A las ocho y media de la mañana del 15 de febrero de 1894, en la pequeña ciudad de
Nya Lidköping, en la provincia de Västergötland, al suroeste de Suecia, una chispa —
quizá originada en una lámpara de gas, tal vez en un motor sobrecalentado— encontró
en el polvo de lana acumulado durante meses el combustible perfecto. En cuestión de
minutos, un incendio devoró el edificio principal de la Lidköpings Yllefabrik, una
fábrica textil propiedad del empresario Carl Johan Pettersson. Dentro, más de 150
trabajadores —la inmensa mayoría mujeres y niñas de entre 10 y 20 años— se
hallaban ya en plena jornada laboral. Muchas no lograron salir. Al menos 23 personas
murieron asfixiadas o calcinadas, y otras decenas sufrieron heridas graves. Fue el
desastre industrial más letal en la historia de Suecia hasta ese momento, y uno de
los más graves en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.