"En Pos de lo Supremo" de Oswald Chambers | Podcast de Devocionales Cristianos Diarios

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"En Pos de lo Supremo" de Oswald Chambers | Podcast de Devocionales Cristianos Diarios episodes

  • La justificación por fe (28-10)

    "Porque, si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida", Romanos 5:10


    No soy salvo por creer; simplemente comprendo que soy salvo, creyendo. Lo que me salva no es el arrepentimiento. Éste es solamente la señal de que me doy cuenta de lo que Dios ha hecho a través de Cristo Jesús. El peligro está en recalcar el efecto en lugar de la causa. ¿Son mi obediencia y consagración las que me reconcilian con Dios? ¡Nunca! Me reconcilié con Él porque, antes que todo lo demás, Cristo murió. Cuando me vuelvo a Dios y acepto por la fe lo que Él me revela, la formidable expiación de Cristo me empuja inmediatamente a una relación correcta con Dios. Y soy justificado por el milagro sobrenatural de su gracia; no porque estoy afligido por mi pecado ni porque me he arrepentido, sino por lo que Jesús hizo. El Espíritu de Dios me envía la justificación como una luz resplandeciente y sé que soy salvo, aunque no sepa cómo ocurrió.

    La salvación que viene de Dios no se fundamenta en la lógica humana, sino en la muerte expiatoria de Jesús. Sólo podemos nacer de nuevo por causa de la expiación de nuestro Señor. Hombres y mujeres pecadores pueden convertirse en nuevas criaturas, no por su arrepentimiento o su creencia, sino por la maravillosa obra de Dios en Cristo Jesús, la cual antecede a toda nuestra experiencia (ver 2 Corintios 5:17-19). Dios mismo es la seguridad inquebrantable de la justificación y la santificación y no tenemos que lograrlas por nosotros mismos. Éstas se han producido por la expiación de Cristo en la cruz. Lo sobrenatural se vuelve natural para nosotros por el milagro de Dios y comprendemos lo que Jesucristo ya hizo: "¡Consumado es!", Juan 19:30.

    11 min
  • El método de las misiones (27-10)

    "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones", Mateo 28:19

    Jesucristo no dijo: "Id y salvad almas" (la salvación de las almas es la obra sobrenatural de Dios), sino: "Id y haced discípulos a todas las naciones". Sin embargo, no puedes hacer discípulos si tú mismo no eres uno. Cuando los discípulos regresaron de su primera misión, estaban llenos de gozo porque hasta los demonios se les sujetaban, pero Jesús les dijo: "No se regocijen por el éxito en el servicio; el gran secreto del gozo es que tengan la relación correcta conmigo" (ver Lucas 10:17-20). Lo más esencial en un misionero es que permanezca fiel al llamado de Dios y que comprenda que su único propósito es discipular hombres y mujeres para Jesús. Recuerda que hay una pasión por las almas que no proviene de Dios, sino de nuestro deseo de que se conviertan a nuestro punto de vista.

    El desafío que enfrenta el misionero no es la dificultad para que se salven, o que sea difícil rescatar a los que se han vuelto atrás, o que haya una barrera de indiferencia e insensibilidad. El reto es su relación personal con Jesucristo. "¿Creéis que puedo hacer esto?", Mateo 9:28. Es la pregunta que el Señor continuamente nos hace, la cual nos confronta en cada caso individual que se nos presenta. El gran desafío para nosotros es: ¿Conozco a mi Señor resucitado? ¿Conozco el poder de su Espíritu que mora en mí? ¿Soy lo bastante sabio ante los ojos de Dios y lo bastante insensato según la sabiduría del mundo como para confiar en lo que Jesucristo dijo? ¿O estoy abandonando la gran posición sobrenatural de ilimitada confianza en Jesucristo, la cual es realmente el único llamamiento de Dios para un misionero? Si adopto cualquier método distinto, me aparto por completo de los métodos establecidos por nuestro Señor: "Toda potestad me es dada... Por tanto, id", Mateo 28:18-19.

    11 min
  • ¿Qué es un misionero? (26-10)

    "Entonces Jesús les dijo otra vez: Como me envió el Padre, así también yo os envió", Juan 20:2i


    Un misionero es alguien enviado por Jesucristo, así como Él fue enviado por Dios. El gran factor predominante no son las necesidades de la gente, sino el mandamiento de Jesús. La fuente de inspiración para servir a Dios está detrás de nosotros, no adelante. Actualmente somos propensos a colocar primero la inspiración y a retirar todo lo que tenemos al frente adaptándolo a nuestra definición de éxito. Pero en el Nuevo Testamento la inspiración aparece detrás de nosotros y es el mismo Señor Jesús. El ideal es serle fiel llevando a cabo sus planes.

    La unión personal al Señor Jesús y a su perspectiva, es lo único que no debemos descuidar. En la obra misionera el gran peligro consiste en que reemplacemos el llamamiento divino por las necesidades de las personas, hasta el punto de que la compasión humana aplasta por completo el significado de ser enviado por Jesús. Las necesidades son tan enormes y las condiciones tan difíciles, que todos los poderes de la mente vacilan y fallan. Somos dados a olvidar que la única gran razón detrás de la obra misionera no es primeramente el ascenso de la gente, su educación, ni sus necesidades, sino ante todo, el mandamiento de Jesucristo: "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones", Mateo 28:19.

    Al mirar la vida de hombres y mujeres de Dios del pasado, tenemos la tendencia a decir: "¡Que sabiduría tan maravillosa y aguda tuvieron y de qué manera tan perfecta comprendieron todo lo que Dios quería!” Pero detrás de ellos estaba la mente aguda de Dios, nunca la sabiduría de los hombres. Le damos crédito a la sabiduría humana cuando deberíamos dárselo a Dios, quien usa a personas sencillas y lo bastante necias como para confiar en la sabiduría y provisión sobrenatural de Él.

    12 min
  • La sustancia eterna (25-10)

    "A todos me hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos", 1 Corintios 9:22


    Un obrero cristiano debe aprender a ser un hombre o una mujer de gran valor y excelencia en medio de una multitud de cosas pobres y sin valor. Nunca protestes diciendo: "¡Si tan sólo estuviera en otro lugar!" Todos los hombres y mujeres de Dios son personas comunes que Él vuelve extraordinarias por la sustancia que les da. Si no tenemos la sustancia correcta intelectual y afectivamente, en nuestra mente y corazón, pronto nos desviaremos de ser útiles para Dios. No somos sus obreros porque lo elegimos. Muchas personas eligen conscientemente ser obreros, pero no tienen en su interior ninguna sustancia de la gracia y la Palabra omnipotente de Dios. El corazón, la mente y el alma de Pablo se consumieron por el gran propósito de lo que Jesucristo vino a hacer y nunca perdió de vista este objetivo único. Debemos enfrentar continuamente el acontecimiento fundamental: "Jesucristo y este crucificado", 1 Corintios 2:2.

    "Yo os elegía vosotros", Juan 15:16. Mantén estas palabras en tu credo como un maravilloso recordatorio. No es que tú hayas buscado a Dios, sino que El te buscó a ti. Dios está obrando, flexionando, quebrantando, moldeando y haciendo justamente lo que Él escoge. ¿Y por qué lo hace? Solamente para poder decir: "Este es mi hombre y esta es mi mujer". Debemos estar en sus manos para que Él pueda colocar a otros sobre la Roca, Jesucristo, como nos ha puesto a nosotros.

    Nunca elijas ser un obrero; pero cuando Dios ponga en ti su llamamiento, ¡ay de ti si te apartas a la derecha o la izquierda! Él hará contigo lo que nunca hizo antes de llamarte, lo que no está haciendo con otros. Déjalo hacer su voluntad.

    12 min
  • El punto de vista (24-10)

    "Pero gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús", 2 Corintios 2:14


    El punto de vista de un siervo de Dios siempre debe ser lo máximo y no simplemente estar tan cerca de lo máximo como pueda. Esfuérzate en mantener el punto de vista de Dios y recuerda que esto se debe hacer todos los días, de manera gradual. No pienses en un infinito. Ningún poder externo puede tocar ese punto de vista.

    La perspectiva apropiada que debemos mantener consiste en comprender que estamos aquí con un solo propósito: Ser cautivos que marchan en el séquito victorioso de Cristo. No estamos aquí para que nos exhiban en la vitrina de Dios, sino para manifestar una sola virtud: la absoluta cautividad de nuestras vidas a la obediencia a Cristo (ver 2 Corintios 10:5). ¡Cuan insignificantes son los otros puntos de vista! Por ejemplo: "soy el único que está luchando por Jesús" o, "debo mantener la causa de Cristo y defender esta fortaleza para Él". Pero Pablo dijo en esencia: "Pertenezco al séquito de un Vencedor y sin importar cuáles sean las dificultades, Él siempre me lleva al triunfo". ¿Se está llevando a cabo esta idea de manera práctica en nosotros? Como el gozo secreto de Pablo era saber que Dios lo había tomado cautivo a él — un rebelde agresivo, enemigo de Jesucristo — esa cautividad se convirtió en su propósito. El gozo de Pablo fue ser un prisionero del Señor y por eso no tuvo otro interés en el cielo ni en la tierra. Para un cristiano es vergonzoso hablar de conseguir la victoria. Debemos pertenecer al Vencedor de una manera tan completa que todo el tiempo seamos victoriosos, porque somos más que vencedores por medio de Él.

    "Porque para Dios somos grato olor de Cristo", 2 Corintios 2:15. ¿Estamos envueltos en el dulce aroma de Jesús y somos un maravilloso olor grato para Dios dondequiera que vamos?

    11 min
  • ¡En lo más mínimo! (23-10)

    "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas", 2 Corintios 5:17


    El Señor nunca tolera nuestros prejuicios; se opone decididamente a ellos y los hace morir. Creemos que Dios tiene un interés especial en nuestros prejuicios particulares. Estamos bien seguros de que nunca tratará con nosotros como tiene que hacerlo con las otras personas. Incluso nos decimos a nosotros mismos: "Dios debe tratar con los demás de una manera muy estricta, pero naturalmente Él sabe que mis prejuicios son correctos". ¡Debemos aprender que Dios no los acepta en lo más mínimo! En lugar de estar a favor de nuestros prejuicios, nos está limpiando de ellos de manera deliberada. Parte de nuestra educación moral consiste en ver morir nuestros prejuicios por el poder de Dios y observar el modo en que Él lo hace. Dios no honra nada de lo que le traemos y lo único que quiere de nosotros es la rendición incondicional.

    Cuando nacemos de nuevo, lo que en realidad sucede es que el Espíritu Santo empieza el proceso de su nueva creación en nosotros, hasta que no quede nada de la vida vieja. Desaparecen nuestra antigua y triste perspectiva y la vieja actitud hacia lo material, "porque todo esto proviene de Dios", 2 Corintios 5:18. ¿Cómo vamos a obtener una vida sin ninguna concupiscencia, sin intereses personales y que no sea susceptible a las burlas de los demás? ¿Cómo conseguiremos la clase de amor que es benigno, que no hace nada indebido y que no busca lo suyo? La única manera es que no conservemos nada de la vida vieja y que tengamos una sencilla y perfecta confianza en Dios. Una confianza tal que ya no deseemos más sus bendiciones, sino sólo a Él mismo. ¿Hemos llegado a un punto en el que Dios puede retirarnos sus bendiciones sin que nuestra confianza en Él se afecte? Una vez que veamos a Dios en acción, nunca nos preocuparemos por lo que suceda, porque realmente estaremos confiados en nuestro Padre Celestial a quien el mundo no puede ver.

    13 min
  • El testimonio del Espíritu (22-10)

    "El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu", Romanos 8:16

    Cuando nos acercamos a Dios, corremos el peligro de ir con una actitud negociadora para hacer trueques con Él. Queremos el testimonio del Espíritu antes de haber obedecido lo que el Señor nos ordena. Entonces, nos preguntamos: "¿Por qué Dios no se me revela?" No puede. Él quiere hacerlo, pero no puede porque tú se lo estas impidiendo al no rendirte por completo a Él. Tan pronto lo hagas, Dios te dará el testimonio de sí mismo. Él no puede testificarte a ti, pero le da testimonio inmediato a su propia naturaleza cuando ella se encuentra en ti. Si tuvieras el testimonio antes que la realidad, todo terminaría en un estado emocional. Pero cuando actúas fundamentado en la redención y desistes de la impertinente costumbre de discutirle, Él de inmediato te da el testimonio. En cuanto renuncias a tus razonamientos y argumentos, Él da testimonio de lo que ha hecho y tú te asombras de cuán irrespetuoso fuiste al haberlo hecho esperar. Si tienes dudas en cuanto a que Dios te pueda liberar del pecado, permítele que lo haga o dile que no puede. No cites a esta o aquella persona, simplemente obedece a las palabras de Mateo 11:28: "Venid a mí". Ven si estás trabajado y cargado; y pide, si sabes que eres malo (ver Lucas 11:9-13).

    El Espíritu de Dios solo da testimonio de la redención de nuestro Señor. No le puede testificar a nuestra razón. Somos propensos a confundir el testimonio del Espíritu con la simplicidad que se origina en las decisiones de nuestro sentido común. Pero el Espíritu solo testifica de la obra de la redención y lo hace únicamente a su propia naturaleza, nunca a la razón. Si estamos tratando de que le dé testimonio a nuestra razón, no es de extrañar que estemos en oscuridad e incertidumbre. Échalo todo por la borda, confía en Él y Él te dará el testimonio del Espíritu.

    15 min
  • Dirigidos por el impulso (21-10)

    "Pues, vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe", Judas 20

    En nuestro Señor no hubo nada de la naturaleza impulsiva o irreflexiva, solo una tranquila fortaleza que nunca se hundió en el pánico. La mayoría de nosotros desarrollamos el cristianismo según la línea de nuestra propia naturaleza y no según la naturaleza de Dios. La impulsividad es un rasgo de la vida natural, pero debido a que obstaculiza el desarrollo de la vida del discípulo, el Señor siempre la pasó por alto. Observa cómo el Espíritu de Dios refrena la impulsividad al concientizarnos repentinamente de nuestra insensatez, lo cual hace que de inmediato deseemos justificarnos. La impulsividad no está mal en un niño, pero es desastrosa en un adulto, hombre o mujer. Un adulto impulsivo siempre es una persona inmadura. La impulsividad tiene que ser encaminada hacia la intuición mediante la disciplina.

    El discipulado se basa completamente en la gracia sobrenatural de Dios. Andar sobre las aguas es fácil para alguien que tiene una audacia impulsiva, pero caminar sobre la tierra como un discípulo de Jesucristo es algo muy diferente. Pedro caminó sobre el agua para ir hasta Jesús, pero lo siguió de lejos sobre la tierra (ver Marcos 14:54). No necesitamos la gracia de Dios para soportar las crisis. La naturaleza humana y el orgullo son suficientes para enfrentar magníficamente la presión y la tensión. Pero se requiere la gracia sobrenatural de Dios para vivir las 24 horas de cada día como un santo, para efectuar las tareas ordinarias y monótonas y para vivir una existencia sencilla, anónima e ignorada como discípulo de Jesús. La idea de que debemos realizar obras excepcionales para Dios es innata, pero no tenemos que hacerlas. Debemos ser excepcionales en las actividades sencillas de la vida y santos en medio de las calles sórdidas y la gente mezquina. Sin embargo, esto no se aprende en cinco minutos.

    13 min
  • ¿Es la voluntad de Dios mi voluntad? (20-10)

    "La voluntad de Dios es vuestra santificación", 1 Tesalonicenses 4:3

    El problema no es si Dios está dispuesto a santificarme, sino más bien si es mi voluntad. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios haga en mí todo lo que es posible por medio de la expiación de Cristo en la cruz? ¿Estoy dispuesto a que Jesús se haga para mí santificación y a dejar que su vida se manifieste en mi carne humana? (Ver 1 Corintios 1:30). Cuídate de decir: "Oh, anhelo ser santificado". No, no lo deseas realmente. Deja de anhelarlo y conviértelo en un asunto de acción. Recibe a Jesucristo con una fe absoluta e incuestionable para que Él se convierta en tu santificación y el gran milagro de su expiación será real en tu vida.

    Todo lo que Jesús hizo posible se ha vuelto mío por el regalo libre y amoroso de Dios que se fundamenta en lo que Él hizo. Y, entonces, mi actitud al ser una persona salva y santificada es de profunda y humilde santidad (no existe la santidad altiva); una santidad basada en un agónico arrepentimiento, en un sentido de inexpresable vergüenza y degradación y, también, en la asombrosa comprensión de que el amor de Dios se manifestó, aunque Él no me importaba en lo absoluto (ver Romanos 5:8). Él acabó toda la obra para que yo obtuviera mi salvación y santificación. No debemos asombrarnos, entonces, de que Pablo dijera que nada nos podrá "separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro", Romanos 8:39.

    La santificación me hace uno con Jesucristo y, en Él, uno con Dios. Esto es una realidad únicamente por la grandiosa expiación de Cristo. Nunca confundas la causa con el efecto. El efecto en mí es obediencia, servicio y oración, los cuales son resultado de la inexpresable gratitud y adoración por la milagrosa santificación que se operó en mí gracias a la expiación de Cristo.

    13 min
  • El secreto que se ha pasado por alto (19-10)

    "Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo", Juan 18:36

    El gran enemigo del Señor Jesucristo en la actualidad es el concepto del trabajo práctico que no se basa en el Nuevo Testamento, sino en los sistemas del mundo. En ellos se enfatizan la energía y las innumerables actividades, pero sin una vida privada con Dios. Se hace énfasis en los elementos equivocados. Jesús dijo: "El reino de Dios no vendrá con advertencia... porque el reino de Dios esta entre vosotros, oculto", Lucas 17:20-21. Un obrero cristiano activo muchas veces vive para que los demás lo vean, aunque el área más recóndita y personal es la que revela el poder de la vida de una persona.

    Debemos deshacernos de la plaga espiritual de esta época religiosa en la que vivimos. En la vida de nuestro Señor no hubo nada de la presión, el afán, la enorme actividad que actualmente estimamos tanto y un discípulo debe ser como su Maestro. El aspecto central del reino de Jesucristo es la relación personal con Él, no la utilidad pública para otros.

    Las actividades prácticas no son la fortaleza de este seminario de preparación bíblica. Toda su fuerza descansa en que aquí ustedes se sumergen en las verdades de Dios para que se empapen de ellas delante de Él. No tienen la menor idea sobre cómo el Señor dispondrá sus circunstancias futuras, ningún conocimiento de las presiones y tensiones a las cuales se someterán en este país o en el extranjero. Y si pierden su tiempo en demasiadas actividades, en lugar de sumergirse en las grandes verdades fundamentales de la redención divina, serán quebrantados cuando lleguen la tensión y la presión. Pero si este tiempo de saturación ante Dios se emplea para fundamentarse y profundizar en Él, aunque parezca impráctico, permanecerán fieles a Él pase lo que pase.

    12 min

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"En Pos de lo Supremo" es una colección de anotaciones y mensajes de Oswald Chambers que ha inspirado a millones de personas a conocer más a Cristo y disfrutar de la vida abundante que nos ofrece.