Durante diecisiete años, los habitantes de la ciudad de Florencia (Italia) vivieron intranquilos ante los atroces asesinatos que un individuo sin identificar estaba llevando a cabo. Entre 1968 y 1985, hasta dieciséis homicidios fueron realizados sin dejar ningún testigo.
El "modus operandi" siempre era el mismo y era realizado de manera sistemática: el apodado "Monstruo de Florencia" disparaba en lugares normalmente aislados a parejas de jóvenes y después les apuñalaba. Posteriormente, mutilaba con precisión como trofeo, los órganos sexuales de sus víctimas femeninas.