"En Pos de lo Supremo" de Oswald Chambers | Podcast de Devocionales Cristianos Diarios

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"En Pos de lo Supremo" de Oswald Chambers | Podcast de Devocionales Cristianos Diarios episodes

  • Arrepentimiento (07-121)

    "La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación", 2 Corintios 7:10


    Mi convicción de pecado se expresa mejor en las palabras: "Mis pecados, mis pecados, oh Salvador mío, cuán tristemente caen sobre ti"

    La convicción de pecado es una de las experiencias más raras en una persona y es el umbral del entendimiento de Dios. Jesucristo dije que cuando el Espíritu Santo viniera, convencería a la gente de pecado (ver Juan 16:8). Cuando el Espíritu despierta la conciencia de una persona y la lleva a la presencia de Dios, a ella no le preocupa la relación con los demás, sino la relación con Él: "Contra ti, contra ti solo he pecado; he hecho lo malo delante de tus ojos", Salmo 51:4. Las maravillas de la convicción de pecado, el perdón y la santidad están tan estrechamente relacionadas, que sólo es santa la persona que verdaderamente ha sido perdonada. Tú pruebas que fuiste perdonado debido a que por la gracia de Dios te opones completamente a lo que eres. El arrepentimiento siempre lleva a la persona a este punto: "He pecado". La evidencia más segura de que Dios está obrando en tu vida es cuando dices estas palabras en serio. Algo menos que esto es remordimiento por haber cometido torpezas, un acto reflejo causado por el disgusto con uno mismo.

    La entrada al reino de Dios se logra a través de los agudos dolores del arrepentimiento que golpean la respetable bondad del hombre. Luego, el Espíritu Santo, quien es el que produce esta agonía, empieza la formación del Hijo de Dios en la vida de la persona (ver Gálatas 4:19). Esta nueva vida se manifiesta por un arrepentimiento consciente, seguido de una santidad inconsciente y nunca al contrario. La base del cristianismo es el arrepentimiento. En sentido estricto, una persona no puede arrepentirse cuando quiera. El arrepentimiento es un don de Dios. Los antiguos puritanos acostumbraban orar por el "don de las lágrimas". Si alguna vez dejas de comprender el valor del arrepentimiento, tolerarás la permanencia en el pecado. Examínate y ve si has olvidado cómo vivir verdaderamente arrepentido.

    13 min
  • El arco en las nubes (06-12)

    "Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal de mi pacto con la tierra ", Génesis 9:13


    Es la voluntad de Dios que los seres humanos establezcan una relación correcta con Él y sus pactos tienen ese propósito. ¿Porqué no me salva Dios? Él me ha salvado, pero aún no he entablado una relación con Él. ¿Por qué no hace Dios esto y aquello? Lo ha hecho. El asunto es: ¿Entraré en la relación de ese pacto? Todas sus grandes bendiciones han sido consumadas y están completas, pero me pertenecen a partir del momento en que establezco una relación con Él fundamentada en su pacto.

    Esperar que Dios obre es incredulidad, carnalidad. Significa que no tengo fe en Él y espero que haga algo en mí para que yo pueda confiar en eso. Pero Él no lo hará, porque esa no es la base de su relación con el hombre. En su pacto con Dios, el hombre debe ir más allá de la parte física y de los sentimientos, así como Él va más allá de sí mismo para alcanzar al hombre con su pacto. Es cuestión de fe en Dios, algo muy raro.

    Tenemos fe solamente en nuestros sentimientos. No le creo a Dios hasta que pone algo tangible en mi mano; y entonces, al saber que ya lo tengo, digo: "Ahora creo”. Aquí no hay ninguna fe. Dios dice: "¡Mirad a mí y sed salvos!" Isaías 45:22.

    Cuando realmente hago un compromiso con Dios sobre la base de su pacto y me rindo por completo, no hay ninguna conciencia de méritos personales. No existe en ello absolutamente ningún ingrediente humano, sino la abrumadora conciencia de ser llevado a la unión con Dios. Así, mi vida se transforma e irradia paz y gozo.

    13 min
  • El templo del Espíritu Santo (05-12)

    "...Solamente en el trono seré yo mayor que tú", Génesis 41:40


    Debo rendirle cuentas a Dios por la manera como gobierno mi cuerpo bajo su autoridad. Pablo dijo: "No desecho la gracia de Dios", es decir, no la anulo y la dejo sin ningún efecto (Gálatas 2:21). La gracia de Él es absoluta e ilimitada; y la obra de salvación por medio de Jesús está completa y fue consumada para siempre. No estoy siendo salvo; soy salvo. La salvación es tan eterna como el trono de Dios, pero debo poner en práctica lo que Dios me ha impartido. "Ocuparme en mi salvación" significa que soy responsable de utilizar lo que Él me ha dado. Significa también que debo manifestar la vida del Señor en mi propio cuerpo, no de manera misteriosa o secreta, sino abierta y vigorosamente "...Golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre...", 1 Corintios 9:27. Todo cristiano puede tener a su cuerpo bajo absoluto control para Dios. Él nos ha dado la responsabilidad de gobernar sobre todo el templo del Espíritu Santo, incluidos nuestros pensamientos y deseos. Somos responsables por esto y nunca debemos darle cabida a las pasiones desordenadas. Pero, la mayoría de nosotros somos mucho más severos juzgando a los demás que juzgándonos a nosotros mismos. Disculpamos ciertos comportamientos en nuestra vida, mientras que condenamos otros simplemente porque no sentimos la inclinación natural de practicarlos.

    "Os ruego", dijo Pablo, "que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo", Romanos 12:1. Lo que debo decidir es si estaré de acuerdo con mi Señor y Maestro en que mi cuerpo sea su templo. Si es así, entonces todas las leyes, normas y requisitos de la ley para el cuerpo se resumen en la siguiente verdad revelada: Mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo.

    14 min
  • La ley de la oposición (04-12)

    "...Al vencedor...", Apocalipsis 2:7

    Sin la guerra la vida es imposible, tanto en el reino natural como en el sobrenatural. Es un hecho que existe una lucha continua en las áreas física, mental, moral y espiritual de nuestras vidas.

    La salud surge del equilibrio entre las partes físicas de mi cuerpo y todas las circunstancias y fuerzas que me rodean. Mantengo buena salud cuando poseo la suficiente fortaleza interior para enfrentar las situaciones externas. Todo lo que está fuera de mi vida física tiene el propósito de aniquilarme. Los mismos elementos que me sostienen cuando estoy vivo, obran para descomponer y desintegrar mi cuerpo cuando muero. Si tengo suficiente fortaleza interior para luchar, produzco el equilibrio que exige la buena salud. En la vida mental esto también es cierto. Si quiero sostener una vida mental fuerte y activa, debo combatir. Esta lucha produce el equilibrio mental denominado pensamiento.

    En el área moral sucede lo mismo. Todo lo que moralmente no me fortalece es un enemigo de la virtud en mí. Del nivel de la excelencia moral en mi vida depende que yo pueda vencer y producir la virtud. Debemos luchar para ser rectos. La moralidad no se produce por accidente; las virtudes morales se adquieren.

    En el ámbito espiritual ocurre lo mismo. Jesús dijo: "...En el mundo tendréis aflicción"... Juan 16:33. Esto significa que todo lo que no es espiritual, me arruina. Jesús continuó diciendo: "...Pero confiad, yo he vencido al mundo". Debo aprender a desechar lo que se me opone y de esta manera producir el equilibrio de la santidad. Entonces, enfrentar la oposición se convierte en un gozo.

    La santidad es el equilibrio entre mi naturaleza y la ley de Dios, como se expresó en Jesucristo.

    10 min
  • No por el poder ni por la fuerza (03-12)

    "... Y ni mi palabra ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder...", 1 Corintios 2:4


    Si al predicar las Buenas Nuevas reemplazas la confianza en el poder del Evangelio con tu conocimiento del camino de la salvación, impides que la gente reciba la verdad. Debes encargarte de que mientras proclames tu conocimiento acerca del camino de la salvación, tú mismo estés fundamentado y arraigado en la fe en Dios. Nunca confíes en la claridad de tu exposición, pero al presentarla, asegúrate de que estás confiando en el Espíritu Santo. Pon tu confianza en la seguridad del poder redentor de Dios y Él creará su propia vida en la gente.

    Cuando estás arraigado en la verdad, nada te puede sacudir. Si tu fe se basa en las experiencias, cualquier suceso puede trastornarla. Pero nada podrá jamás trastornar a Dios o a la verdad de la redención. Fundamenta tu fe en este hecho y estarás tan eternamente seguro como Dios mismo. Cuando tienes una relación personal con Jesucristo, nunca más podrás ser desplazado de tu lugar. Ese es el significado de la santificación. Dios desaprueba los esfuerzos humanos cuando empezamos a aceptar el concepto de que la santificación es solamente una experiencia y olvidamos que la misma santificación debe ser santificada (ver Juan 17:19). Debo rendir deliberadamente mi vida santificada a Dios, para que Él la utilice como sus manos y sus pies.

    13 min
  • Perfección cristiana (02-12)

    "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto...", Filipenses 3:12


    Es una trampa imaginar que Dios quiere volvernos ejemplares perfectos de lo que Él puede lograr. Su propósito es hacernos uno con Él. El énfasis de los movimientos de santidad suele estar en la idea de que Dios está produciendo modelos de santidad para colocarlos en su museo. Si te dejas llevar por esta idea de santidad personal, el propósito decisivo de tu vida no será para Dios, sino para lo que llamas la evidencia de Dios en tu vida. ¿Cómo podemos decir: "Nunca podrá ser la voluntad de Dios que yo esté enfermo"? Si su voluntad fue quebrantar y herir a su propio Hijo, ¿por qué no haría lo mismo contigo? Lo que cuenta para Él no es tu relativa coherencia con tus ideas de lo que debería ser un santo, sino tu vital y genuina relación con Jesucristo y tu ilimitada devoción a Él, ya sea que estés sano o enfermo.

    La perfección cristiana no es y nunca podrá ser, la perfección humana, sino la perfección de la relación con Dios que se manifiesta en medio de los acontecimientos aparentemente triviales de la vida humana. Cuando obedeces el llamamiento de Jesucristo, lo primero que te Impresiona es la "inutilidad" de lo que tienes que hacer y lo segundo es que otras personas parecen estar viviendo vidas perfectamente coherentes. Estos estilos de vida pueden dejar en ti la idea de que Dios es innecesario, que por tu propio esfuerzo y devoción puedes alcanzar el nivel que Él quiere para tu vida. En un mundo caído, esto nunca puede lograrse. Soy llamado a vivir una relación perfecta con Dios y, así, mi vida debe producir un gran deseo de Dios en la vida de otras personas; pero de ninguna manera admiración por mí. Los pensamientos sobre mí estorban mi utilidad para Dios. Su propósito no es perfeccionarme para que sea un trofeo de exposición, sino llevarme al punto donde me pueda usar. Deja que Él haga lo que quiera.

    12 min
  • La Ley y el evangelio (01-12)

    "Por que cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos", Santiago 2:10


    La ley moral no considera nuestras debilidades como seres humanos. De hecho, no tiene en cuenta nuestra herencia pecaminosa ni nuestras flaquezas, pero sí exige que seamos completamente rectos. La ley moral nunca cambia, ni por lo más noble del hombre ni por lo más débil. Es permanente y eternamente la misma. La ley moral que Dios ha ordenado no se vuelve débil para el débil, disculpando sus faltas; permanece intacta por todo el tiempo y la eternidad. Si no la percibimos así, es porque estamos más muertos que vivos. Sin embargo, en el momento en que lo entendemos nuestra vida se vuelve una tragedia. "Y yo sin la Ley vivía en un tiempo; pero al venir el mandamiento, el pecado revivió y yo morí", Romanos 7:9. Cuando comprendemos esta verdad, el Espíritu de Dios nos convence de pecado. Mientras la persona no llegue a este punto y vea que no hay esperanza, la cruz de Jesucristo es una farsa para ella. La convicción de pecado siempre produce una conciencia terrible de la obligatoriedad de la ley y hace que el hombre pierda las esperanzas o quede vendido al pecado (ver Romanos 7:14). Yo, como pecador culpable, jamás puedo justificarme ante Dios; es imposible. La única forma de lograrlo es por la muerte de Jesucristo. Tengo que deshacerme de la idea de que gracias a mí obediencia puedo estar bien con Dios. ¡Quién de nosotros podría alguna vez obedecerlo hasta la absoluta perfección!

    Nosotros sólo nos damos cuenta del poder de la ley moral cuando vemos que tiene una condición y una promesa. Pero Dios nunca nos obliga. Algunas veces quisiéramos que nos obligara a ser obedientes y otras que nos dejara tranquilos. Siempre que la voluntad de Dios prevalece, Él quita todas las presiones y cuando deliberadamente elegimos obedecerlo, no escatima la estrella más remota y da hasta el último grano de arena para que nos ayuden con toda la omnipotencia de Él.

    13 min
  • Por la gracia de Dios soy lo que soy (30-11)

    "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido en vano para conmigo", 1 Corintios 15:10


    Para el Creador es un insulto la manera como hablamos continuamente de nuestras incapacidades. Quejarnos de nuestra incompetencia es una acusación falsa contra Dios, por no habernos tenido en cuenta. Acostúmbrate a examinar desde la perspectiva divina las circunstancias que les parecen humildes a los hombres y quedarás atónito por lo sorprendentemente inadecuadas e irrespetuosas que son para Dios. "Oh, yo no debería decir que he sido santificado. No soy santo". Decir eso delante de Él significa: "No, Señor, es imposible para ti salvarme y santificarme; hay oportunidades que no he tenido y son muchas las imperfecciones en mi cerebro y mi cuerpo. No, Señor, no es posible". Eso le podrá sonar maravillosamente humilde a los hombres, pero ante los ojos de Dios es una actitud desafiante.

    Por otro lado, lo que a Dios le parece humilde, para los hombres puede ser exactamente lo contrario. Decir: "Gracias Señor, porque sé que soy salvo y santificado", es la más pura expresión de humildad. Significa que te has rendido a Dios de una forma tan completa que sabes que Él es fiel y verdadero. Nunca te preocupes por saber si lo que dices suena humilde o no ante los demás. Pero siempre sé humilde ante Dios y deja que Él sea tú todo en todo.

    La única relación personal importante es la que tienes con tu redentor y Señor personal. Deja que todo lo demás se vaya, pero mantén esta relación, cueste lo que cueste y Dios cumplirá su propósito a través de ti. Tu vida particular puede ser de incalculable valor para los propósitos divinos.

    13 min
  • El carácter absoluto de Jesucristo (29-11)

    "Él me glorificará...", Juan 16:14

    Los movimientos de santidad actuales carecen totalmente de la dura realidad del Nuevo Testamento. No hay nada en ellos que necesite la muerte de Jesucristo; todo lo que se requiere es una atmósfera piadosa de oración y devoción. Esta clase de experiencia no es sobrenatural ni milagrosa; no le costó a Dios su sufrimiento; no esta teñida con la sangre del Cordero ni marcada con el sello del Espíritu Santo. No tiene esa marca que las personas ven con reverencia y asombro y las lleva a decir: "¡Esta es la obra del Dios Omnipotente!" Sin embargo, el Nuevo Testamento se ocupa solamente de la obra de Dios y de nada más.

    El ejemplo de la experiencia cristiana en el Nuevo Testamento es de devoción personal y apasionada por Jesucristo. Todas las demás clases de supuestas experiencias cristianas están desligadas de Él. En ellas no se produce la regeneración, el nuevo nacimiento en el reino donde vive Cristo. Sólo cuentan con la idea de que Él es nuestro modelo. En el Nuevo Testamento, Jesucristo es el Salvador mucho antes de ser el modelo. A Jesús se le describe hoy como la figura simbólica de una religión, sólo como un ejemplo. Él es todo eso, pero infinitamente mucho más. Él es la salvación en persona. ¡Él es el Evangelio de Dios!

    Jesús dijo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad...me glorificará...", Juan 16:13-14. Cuando me entrego a la verdad revelada del Nuevo Testamento, recibo de Dios el don del Espíritu Santo, quien empieza a interpretar para mí lo que Jesús hizo. El Espíritu de Dios hace subjetivamente en mi todo lo que Jesucristo objetivamente hizo por mí.

    12 min
  • La recompensa del indigente (28-11)

    "Y son justificados gratuitamente por su gracia..." Romanos 3:24

    El Evangelio de la gracia de Dios despierta un anhelo intenso en las almas e igualmente un fuerte resentimiento, porque la verdad que revela no es agradable o fácil de asimilar. Existe cierto orgullo en las personas que las lleva a dar constantemente, pero acercarse y aceptar un regalo es algo diferente. Estoy dispuesto a entregar mi vida como mártir y a dedicarla al servicio sin importar cuál sea. Pero que no sea humillado hasta el nivel del más vil pecador, merecedor del infierno, que me digan que todo lo que debo hacer es aceptar la dádiva de salvación por medio de Jesucristo.

    Debemos comprender que nada podemos ganar o merecer de Dios por medio de nuestros propios esfuerzos. Debemos recibirlo como una dadiva o quedarnos sin ella. La más grande bendición espiritual es el conocimiento de que somos indigentes y, a menos que lleguemos a este punto, nuestro Señor no hace nada por nosotros. Él queda impotente mientras creamos que somos autosuficientes. Debemos entrar en su reino a través de la puerta de la pobreza. Mientras seamos "ricos", especialmente en las áreas del orgullo o de la independencia, Dios no nos ayuda. Sólo cuando nos da hambre espiritual recibimos al Espíritu Santo. El don de la naturaleza esencial de Dios se vuelve efectivo en nosotros por su Espíritu. Él nos imparte la vida vivificadora de Jesús. Y toma lo que "más allá" de nosotros y lo pone "dentro" de nosotros. Cuando esto sucede, esa vida interior se eleva "a las alturas" y nosotros somos levantados hasta donde vive y reina Jesús (ver Juan 3:5).

    11 min

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"En Pos de lo Supremo" es una colección de anotaciones y mensajes de Oswald Chambers que ha inspirado a millones de personas a conocer más a Cristo y disfrutar de la vida abundante que nos ofrece.