El Método A.B.A.D. Para el Empresario Latino

El Método A.B.A.D. Para el Empresario Latino

By Christian AbadEducationSelf-Improvement
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El Método A.B.A.D. Para el Empresario Latino episodes

  • Lo que necesitas no es apoyo, es que te pregunten

    Seguro lo has escuchado. Despiértate temprano y no se lo digas a nadie. Empieza a entrenar y no se lo digas a nadie. Monta tu empresa y no se lo digas a nadie.

     

    Yo me lo creí durante años.

     

    La lógica suena bien. Si lo cuentas, alguien con su energía negativa te lo va a dañar. Mejor en silencio. Pero fíjate en lo que ese consejo asume. Asume que toda la gente a tu alrededor está esperando que fracases. Y si eso es cierto en tu caso, tienes un problema más grande que tu meta.

     

    Yo hago lo contrario, y lo hago por dos razones distintas.

     

    La primera es un círculo pequeño. Tres o cuatro personas en quienes confío de verdad. Les cuento lo que quiero construir y casi siempre me ayudan a encontrar la mejor forma de hacerlo. A veces vemos juntos que la idea no era la correcta y hay que cambiarle el rumbo. Pero lo que más me sirve de ellos no es eso. Es que a los quince días me preguntan: oye, ¿cómo vas con eso?

     

    El apoyo te acompaña. La pregunta te obliga a tener una respuesta.

     

    La segunda razón es la que casi nadie usa. Yo digo en público lo que voy a construir antes de tenerlo. Dije que iba a hacer la aplicación Reto100. La hicimos. Dije que iba a armar Retadores, un grupo de empresarios latinos. Estamos en eso ahora mismo.

     

    Y no lo digo para que me aplaudan. Lo digo porque sé cómo soy en los días malos.

     

    En este episodio hablo de:

     

    Por qué el consejo de guardar silencio asume algo muy feo sobre la gente que te rodea.

     

    La diferencia entre un círculo que te ayuda y un grupo que solo te aplaude.

     

    Por qué el silencio es cómodo, y qué te está permitiendo no hacer.

     

    Para qué sirve decir en voz alta lo que todavía no has construido.

     

    Por qué unos pocos que te pregunten pesan más que muchos que te critiquen.

     

    Si hay algo que llevas meses construyendo en secreto, este episodio es para ti.

    4 min
  • Rendirse no es lo mismo que soltar

    Claro que tengo miedo. No sería humano si no lo tuviera.

     

    Hay días en que el estrés es tan grande que quisiera parar. No bajar el ritmo. Parar. Y llevo años esperando que eso desaparezca cuando lleguen los resultados. No desaparece. Solo cambia de tamaño.

     

    Cuando era niño, mi padre tenía un pizarrón pequeño en su oficina. Siempre decía lo mismo: Never give up. Me repetía que la vida no iba a ser fácil, que iba a enfrentar problemas y dificultades. Y me decía una frase que todavía escucho: "Hijo, cuando sientas que no puedes más, solo piensa que rendirse no es una opción."

     

    Con los años entendí algo que él no me explicó. Y creo que hay que decirlo, porque esa frase mal entendida ha hecho daño.

     

    Rendirse no es lo mismo que soltar.

     

    Soltar es dejar un camino. Un negocio que no funcionó. Una sociedad que se acabó. Una meta que ya no es tuya. Soltar eso no es debilidad, es criterio.

     

    Rendirse es otra cosa. Rendirse es dejarte a ti. Es dejar de intentar cualquier cosa, aceptar que así va a ser tu vida y acomodarte ahí.

     

    En este episodio hablo de:

     

    Por qué el miedo no desaparece cuando llegan los resultados, y qué hacer con eso.

     

    La diferencia entre soltar un camino y abandonarte a ti mismo, que es la distinción que casi nadie hace.

     

    Por qué se vale dudar, se vale aceptar que hoy no eres tan fuerte como creías, y se vale pedir ayuda. Yo la he pedido.

     

    La prueba del día siguiente: la única forma práctica de saber en cuál de las dos estás.

     

    Lo que de verdad me estaba escribiendo mi padre en ese pizarrón, y que me tomó años entender.

     

    Si hoy es uno de esos días en que quisieras parar, este episodio es para ti.

    3 min
  • Los días que destruyen se sienten igual que los días normales

    El efecto compuesto no distingue dirección. Funciona igual construyendo que destruyendo.

    Nadie destruye un matrimonio en un día. Primero dejan de hablar de ciertos temas, después dejan de tocarse, después uno se acostumbra. Y un día alguien pregunta qué nos pasó.

    Nadie sube treinta libras un martes.

    Lo incómodo es que los días que destruyen se sienten exactamente igual que los días en que no pasa nada.

    3 min
  • Y él no aceptó mi no

    Mi primera relación terminó de golpe y me quedé sin dónde vivir. Dormí tres meses en una oficina pequeña, sobre un mueble negro, en pleno invierno de Nueva York. Pasé Acción de Gracias solo. Pasé Navidad solo.

     

    Y si me hubieras preguntado cómo estaba, te habría dicho que bien.

     

    Yo no estaba pidiendo ayuda. Yo estaba funcionando. Hasta que un tío me encontró en la calle y me miró la cara.

    3 min
  • Nunca hay un momento en que digas: esto estuvo bien

    Terminas algo importante y en vez de reconocerlo, ya estás pensando en lo que falta. Te felicitan y lo minimizas. Cierras el mejor mes del año y lo primero que haces es preguntarte si el siguiente va a estar igual.

     

    Hace más de dos mil años, un monje que practicaba hasta que le sangraban los pies recibió una pregunta extraña de su maestro: ¿qué pasa cuando las cuerdas de un instrumento están demasiado tensas?

     

    El problema no es que suene mal.

    3 min
  • Tenía la mentalidad perfecta y llevaba dos años estancado

    Uno de mis clientes llevaba dos años estancado. Lo primero que revisamos fue su mentalidad, y ahí me llevé una sorpresa: estaba bien. Energía, ganas, optimismo real.

    Y esa era exactamente la razón por la que no avanzaba. Le habían dicho mil veces que todo empieza por la mentalidad, así que cuando el negocio no crecía, trabajaba más su mentalidad. Estaba puliendo lo único que no estaba roto.

    Tenía cinco personas excelentes en su equipo y no las estaba usando.

    4 min
  • La bendición no está en lo que pasó

    ¿Cómo le gano a una crisis? Es una pregunta que me llega seguido en las sesiones de coaching, y que también me he hecho yo más de una vez.

     

    Cuando estás dentro del problema no estás pensando, estás reaccionando. Y todo eso se siente como analizar la situación. No lo es. Es el miedo hablando rápido.

     

    Aquí te comparto la única imagen que a mí me sirve en medio de una crisis, y por qué la bendición casi nunca está en lo que pasó.

    3 min
  • Sí se puede solo, pero se paga en años

    Para transformar tu vida hacen falta tres piezas: un mentor, una metodología y una comunidad. Y te lo digo habiendo hecho el cambio más grande de mi vida sin ninguna de las tres.

     

    Sí se puede solo. Lo que nadie te cuenta es lo que cuesta.

     

    Ahí está el curso que compraste y abandonaste en el módulo tres. No te faltó información. Te faltó alguien que notara que paraste.

     

    La comunidad de la que hablo es Retadores, en retadores.com

    3 min
  • Lo que me costó más que dejar el alcohol

    Durante años le pedí a mi padre que dejara de tomar. Yo tomaba más que él.

     

    Lo mío ya no era el fin de semana ni la reunión con amigos, que es donde uno lo esconde. Era diario, y casi siempre solo. Aceptar la palabra alcohólico me costó más que dejar el trago.

     

    Hace doce años me hice una promesa y empecé a contar los días. Uno, dos, tres. Pasé los cincuenta, pasé los ochenta. Y un día me di cuenta de que había dejado de contar.

    3 min
  • Lo que nadie te cuenta de sobrevivir

    El 11 de septiembre de 2001 yo estaba en el piso 31.

    Bajé. Y durante años seguí viviendo como si tuviera todo el tiempo del mundo.

    Esa es la parte que casi nadie cuenta de sobrevivir: que el susto se pasa, y uno vuelve a las mismas prisas. En este episodio te cuento cuándo dejé de vivir así.

    4 min

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Construiste el negocio. Cumpliste las metas. Y aun así, algo no cuadra.