A finales de los años 90, Medellín hervía con una mezcla explosiva de rock, electrónica y rap. La ciudad se asomaba al futuro con energía de bajo, guitarra y sintetizador. Pero en medio de esa efervescencia moderna, un puñado de músicos decidió nadar contra la corriente: apostarle a la música bailable tradicional de Colombia. Así nació La Tropibanda en 1998. La idea era tan sencilla como poderosa: rescatar la cumbia, la gaita y el porro, y volver a poner a bailar a la gente con esos ritmos. Por supuesto, Antioquia y su capital ya contaban con agrupaciones sólidas dedicadas a esos sonidos, pero la propuesta de La Tropibanda apuntaba al gran formato: una fiesta sonora de instrumentos, voces, vientos y percusión que no se conformaba con las pequeñas orquestas. Era una apuesta por lo masivo, lo festivo y lo profundamente colombiano. Esta es la historia en voz de Alfredo López Trujillo, su director.