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Como hemos señalado en podcasts anteriores, derogar la LUC es, citando a Paul Valery, entrar a un nuevo tiempo caminando de espaldas.
En la educación, la opción es acompañar a las nuevas autoridades, que responden a la orientación general del gobierno que eligió el pueblo, o retroceder a un sistema educativo dominado por corporaciones gremiales como la Fenapes, modelo de una burocracia sindical abusiva y tramposa, tal cual ha quedado en comprobada evidencia.
En la LUC se plebiscitarán las políticas de seguridad ciudadana. La del gobierno anterior, que condujo Bonomi, o la del actual, que lideró con sacrificio ejemplar Jorge Larrañaga. En eso se resume el corazón del dilema, habida cuenta de que en toda la campaña electoral el tema fue casi definitorio.
Seguir hablando del mito del «bloqueo» es una mistificación rayana en el ridículo. Desde ya que el embargo comercial estadounidense es una tontería ineficaz. Nació en su tiempo a raíz de las confiscaciones en Cuba de las empresas norteamericanas, a lo que respondió EE.UU. interrumpiendo el comercio. Como era de esperar, no sirvió para moderar al régimen sino para que se envuelva en una bandera nacionalista y se declare heroico combatiente contra la agresión imperial. Que esa medida no le sirve salvo a la monarquía cubana, no empaña la evidencia de la farsa del «bloqueo». Simplemente, porque Cuba puede comprar y vender a todo el mundo, porque la mitad de sus habitantes vive del dinero que le llega de sus compatriotas de EE.UU. y porque esa situación comercial nada tiene que ver con la naturaleza de un régimen constitucionalmente totalitario.
La oposición frentista, que se lanzó contra la LUC en un movimiento reflejo de su clásica actitud de gimnasia política, ha logrado abrir un nuevo frente de batalla. Con gran publicidad y movilización de medios, engañando y confundiendo, hasta pretendiendo que una ley democrática de un gobierno democrático se emparentaba con la dictadura, parecen haber llegado al número necesario de firmas para provocar la consulta popular.
Esta semana que pasó hemos celebrado, con actos todos los días, el centenario del nacimiento de Adela Reta, la formidable jurista, que alumbró el pensamiento humanista y la acción social del país durante toda su vida. Por su parte, el Ministerio de Educación y Cultura anuncia que el próximo Día del Patrimonio llevará el nombre de José Enrique Rodó, a 150 años de su nacimiento, bajo el lema de «Las Ideas cambian el mundo».
Todo parece indicar que deberemos aprender a convivir con la pandemia por más tiempo del que imaginamos inicialmente. Por consiguiente, el gobierno pero también -y muy especialemente- los ciudadanos deberemos seguir extremando esfuerzos para que no descarrilen ni la situación sanitaria ni la socio-económica.
Respetamos la ideología que inspira al sindicalismo, aunque la creamos perimida. Lo que resulta lamentable es que, en las circunstancias presentes, se lleve a cabo -sin pena ni gloria- un paro que, bajo diversas consignas que sirven de excusa, pretendió ser una jornada de recolección de firmas para la derogación de la LUC, vigente ya por más de un año sin que hubiera ocurrido ninguna catástrofe por ello, sino todo lo contrario.
El Presidente J. M. Sanguinetti hace referencia a la denuncia presentada ante la Corte Electoral sobre el uso abusivo de la imagen de José Batlle y Ordóñez que vienen haciendo Fenapes y PIT CNT en su propaganda televisiva contra la LUC. Es reiterada esta situación de que organizaciones vinculadas al Frente Amplio invocan la figura del gran estadista con el que se identifica históricamente el Partido Colorado, llevando al electorado a una confusión.
En esta oportunidad el ex Presidente Julio María Sanguinetti analiza la situación económica y repasa los anuncios del Presidente Lacalle Pou.
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