El mantenimiento y la conservación de las estructuras de obra civil en España
constituyen un pilar fundamental para garantizar la seguridad, la funcionalidad y la
sostenibilidad económica de la red de infraestructuras nacionales. Estas estructuras —
puentes, viaductos, túneles, presas y firmes— representan no solo una inversión
económica masiva, sino también el soporte físico indispensable para la cohesión
territorial y la competitividad económica del país. La gestión de la conservación abarca
el conjunto de acciones técnicas, administrativas y económicas planificadas para
mantener las infraestructuras en un estado de servicio adecuado a lo largo de su vida
útil. A diferencia de una visión puramente reactiva (reparar cuando falla), la gestión
moderna se centra en la proactividad y la optimización de recursos. La justificación
de esta disciplina se basa en el principio de que la inversión periódica en mantenimiento
preventivo es siempre más eficiente y rentable que afrontar reparaciones mayores o la
sustitución prematura de activos, lo que mitiga riesgos de colapsos, interrupciones de
servicio y costosas desviaciones de tráfico.