El camino al cielo está plagado de conocedores, expertos y hasta teólogos que saben todo lo necesario para ser salvos, pero no lo son, por el simple hecho de que no actúan y no viven en consecuencia de lo que saben.
“Afirmó su rostro”. Es la forma retórica en que el evangelista Lucas nos describe a Jesús y su entereza para afrontar lo que estaba por venir a su vida.
Cuando te sabes indigno, pecador, miserable; y sin embargo también te sabes amado, querido, valorado, no hay otra respuesta o actitud que no sea la total entrega del ser a quien así nos ha recibido y abrazado.
Si Jesús pudo ejercer su agotadora agenda sin perder el rumbo, es porque oraba.
Oraba solo, él y su Padre. Oraba todos los días. Oraba en adoración. Oraba pidiendo ayuda. Oraba para descansar. Oraba para humillarse. Oraba para recibir fortaleza.
Que convencidos de nuestra necesidad de él, de su perdón, de su gracia, le entreguemos nuestra voluntad, renunciemos a nuestros deseos y le preguntemos con absoluta disposición a obedecer: ¿qué haremos? Señor.
No era algo común en aquel tiempo. Incluso todos aquellos años la voz de Dios había dejado de escucharse en la nación; y sin embargo ahí está, siempre vigente, siempre presente.
El Espíritu ni en aquellos años de silencio divino dejó de interactuar individualmente con los hombres.
6 min
About En su reposo, con el pastor Isaí Rodríguez Ruiz
From the publisher's feed
Una reflexión bíblica que cada día nos lleve a tener un encuentro con Dios y disfrutar de la seguridad y reposo que nos da su presencia.