La experta explica que, debido a una capacidad auditiva muy superior a la humana, las mascotas perciben las explosiones como una amenaza mortal, lo que desencadena instintos de supervivencia extremos que pueden derivar en accidentes fatales, crisis epilépticas o paros cardíacos. Ante la dificultad de erradicar estas tradiciones ruidosas, Rosa nos propone estrategias paliativas esenciales como no castigar al animal por su miedo, proporcionar refugios aislados y consultar con profesionales sobre el uso de feromonas o fármacos. Finalmente, hace una llamada a la empatía y la responsabilidad de los tutores para evitar el abandono y proteger a sus compañeros de vida durante las festividades.