Incrementos súbitos en los costos de materias primas, insumos, refacciones.
Escasez de productos clave.
Renuncias inesperadas de empleados clave.
Problemas con proveedores.
Fallos tecnológicos o problemas con sistemas informáticos.
Problemas de seguridad informática como infección con virus, o malware o hackeos.
Falta de conocimiento o capacitación en el manejo de sistemas
Cierre inesperado de clientes o proveedores.
Pandemias o crisis sanitarias (ej. COVID-19).
Eventos meteorológicos o climáticos
Problemas con licencias o permisos de operación.
Cambios en las regulaciones laborales.
Competencia agresiva o desleal que surge repentinamente.
Fallas de calidad en productos o servicios.
Caídas inesperadas en la demanda del producto o servicio.
Cambios repentinos en las leyes fiscales.
Incrementos en tarifas de servicios públicos (luz, agua, gas).
Cancelación inesperada de grandes contratos.
Problemas de flujo de caja por pagos atrasados de clientes o cancelación de pedidos.