El Dios de toda gracia infunda su santidad en nosotros; y el celo por el Santo y Eterno nos lleve a una vida de consagración para él, evitando dar entrada a esta doctrina en nuestros corazones.
Balaam conocía la voz de Dios y sabía declararla, pero no quería vivirla. Una poderosa lección de que no basta con oír la voz de Dios y declararla, hay que aceptarla y vivirla.
Sin importar los intereses personales, de reyes o naciones, la palabra de Dios ha de cumplirse al pie de la letra y no hay poder en el mundo que pueda evitarlo.
Que creamos por fe sus promesas, que abramos nuestros ojos a la verdad de su Palabra, que confirmemos su presencia y poderío; y que, inspirados así, vayamos y hagamos su voluntad en nuestras vidas.
La queja constante trajo sobre esa generación muchas desgracias; y de manera indirecta, afectó a la siguiente generación al no tener la oportunidad de entrar a la tierra prometida antes.
La inmundicia representa la facilidad con la que el pecado puede apartarnos de Dios, y cómo en cualquier contexto corremos el riesgo de volvernos inmundos.