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"Sabemos, además, que los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien", Romanos 8:28
Las circunstancias en la vida del creyente son ordenadas por Dios y en ella por lo tanto no existe la casualidad. Él te introduce providencialmente en determinadas circunstancias que de ninguna manera puedes comprender; sólo el Espíritu Santo las entiende. Dios te lleva a ciertos lugares y te coloca entre ciertas personas y situaciones para lograr en ti un propósito determinado, a través del Espíritu. Nunca levantes tu mano frente a tus circunstancias para decir: "Yo mismo voy a dirigir y controlar este asunto. Voy a vigilar esto de cerca y a protegerme de aquello". Debido a que todas tus circunstancias están en las manos de Dios, nunca debes pensar que son anormales. Tu función dentro de la oración intercesora no es entrar en la agonía de la intercesión. Tu parte es aprovechar las circunstancias y las personas comunes entre las que Dios te coloca providencialmente, para llevarlas ante su trono y Espíritu que está en ti tendrá la oportunidad de interceder por ellas. De esta manera Dios tocará al mundo entero por medio de sus santos.
¿Estoy obstaculizando la obra del Espíritu de Dios al no ser específico, o al tratar de hacer su obra por Él? Debo cumplir la parte humana de la intercesión, aprovechando las circunstancias en que me encuentro y la gente con la que entro en contacto. Debo guardar mi vida consciente como un santuario para el Espíritu Santo. Entonces, a medida que presento a las diferentes personas delante de Dios, el Espíritu Santo intercede por ellas.
Tus oraciones de intercesión nunca podrán ser las mías, ni las mías tuyas, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros en nuestras vidas particulares (ver Romanos 8:26). Sin esta intercesión otras personas se empobrecerán.
"...¿Crees esto?", Juan 11:26
Marta creía en el poder que estaba a disposición de Jesucristo. Creía que si hubiera estado presente, habría sanado a su hermano. También creía que Jesús disfrutaba de una especial intimidad con Dios y que cualquier cosa que le pidiera, Él la haría.
Sin embargo, ella necesitaba de una intimidad más cercana con Jesús. La agenda de la fe de Marta se cumpliría en el futuro. Jesús continuó atrayéndola y guiándola hasta que su fe se convirtió en una posesión personal. Luego fue surgiendo lentamente hasta convertirse en su herencia ... "Si Señor; yo he creído que tú eres el Cristo...", Juan 11:27.
¿Está tratando El Señor contigo de la misma forma? ¿Jesús te está educando en la comunión personal con Él? Déjalo desafiarte con su pregunta: "¿Crees esto?" ¿Estás enfrentando una área de duda en tu vida? ¿Has llegado, como Marta, a una encrucijada de circunstancias agobiantes donde tu agenda de fe está a punto de convertirse en tu fe personal? Esto ocurre solamente cuando un problema tuyo te hace consciente de una necesidad personal.
Creer es entregar. En el área del aprendizaje intelectual me entrego mentalmente y rechazo todo lo que no esté relacionado con una creencia. En el reino de las convicciones personales me entrego moralmente a ellas y me niego a transigir. Pero en la esfera de la fe íntima y personal, me entrego espiritualmente a Jesucristo y decido ser controlado sólo por ÉL.
Luego, cuando me encuentro cara a cara con Jesucristo y me dice: "¿Crees esto?", descubro que la fe es tan natural como respirar. Y me asombro de lo necio que fui por no haber confiado antes en Él.
"...gozaos pon cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo...", 1 Pedro 4:12
Si vas a ser utilizado por Dios, Él te hará pasar por múltiples experiencias que en realidad no han sido diseñadas para tu vida. Éstas tienen el propósito de que seas útil en sus manos y que entiendas lo que les ocurre a otras almas, de tal manera que nunca te sorprendas de lo que pueda cruzarse en tu camino. Tú dices: "¡Pero, yo no puedo tratar con esa persona!" ¿Por qué no? Dios te ha dado bastantes oportunidades para aprender de Él al respecto, pero te alejaste sin prestarle atención a la lección, porque te pareció estúpido gastar el tiempo de esa manera.
Las aflicciones de Cristo no fueron las que comúnmente tú y yo padecemos. Él sufrió según la voluntad de Dios (1 Pedro 4:19) y desde la perspectiva en que nosotros sufrimos como individuos. Sólo a través de la relación con Jesucristo comprendemos lo que Dios está buscando en su trato con nosotros. Es parte de nuestra cultura cristiana querer saber de antemano cuales son los propósitos divinos cuando se trata de las aflicciones. La historia de la Iglesia cristiana registra que tendemos a evadir el ser identificados con los padecimientos de Jesucristo. La gente ha tratado de obedecer las órdenes de Dios mediante sus propios atajos. El camino de Él siempre es el del sufrimiento, el sendero del "recorrido largo a casa".
¿Participamos de las aflicciones de Cristo? ¿Estamos dispuestos a que Dios destruya y transforme sobrenaturalmente nuestras decisiones personales? Esto no implica que vamos a saber exactamente la razón por la que Dios nos está llevando por ese camino, pues nos volveríamos pedantes espirituales. Momentáneamente no comprendemos a través de qué situación Él desea llevarnos. Pasamos más o menos sin entenderlo, hasta que, de repente, llegamos a un lugar luminoso y decimos: "¡Dios me ha fortalecido y ni siquiera lo sabía!"
"Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros..", Santiago 4:8
Es esencial darle a la gente la oportunidad de actuar de acuerdo con la verdad de Dios y la responsabilidad debe reposar sobre cada individuo. No puedes actuar por alguien más. Debe ser su propio acto deliberado, pero el mensaje del Evangelio siempre debe llevarlo a la acción. La parálisis de negarse a actuar deja al hombre exactamente donde se encontraba antes. Sin embargo, una vez que actúa, nunca será el mismo. La aparente locura de la verdad es lo que ha obstaculizado a centenares de almas a quienes el Espíritu de Dios ha convencido de pecado.
Tan pronto me apresuro a actuar, empiezo a vivir. Todo lo demás es existir por existir. Los momentos que realmente vivo son aquellos en los que actúo con toda mi voluntad.
Nunca permitas que una verdad de Dios que haya llegado a tu alma pase de largo sin que obres en consecuencia, no necesariamente en un nivel físico, pero sí en tu voluntad. Grábala, con tinta y con sangre; introdúcela en tu vida. El creyente más débil que se compromete con Jesucristo es libre en el instante en que actúa. Toda la omnipotencia del Señor queda disponible a su favor. Nos acercamos a la verdad de Dios, confesamos que hemos actuado mal, pero fallamos nuevamente. Luego nos acercamos una vez más, pero volvemos a fallar, hasta que finalmente aprendemos que no debemos retroceder. Cuando nos enfrentamos a alguna palabra de verdad de nuestro buen Señor, debemos movernos directamente hacia el cierre de nuestro compromiso con El. "Venid a mi...", Mateo 11:28. La palabra venid quiere decir "actuar". Sin embargo, lo último que hacemos es acercarnos a Él. Pero todo aquel que lo hace sabe que en ese instante la vida sobrenatural de Dios lo invade. El poder dominante del mundo, la carne y el diablo queda paralizado, no por su acto, sino porque éste te ha unido a Dios y a su poder redentor.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...", (Gálatas 2:20)
Estas palabras significan que mis propias manos rompen y derriban voluntariamente mi dependencia. También implican la entrega absoluta de mi vida a la supremacía del Señor Jesús, lo cual nadie puede hacer por mí. Yo mismo debo hacerlo. Dios puede dirigirme hasta ese punto 365 veces al año, pero no me obligará a hacerlo. Gálatas 2:20 significa romper la cáscara de mi independencia de Dios como individuo, la emancipación de mi mismo y mi naturaleza para unirme con Él, no siguiendo mis propias ideas, sino escogiendo la absoluta voluntad a Jesús. Una vez que estoy allí no hay posibilidad de equivocación. Muy pocos sabemos algo acerca de la lealtad a Cristo o entendemos el significado de las palabras: "Por mi causa", (ver Mateo 5:11). Eso es lo que hace fuerte a un creyente.
¿He sufrido ese quebrantamiento de mi independencia? Todo lo demás es un fraude religioso. El único asunto que debes decidir es: ¿me rendiré? ¿Me someteré a Jesucristo, sin poner ninguna clase de condiciones, venga como venga ese quebrantamiento? Mi comprensión personal sobre mí mismo debe ser quebrantada. Cuando alcanzo este punto, la realidad de la identificación sobrenatural con Jesucristo ocurre de inmediato y el testimonio del Espíritu de Dios es inequívoco: con Cristo estoy juntamente crucificado.
La pasión del cristianismo surge porque deliberadamente renuncio a mis propios derechos y me vuelvo un esclavo de Jesucristo. Solo cuando lo hago, empiezo a ser un santo.
Un estudiante al año que escuche el llamado de Dios es una razón suficiente para que Dios haya permitido la existencia de este seminario de entrenamiento bíblico, el cual no tiene ningún valor como organización ni es de tipo académico. La única razón para que exista es que Dios pueda utilizar nuestras vidas. ¿Podrá Él usarnos o estamos mas interesados en nuestras ideas de lo que seremos en el futuro?
“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, Juan 14:15
El Señor nunca insiste en nuestra obediencia. Nos dice enfáticamente lo que debemos hacer, pero nunca toma medidas para obligarnos a hacerlo. Debemos obedecerlo por la unidad del Espíritu con él. Por esta razón, siempre que el Señor hablaba del discipulado empezaba con un “si”, queriendo decir: "No lo hagas, si no quieres".... "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo...", Lucas 9:23. En otras palabras: "Para ser mi discípulo debes cederme tu derecho sobre ti mismo”. El Señor no está hablando de nuestra posición eterna, sino de serle útiles en esta vida, es decir, aquí y ahora. Por eso nos parece tan severo (ver Lucas 14:26). Nunca interpretes estas palabras separándolas de aquel que las pronunció.
El Señor no me da reglas, pero su parámetro es muy claro. Si mi relación con Él es de amor, haré sin vacilar lo que me dice. Si titubeo, es porque amo a alguien a quien he puesto a competir con él, es decir, yo mismo. Jesucristo no me obligará a obedecerlo, pero lo debo hacer. Y tan pronto lo hago, cumplo mi propósito espiritual. Mi vida personal puede estar colmada de pequeños incidentes sin importancia, totalmente inadvertidos e insignificantes. Pero si obedezco a Jesucristo en las circunstancias aparentemente fortuitas, éstas se convertirán en pequeños orificios a través de los cuales veo el rostro de Dios. Y cuando me halle cara a cara con él, descubriré que por mi obediencia miles fueron bendecidos. Cuando la redención divina llega hasta el punto de la obediencia en un ser humano siempre es productiva. Si obedezco a Jesucristo, la redención de Dios fluirá a través de mí hacia otras vidas, porque detrás de este acto de obediencia está la realidad del Dios Todopoderoso.
"¿O ignoráis...que no sois vuestros?" 1 Corintios 6:19
No existe algo como la vida privada - un mundo dentro del mundo - para el hombre o la mujer que ha sido llamado a participar de los sufrimientos de Jesucristo. Dios rompe la vida privada de sus santos y la convierte en dos vías públicas: una para Él y otra para el mundo. Ningún ser humano puede soportarlo a menos que se identifique con Jesucristo. Dios no nos santifica para nosotros mismos. Como somos llamados a la comunión del Evangelio, a veces se presentan situaciones que no tienen nada que ver con nosotros.
Pero Dios nos está llevando a la comunión con Él. Déjalo hacer su voluntad. Si te rehúsas, no serás de ningún valor para Él en su obra redentora por el mundo. Serás un estorbo, una piedra de tropiezo.
Lo primero que Dios hace es fundamentarnos en la dura realidad, hasta que no nos interese lo que pueda pasarnos individualmente, con tal de que logre hacer su voluntad con respecto al propósito de su redención. ¿Por qué no sufriremos quebrantamientos de corazón? Por medio de esas puertas Dios está abriendo camino de comunión con su Hijo. La mayoría de nosotros cae y desfallece ante el primer golpe doloroso. Nos sentamos en el umbral del propósito de Dios y nuestra luz se va extinguiendo por la autocompasión, con la ayuda de toda la supuesta compasión cristiana de otras personas en nuestro lecho de muerte. Pero Dios no hará lo mismo. Él se acerca y nos aprieta con la mano herida de su Hijo, diciendo: "Entra en comunión conmigo; levántate y resplandece", Is.51:1,2. Si por medio de un corazón quebrantado Dios puede llevar a cabo sus propósitos en este mundo, entonces, ¿Porqué no darle gracias por haber quebrantado el mío?
"Si tenéis fe como un grano de mostaza... nada os será imposible", Mateo 17:20
Tenemos la idea de que Dios nos recompensa por nuestra fe y así puede ser en su etapa inicial, pero no nos ganamos nada por medio de ella. La fe nos pone en la relación correcta con Dios y le da la oportunidad de obrar. Sin embargo, con frecuencia Dios tiene que derrumbar tu experiencia como uno de sus santos, a fin de conseguir que entres en contacto directo con Él. El Señor desea que entiendas que es una vida de fe, no una vida de gozo debido a sus bendiciones. El comienzo de tu vida de fe fue estrecho e intenso, centrado alrededor de una pequeña experiencia que tenía tanta emoción como fe, llena de luz y dulzura. Luego Dios retiró sus bendiciones conscientes para enseñarte a caminar por fe. Ahora eres de mucho más valor para Él, que en tus días de deleite consciente y de emocionante testimonio.
Por su propia naturaleza, la fe debe ser probada; y la verdadera prueba de la fe consiste no en que hallemos difícil confiar en Dios, sino que el carácter del Señor tiene que probarse como digno de confianza en nuestra mente. Cuando la fe se está desarrollando hacia la vida real, pasa por períodos de aislamiento ininterrumpido. Nunca confundas la prueba de la fe con la disciplina común de la vida, porque mucho de lo que llamamos la prueba de la fe es el resultado inevitable de estar vivos. La fe bíblica es la fe en Dios que se opone a todo aquello que lo contradice; una fe que declara: "Permaneceré fiel al carácter de Dios sin importar lo que Él haga". La más alta y más grande expresión de fe en toda la Biblia es: "Aunque él me mate, en él esperaré", Job 13:15.
"Pero sin fe es imposible agradar a Dios", Hebreos 11:6
La fe en antagonismo al sentido común es fanatismo y el sentido común en antagonismo a la fe es racionalismo. La vida de fe los coloca a los dos en la relación apropiada. El sentido común y la fe son tan diferentes como la vida natural de la espiritual y como la impulsividad de la inspiración. Nada de lo que dijo Jesucristo fue producto del sentido común, sino del sentido de la revelación y, por lo tanto, llega a los lugares donde el sentido común no puede. Sin embargo, la fe debe ser puesta a prueba antes de que sea real en tu vida. Sabemos, además, que a los que aman a Dios "todas las cosas los ayudan a bien", Romanos 8:28. Entonces, no importa lo que suceda, el poder transformador de la providencia de Dios convierte en realidad la fe auténtica. La fe siempre actúa de manera personal, porque el propósito de Dios es que la fe genuina se vuelva real en sus hijos.
Para cada detalle del sentido común de la vida hay una verdad que Dios ha revelado y que nos permite poner a prueba en nuestra experiencia práctica lo que creemos de Él. La fe es un principio extremadamente activo que siempre coloca a Jesucristo primero. La vida de fe dice: "Señor, Tú lo has dicho. Parece una locura, pero voy a lanzarme, confiando en tu Palabra" (por ejemplo, Mateo 6:33). Siempre y no algunas veces, es una lucha convertir la fe intelectual en nuestra posesión personal. Dios nos pone en circunstancias que educan nuestra fe, porque la naturaleza de la fe es que el objeto de ella se vuelva real. Antes de conocer a Jesús, Dios es sólo un concepto y no podemos tener fe en Él. Pero, tan pronto oímos que Jesús dice: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre", Juan 14:9, tenemos algo real y nuestra fe no tiene límites. La fe es toda la persona en una relación correcta con Dios por el poder del Espíritu de Jesucristo.
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él", 2 Corintios 5:21
La visión moderna de la muerte de Jesús es que Él murió por nuestros pecados por compasión. Sin embargo, el concepto neotestamentario asegura que Él llevó nuestro pecado sobre sí mismo, no por conmiseración, sino porque se identificó con nosotros. Él fue hecho pecado. Nuestras maldades son perdonadas debido a su muerte, y lo único que la explica es la obediencia al Padre, no su compasión por nosotros. Somos aceptados por Dios, no por haber obedecido o porque prometimos renunciar a ciertas cosas, sino únicamente por la muerte de Cristo. Decimos que Él vino a revelar la paternidad y la benevolencia de Dios, pero el Nuevo Testamento dice que vino "a quitar ¡el pecado del mundo!", Juan 1:29. La revelación de Dios como Padre es solamente para quienes Jesucristo les ha sido presentado como Salvador. Nuestro Señor nunca habló de sí mismo ante el mundo como alguien que revelaba al Padre, sino como una piedra de tropiezo (ver Lucas 20.-17-J8). En Juan 14:9, cuando Jesús dijo: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre", les estaba hablando a sus discípulos.
El Nuevo Testamento nunca enseña que Cristo murió por mí y por lo tanto estoy completamente libre de castigo. Enseña que Él murió por todos (no que "murió mi muerte") y que por mi identificación con su muerte puedo ser liberado del pecado y tener su justicia, la cual se me imparte como un don. La sustitución que enseña el Nuevo Testamento es doble: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él. Cristo no es para mí, a menos que yo haya tomado la determinación de que Él se forme en mí.
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