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En ese tono que no le cuadra, Don Yamandú pretende descalificar al Presidente de la República porque fue a liceos privados. Personalmente, soy ex alumno del IAVA y no por eso me considero con más autoridad que él para hablar de nuestra querida casa de estudios y su inolvidable biblioteca, en la que me empapé de historia griega y romana. Todos somos ciudadanos de la República, con idénticos derechos a opinar.
Se esta llegando al final de esta difícil tramitación de la ley que reforma la seguridad social. Ha sido compleja como ocurre en Uruguay y en el mundo entero.
El importante proyecto de la reforma de la seguridad social, fue un compromiso de la coalición, con el compromiso con el país dijimos, hay que hacerlo.
Cuanto la campaña electoral, dijimos y repetimos que la reforma de la seguridad social pondría a prueba la ética del sistema político uruguayo. Reclamada por Astori, Mujica y Vázquez, debía encararse en este período pese a que el Frente había desertado de esa responsabilidad, aun considerándola imprescindible. La razón es obvia: vivimos más años, los vivimos mejor y no tenemos un ritmo de nacimientos que reponga el nivel poblacional. Eso lo sabemos todos y no tenemos por qué hacer una tragedia de lo que es una bendición.
No desprecio las encuestas. Afirmo sí, que los encuestadores del mundo se han equivocado de modo tan clamoroso que son evidentes los problemas metodológicos luego de la aparición de los celulares y las redes.
Un retintín constante del Frente Amplio es calificar de «Herrerista» al gobierno, como insinuación de conservadorismo y retraso social. Se pretende con esto horadar al Batllismo, acusarlo del abandono de sus banderas históricas. De algún modo molestar también a los blancos wilsonistas.
Hemos escuchado el discurso del Presidente de la República en el Parlamento, rindiendo cuentas por el año transcurrido y ante todo una mirada institucional importante.
La historia no es nunca pasado muerto. La llevamos con nosotros mismos, hasta en nuestra mentalidad, nos guste o no, lo advirtamos o no. Cuando ella, por reciente, sigue proyectando su luz directa sobre los acontecimientos del presente, adquiere una acuciante actualidad. Si siempre es relevante hacerla con verdad, al estar palpitando se hace más cercana. Quizás haga más difícil la apreciación histórica, más polémica, pero esa contemporaneidad la hace imprescindible.
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