A las 14:28 del 13 de septiembre de 1978, un Douglas DC-8-63PF de la aerolínea
española Spantax, procedente de Múnich (Alemania Occidental) con 109 ocupantes a
bordo, se estrelló en el monte Pico Sacro, a apenas tres kilómetros del aeropuerto de
Santiago de Compostela—entonces conocido como aeródromo de Lavacolla—, durante
una aproximación fallida en condiciones de baja visibilidad. No hubo supervivientes.
Fue, en ese momento, el accidente aéreo más mortífero en suelo español desde el
desastre de Los Rodeos en Tenerife, ocurrido apenas dieciocho meses antes. Pero más
allá de las cifras y del luto nacional, el siniestro de Lavacolla encarnó una paradoja
histórica: ocurrió en plena Transición democrática, en un país que intentaba reconstruir
sus instituciones mientras aún arrastraba las inercias del antiguo régimen, incluidas las
deficiencias estructurales en infraestructuras críticas como la aviación civil.