azul. Y es una frase inofensiva. Nadie la dice con mala intención. Pero fíjate en lo que está declarando: que hay un día de la semana que ya viene malo. Que uno de cada siete está perdido antes de empezar. Son cincuenta y dos lunes al año.
Alguien sembró eso, y muchos lo repetimos.
En este episodio te comparto cuatro frases más que suenan a sabiduría, y que te están instalando algo sin que lo notes. Yo las he dicho todas.
Más vale malo conocido que bueno por conocer.
Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo.
No te hagas muchas ilusiones.
Ya estás grande para eso.
Te las dijeron en casa, en el trabajo, entre amigos. Y las cuatro tienen algo en común que casi nadie ve: te protegen de la decepción. Y funcionan. De verdad funcionan.
El problema es el precio. Una vida sin decepciones es una vida sin intentos.
No te voy a pedir que seas optimista, porque el optimismo tampoco cambia nada por sí solo. Te voy a pedir algo más incómodo: que revises de dónde salió lo que piensas. Porque hay ideas que no escogiste. Te las pasaron, las repetiste, y ahora las llamas tu forma de ver la vida.
Si hoy es lunes y ya lo estás viviendo como un día perdido, este episodio es para ti.
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Construiste el negocio. Cumpliste las metas. Y aun así, algo no cuadra.
El Método ABAD: Para el Empresario Latino es el podcast diario de Christian Abad. Tres minutos al día para el líder que quiere ganar en los negocios sin perder lo que más importa.
Sin rodeos. Sin relleno. Una idea que golpea.
Todos los días. Para siempre.