A las 8:57 de la mañana del 24 de abril de 2013, en Savar —una localidad a las afueras
de Dhaka, la capital de Bangladés—, el suelo tembló. No fue un terremoto, sino el
derrumbe de un edificio de ocho plantas, el Rana Plaza, que albergaba cinco fábricas
textiles, una tienda y oficinas administrativas. En cuestión de segundos, más de 3.000
personas quedaron atrapadas bajo 120.000 toneladas de hormigón, acero y ladrillo. Para
el 11 de mayo, cuando se dio por concluida la operación de rescate, se contabilizaban
1.134 muertos y más de 2.500 heridos. Era, y sigue siendo, el desastre industrial más
letal en la historia de la industria de la confección global