que nos pide es fe, una fe comprometida, una fe segura, que nos permita escuchar su palabra y cumplir sus mandamientos. “Emmanuel”, Dios con nosottros. Si pensamos en el significado de los nombres, no encontraremos contradicción como si al Mesías se le quisieran encimar dos nombres: Dios salva y la forma concreta en que nos salva es haciéndose presente en medio de nosotros, estando con nosotros, compartiendo nuestra vida, nuestra historia y nuestros anhelos. El evangelio de San Mateo se abre con la proclamación de que Jesús pertenece a nuestro linaje, a nuestra historia, que es el Emmanuel; y se cierra con el mensaje y promesa del mismo Jesús que dice a sus discípulos: “Sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos”. Él sigue siendo, hoy, el Dios con nosotros. No solamente está presente en la comunidad, sino que es su salvador, su fundamento y apoyo. Dios está cerca. Éste es el mensaje fundamental del pasaje de este día y de todo el evangelio. El Dios que juzgábamos lejano e inaccesible, se hace humano, concreto, sonrisa y llanto, y su cercanía nos envuelve a todos. Tomando carne y hueso de María comparte en cercanía la historia de toda la humanidad y le da rumbo y sentido. Se acerca Navidad y nosotros también nos acercamos con cariño y respeto a este Emmanuel que se hace tangible y le abrimos nuestro corazón para que puede encontrar un lugar donde hacerse presencia. Nos dejamos impregnar de su amor, nos alimentamos de su esperanza y nos comprometemos en su misión. También nosotros tendremos que trabajar mucho y con delicadeza para delinear el rostro de Jesús. No se trata de moldear trozos de madera, se trata de hacerlo vivir en nuestra persona, en nuestra comunidad, en nuestro tiempo. Busquemos hacer efectiva nuestra solidaridad con este niño que viene a compartirnos su vida: debemos orar y experimentar que Dios está con nosotros, que se nos da y se comparte, que se queda definitivamente con nosotros. Despertemos a una fe que nos haga, como a José, abrirnos a los planes de Dios, aprendamos a no poner obstáculos y a asumir en nuestra persona el querer de Dios. Que seamos materia que se deja moldear por el Espíritu para convertirse en morada del Emmanuel. ¿Qué significa la presencia de Dios con nosotros en este mundo de violencia y sin sentido? ¿A qué nos compromete? ¿Cómo podemos descubrir su rostro? Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros que queremos descubrir el verdadero rostro de Jesús, ayúdanos a madurar una fe comprometida y hacer real en nuestro mundo la presencia de tu Hijo, el Emmanuel, Dios con nosotros. Amén.