Escuece el ridículo internacional, la sensación de que somos un país patético, incapaz de defender sus fronteras, con unos servicios de inteligencia de pacotilla y un Gobierno inepto y antipatriótico.
100.000 invasores que cruzan cachondeándose de la Guardia Civil y el Ejército, 100 ahogados y Sánchez panza al sol en La Mareta, a cuenta del sufrido contribuyente español.
Y en medio del caos, al estilo influencer cachonda, como si fuera un pinchadiscos de tercera, el marido de Begoña difunde en redes —repantigado en un sofá y sonriendo como un lelo— la lista de canciones que supuestamente escucha, mientras el mar sigue escupiendo cadáveres en Ceuta y la ciudad se encoge de miedo, con miles de ilegales escondidos en sus calles.