Hablar del hinduismo es, desde el inicio, enfrentarse a un desafío conceptual. ¿Se trata
de una religión? ¿De una filosofía? ¿De una forma de vida? Estas preguntas,
aparentemente sencillas, revelan una tensión fundamental: la categoría de “religión” es
un constructo moderno, de origen europeo, que no encaja fácilmente con las realidades
del subcontinente indio. El término “hinduismo”, en particular, no existía en ninguna
lengua india antes del siglo XVIII. Fue acuñado por administradores coloniales
británicos, misioneros y orientalistas para agrupar bajo una sola etiqueta una multitud de
prácticas, creencias, rituales, cosmologías y sistemas éticos que, a sus ojos, parecían
compartir ciertas características comunes.